domingo, 5 de octubre de 2025

MSI: ¿tanque pensante o un engendro seudocientífico de Rubio?


La institución ha sido diseñada para otorgarle un ropaje académico a la política agresiva que despliega el secretario de Estado, Marco Rubio, contra países que adversan a EE. UU. 

 Ni siquiera en Miami, donde supuestamente opera, conocen mucho del Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami (MSI), su nombre completo.
 Recientemente, el canal multinacional Telesur dio a conocer su existencia, presentándolo como un tanque pensante o think tank, como se dice en inglés. Lo cierto es que la institución ha sido diseñada para otorgarle un ropaje académico a la política agresiva que despliega el secretario de Estado, Marco Rubio, contra los países al sur del Río Bravo, con énfasis en Venezuela y Cuba, y allende los mares, la República Popular China o Rusia. 
 En el sistema político estadounidense es muy común la operatoria de los tanques pensantes. Se calcula que hay por lo menos 1 500, entre los que destacan los «especializados» en temas geopolíticos, de inteligencia o militares, razón por la que, la mayoría, tiene su sede en la capital federal. 
 Las estructuras del poder en ee. uu., incluido el Gobierno federal, recurren o se sirven de los estudios de los think tank, presentados como más serios, a veces apartidarios, y algunos presumen de mostrar la «verdad revelada», solo por detentar esa carrocería neutral y académica. 
 En el caso que nos ocupa, podría pensarse que el MSI es un think tank más, o de poca monta; ni siquiera está en Washington, por ejemplo. Sin embargo, su peligrosidad, al menos por ahora, se deriva de que es un «invento» del secretario de Estado, Marco Rubio, para mostrar el lado supuestamente no partidario ni politizado de su cruzada contra los países mencionados.
 Y claro, Rubio tiene suficiente poder para encumbrar al MSI, estableciendo una suerte de relación mutuamente ventajosa, como se aprecia fácilmente. Algunos aspectos del MSI conducen a asociarlo directamente con el jefe de turno de la Cancillería estadounidense. Se presentó en público este mismo año; digamos que fue formalmente fundado cuando Rubio ya estaba en el Departamento de Estado.
 Podría decirse que, una vez en su altísimo cargo, el flamante secretario para el exterior le dio la luz verde al MSI, sin que importara demasiado el cuándo fue concebida la idea. 
 Pero son los temas que tratan en el MSI los que mejor exponen su simbiosis con Rubio: narcotráfico, la influencia –amenaza le llaman– de China y Rusia en la región, el terrorismo –desde luego, no el que ee. uu. promueve y practica contra Cuba desde 1959–, y obvio, el de mayor interés de Trump: la inmigración. 
 Como se ve, no hay nada más parecido a este glosario temático que la agenda personal del secretario Rubio. 
 Para muestra un botón. El MSI realizó, recientemente, una «oportuna» publicación de un informe que sostiene que Venezuela estaría «muy vulnerable» ante una intervención militar estadounidense, previendo una expedita caída del «régimen» chavista. Este pronóstico –¿coincidentemente?– respalda el siniestro objetivo del canciller Rubio, no importa cómo lo vende.
 El Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami está integrado por algunas figuras y expertos del «mundo académico»; por caso, el que aparece formalmente como fundador y director ejecutivo: el economista Rafael Marrero. 
 Participan, además, algunos que fueron militares, como el excomandante de marines, Jesús Romero –por cierto, íntimo amigo de Rubio–, o Alexis Torres, quien formó parte de la tristemente célebre 82 División, destinada a invadir allí donde los líderes estadounidenses necesitaran «restituir» el orden imperial. 
 Romero, el amigo del Secretario, presentó en mayo pasado un libro en el cual asegura, sin presentar ninguna evidencia, que Cuba está vinculada al tráfico de drogas, desde 1980. Habla de opacidad en la continuidad de ese vínculo, sin advertir que es esa, precisamente, una forma de admitir que no tiene ni una sola prueba, de que lo suyo es pura manipulación, ajena a cualquier investigación que se precie de científica. 
 Es fácil imaginar el revuelo artificial que se montó en Miami con este libro. De inmediato, organizaciones del clúster contrarrevolucionario local lo convirtieron en best seller, según trascendidos en ese microuniverso. 
 Más allá de su alcance, resulta una alerta, pues devela claramente que ahora, otra vez, se intentan reflotar viejas calumnias anticubanas asociadas al narcotráfico y que, en perspectiva, Rubio está trabajando por «el capítulo cubano», en esta falsa guerra contra el flagelo de los estupefacientes.
 El MSI está dotado de su propia estructura editorial, la Bravo Zulu Publishers, dirigida por Lina Marrero, la esposa de Rafael Marrero. Tiene una salida comunicacional mediante la revista Overwatch, y también lo que denominan segmento mediático El misil de la verdad. 
 Este andamiaje, en particular el Bravo Zulu Publishers, presumiblemente sirve de mampara ante el fisco estadounidense, a fin de justificar o encubrir los orígenes de los fondos financieros que utiliza el MSI. 
 Como no podía ser de otra manera, el MSI mantiene alianzas con medios del sur de la Florida, cuyo público meta es el de habla hispana, como Diario Las Américas, que tienen una línea editorial francamente agresiva y sistemática contra Cuba y Venezuela, así como contra cualquier cosa cercana al progresismo en la región, sea México, el Presidente colombiano, o Brasil. 
 De tal modo, el MSI cumple las generales de la ley. Rubio les orienta sobre qué «investigar», ellos lo empapelan con lenguaje seudocientífico, presuntamente irrebatible, y con el paquete finamente terminado, intentan convencer al presidente Trump, o peor, a la opinión pública local e internacional; no importa lo peligroso o repudiable que sea la propuesta, como esta misma de la inminencia de un zarpazo bélico contra Venezuela. 
 Como Poncio Pilatos, el célebre personaje bíblico, Rubio se lava las manos, convirtiendo un asunto estrictamente político, ideológico y de torcido interés personal, en algo que aspira a ser fruto de investigaciones bien fundamentadas.
 A propósito de Venezuela, mezclan el asunto migratorio con el narcotráfico y con cualquier otro mal, de los tantos que agobian a la sociedad estadounidense; pero esto es inherente al relato de la ultraderecha nacional, y del propio Trump en particular. Por el entorno en que el MSI se mueve, es decir, Miami, es evidente que procura generar estados de opinión que favorezcan las ambiciones políticas de Rubio. No es descartable, incluso, que el día de mañana, el MSI esté en primera línea de asistencia si este sujeto desencadena alguna dinámica aspiracionista a la Presidencia del país. Otros potenciales interesados, como el vicepresidente Vance, deberían prestar un poco de atención al susodicho Instituto. 
 En cuanto a Cuba, aunque es un tema que merece su propia exposición, bien sabido es el empeño con que la Revolución Cubana, sus autoridades, se enfrentan al narcotráfico; no por contentar a ee. uu., sino por lo dañino que es para la sociedad. Aunque aquí sabemos bien que es este, precisamente, uno de los más viejos pretextos que ha buscado el enemigo para agredir a la Mayor de las Antillas. 
 Vienen al caso las opiniones emitidas recientemente por el vicecanciller cubano, Carlos Fernández de Cossío, quien calificó de «activistas políticos» a «investigadores neutrales», como el tal Romero, el amigo de Rubio.
 Añadió que este tipo de acusaciones «responden al propósito macabro de usar y abusar de la mentira, con el fin de fabricar pretextos para acciones agresivas contra Cuba». 
 Algo está pasando en el imperio y hasta generan suspicacia la impericia y lo predecible que resulta su comportamiento, tal como lo demuestra la existencia y los propósitos del MSI; pero la denuncia oportuna y viril es insustituible, con independencia de la mediocridad de un enemigo que sigue siendo muy peligroso y despiadado. 
 A los expertos del MSI, cuando redacten sus valoraciones, conviene recordarles lo que escribió José Martí, como si fuera para hoy, en el contexto del despliegue aeronaval enviado por Rubio: «No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados». 


Francisco Delgado Rodríguez | internet@granma.cu 
 2 de octubre de 2025 23:10:45

La libertad de una fugitiva: El exilio de Assata Shakur en Cuba


Joanne Deborah Byron (Assata Shakur). 

 La noticia de la muerte de Assata Shakur en La Habana, Cuba, el 26 de septiembre, fue recibida con un profundo sentimiento de pérdida compartida entre revolucionarios y activistas de todo el mundo. Poco después, en una reunión de solidaridad en Nueva York, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo simplemente: «Cumplimos con nuestro deber». Esta humilde declaración resumía cuatro décadas de compromiso inquebrantable por parte del Estado cubano para proteger a una de las revolucionarias más buscadas de Estados Unidos y permitirle vivir su vida como una mujer libre. La postura firme de Cuba, a pesar de la inmensa presión y las amenazas, pone de relieve una verdad fundamental: los principios de una nación no solo se revelan en sus palabras, sino también en las personas que decide proteger.

 Una vida de lucha y despertar político 

Nacida como JoAnne Chesimard el 16 de julio de 1947 en la ciudad de Nueva York, la vida de Assata reflejó la turbulenta realidad de ser una mujer negra en los Estados Unidos. Alcanzó la mayoría de edad durante el apogeo de los movimientos por los derechos civiles, el poder negro y contra la guerra, un período que moldeó profundamente su conciencia política y la de innumerables jóvenes de todo el país. Inicialmente asistió al Borough of Manhattan Community College y luego se trasladó al City College of New York, donde se convirtió en una poderosa voz del activismo estudiantil y en una organizadora clave. Su trayectoria la llevó a unirse al Partido Pantera Negra (BPP) en Harlem, una organización que, en poco tiempo, dejaría una huella indeleble en la lucha por la liberación negra. Aunque los medios de comunicación convencionales solían presentar al BPP como una banda violenta, Assata y otros lo conocían como una organización vital arraigada en la comunidad que ofrecía programas de desayunos gratuitos para niños, clínicas de salud, defendía la autodefensa contra la brutalidad policial y movilizaba a la comunidad negra en la lucha política. 
Assata y muchos otros miembros de la rama neoyorquina del BPP se unirían más tarde al Ejército de Liberación Negra (BLA). Esta organización clandestina surgió de un ala militante del movimiento. Abogaba por la lucha armada contra el opresivo gobierno estadounidense, considerándola una forma legítima de enfrentarse a las infraestructuras de la supremacía blanca y el racismo en el núcleo de la sociedad estadounidense y lograr la libertad para los negros. Este cambio fue también una respuesta directa a la brutal represión que sufrió el Partido Pantera Negra por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que trató de desmantelar y destruir las organizaciones negras y de izquierda. Innumerables líderes del Partido Pantera Negra, como Fred Hampton, fueron asesinados, mientras que muchos otros fueron incriminados, arrestados por cargos falsos y mantenidos como presos políticos durante décadas. 
 La represión del Movimiento de Liberación Negra por parte del Gobierno de los Estados Unidos no se limitó a detenciones y juicios públicos. Una campaña mucho más insidiosa, el Programa de Contrainteligencia del FBI (COINTELPRO), operaba en la sombra, desconocida para el público y de los activistas a los que se dirigía. Desde mediados de la década de 1950 hasta principios de la de 1970, el COINTELPRO fue un esfuerzo sistemático por «exponer, desorganizar, desviar, desacreditar o neutralizar» a las organizaciones políticas consideradas una amenaza para la seguridad nacional, con el Partido Pantera Negra (BPP) y otros grupos revolucionarios negros como objetivos principales. 
 El FBI, bajo la dirección de J. Edgar Hoover, consideraba estos movimientos como una grave amenaza interna. El programa utilizaba una amplia gama de tácticas, desde la guerra psicológica hasta la violencia descarada. Los agentes enviaban cartas anónimas para fomentar la desconfianza y la rivalidad entre los líderes y las organizaciones negras, lo que a menudo provocaba divisiones internas y, en ocasiones, violencia. El FBI también utilizó informantes para infiltrarse en los grupos, difundir desinformación y provocar enfrentamientos con las fuerzas del orden. El objetivo era desmantelar estos movimientos desde dentro, sin tener que reconocer nunca el papel del Gobierno. 
 La existencia del COINTELPRO se mantuvo en secreto hasta el 8 de marzo de 1971, cuando un grupo de activistas que se autodenominaban Comisión Ciudadana para Investigar al FBI irrumpió en una pequeña oficina local del FBI en Media, Pensilvania. Robaron cientos de documentos y, tras revisarlos cuidadosamente, los entregaron a las agencias de noticias. Estos documentos proporcionaban pruebas irrefutables de las actividades ilegales del FBI contra grupos políticos nacionales. La revelación provocó la indignación pública, audiencias en el Senado dirigidas por Frank Church y una mayor comprensión de hasta dónde estaba dispuesto a llegar el Gobierno para reprimir la disidencia. 

 El juicio injusto y la audaz fuga

 El 2 de mayo de 1973, Assata fue detenida en la autopista de Nueva Jersey junto con otros dos miembros del BLA. Se produjo un tiroteo que causó la muerte de un agente de la policía estatal de Nueva Jersey y de uno de sus compañeros, Zayd Malik Shakur. La propia Assata resultó gravemente herida por un disparo. Lo que siguió fue un juicio muy publicitado que fue ampliamente condenado como una caza de brujas política. Assata fue acusada de asesinato, a pesar de haber recibido un disparo por la espalda y tener las manos en alto. Las pruebas contra ella eran endebles y circunstanciales, y los expertos forenses testificaron que sus heridas hacían físicamente imposible que hubiera disparado un arma.
 A pesar de la falta de pruebas creíbles, fue condenada en 1977. En un sistema diseñado para aplastar la disidencia y criminalizar a los negros, su condena era un hecho consumado. 
 «Soy una esclava fugitiva del siglo XX», dijo en una famosa frase. «Porque el sistema legal de los Estados Unidos es cruel, racista e injusto. Y no tenía ninguna esperanza de obtener un juicio justo». 
 Tras dos años en prisión, el 2 de noviembre de 1979, protagonizó su legendaria fuga con la ayuda de otros miembros del BLA. Este acto de liberación no solo fue para ella, sino que se convirtió en un poderoso símbolo para el movimiento. 

 El refugio cubano y la hipocresía estadounidense 

Tras su audaz fuga, Assata Shakur llegó a Cuba, donde se le concedió asilo político en 1984. Para el Gobierno estadounidense, esto supuso una afrenta directa. La presión sobre la Cuba para que la devolviera comenzó casi de inmediato y nunca cesó. La campaña en su contra no era solo la persecución de una fugitiva, sino un intento de convertir a una revolucionaria prominente en un ejemplo y castigar a Cuba por su solidaridad con ella. 
 El Gobierno estadounidense intentó en repetidas ocasiones criminalizar la decisión de Cuba de concederle asilo calificando al país de «Estado patrocinador del terrorismo». La recompensa por la cabeza de Assata era un recordatorio constante de esta campaña. En 2005, la recompensa se fijó en un millón de dólares, una medida que coincidió con un periodo de mayor hostilidad y nuevas amenazas de la Administración Bush contra Cuba. En 2013, el FBI, bajo la administración Obama, la incluyó en su lista de terroristas más buscados, una clasificación que normalmente se reserva a los líderes de Al Qaeda y del ISIS, y aumentó la recompensa a 2 millones de dólares. Esta medida sin precedentes tenía por objeto demonizarla y justificar cualquier acción emprendida contra ella, incluidos los intentos de capturarla «viva o muerta». El uso de vallas publicitarias, especialmente en Nueva Jersey, fue una campaña de relaciones públicas diseñada para movilizar a la opinión pública en su contra y en contra de Cuba.
 Los funcionarios cubanos defendieron su decisión de manera constante y enérgica. Fidel Castro la calificó de «verdadera presa política» que era «víctima de la feroz represión contra el movimiento negro». En su opinión, el intento de Estados Unidos de presentarla como una terrorista era «una injusticia, una brutalidad, una mentira infame». En una muestra de desafío continuo, otros funcionarios y ciudadanos de a pie en Cuba se han hecho eco de este sentimiento, considerándola una invitada de honor y una hermana en la lucha. Para Cuba, conceder asilo a Assata no era solo una cuestión política, sino una cuestión de principios, una prueba de sus convicciones antiimperialistas y antirracistas. 

 Los terroristas de al lado: Luis Posada Carriles y Orlando Bosch 

La obsesión del Gobierno estadounidense con Assata Shakur se pone de manifiesto cuando se compara con el trato que ha dado a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, dos de los terroristas anticubanos más notorios. Ambos eran exiliados cubanos que recibieron financiación y entrenamiento abiertos de la CIA para llevar a cabo una campaña de violencia contra la Revolución Cubana. 
 Su acto más infame fue el atentado contra el vuelo 455 de Cubana en octubre de 1976. El avión civil explotó en pleno vuelo poco después de despegar de Barbados con destino a Jamaica, matando a las 73 personas a bordo, entre ellas todo el equipo nacional cubano de esgrima. Tanto Posada Carriles como Bosch fueron arrestados en Venezuela por el crimen. Sin embargo, finalmente fueron puestos en libertad y ambos regresaron a Estados Unidos. 
 Posada Carriles, un antiguo agente de la CIA entrenado en sabotaje, explosivos y guerra de guerrillas, estuvo directamente implicado en el atentado con bomba y otros ataques terroristas en toda América Latina. A pesar de las abrumadoras pruebas y de sus propias confesiones en una entrevista concedida al New York Times en 1998, el Gobierno de Estados Unidos se negó a extraditarlo a Cuba o Venezuela. En 2005, fue detenido en Estados Unidos por entrada ilegal, pero posteriormente fue puesto en libertad por un tecnicismo.
 De manera similar, Orlando Bosch, quien fue arrestado y encarcelado brevemente en los Estados Unidos por un ataque con bazuca contra un carguero polaco en Miami, pudo regresar posteriormente a los Estados Unidos tras una campaña concertada de presión por parte de destacados políticos cubanoamericanos. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos lo describió oficialmente como terrorista, pero fue indultado por el presidente George H. W. Bush. 
 El trato contrastante que recibieron Assata Shakur y estos dos terroristas dice mucho sobre las verdaderas prioridades del gobierno estadounidense. Mientras persiguió a una revolucionaria negra durante décadas, brindó refugio a hombres que cometieron asesinatos en masa contra civiles cubanos. Esta profunda hipocresía pone de manifiesto un claro doble rasero: la disidencia en el país se tilda de terrorismo, mientras que la violencia contra un supuesto enemigo en el extranjero se considera un acto político justificable. Esto subraya la naturaleza política de la persecución de Assata y el doble rasero del sistema judicial estadounidense. Consolida su lugar como símbolo de la resistencia contra un sistema profundamente defectuoso e injusto. Mientras tanto, hasta el día de hoy, Cuba sigue figurando en la lista de países patrocinadores del terrorismo. 

 Un faro para las generaciones futuras 

La huida y el exilio de Assata Shakur no fueron solo un escape físico de un sistema injusto y violento, sino un acto político e ideológico. Su inquebrantable fe en un futuro socialista, un mundo libre de las fuerzas explotadoras del capitalismo, el imperialismo y el racismo, fue lo que la convirtió en una profunda amenaza para el establishment estadounidense. Su visión buscaba una reestructuración fundamental de la sociedad, una visión que desafiaba directamente los cimientos mismos del poder estadounidense. Por eso su presencia en la Cuba socialista no fue casual, sino un acto de solidaridad profundamente simbólico. Para millones de jóvenes que han descubierto su historia, ya sea a través de su impactante autobiografía o de un simple cartel que proclama «Assata es bienvenida aquí», ella es más que una figura histórica. Es un testimonio vivo de la posibilidad de la resistencia. Ella encarnó el valor no solo de pensar en el cambio, sino de luchar por un mundo completamente nuevo. Sus palabras, «No creo que se pueda ser revolucionario sin tener una visión socialista», sirven de guía y afirman que la lucha por la liberación de los negros está indisolublemente ligada a la lucha internacionalista por un mundo sin bloqueos, sanciones, genocidios e imperialismo estadounidense. Su legado es un poderoso recordatorio de que la verdadera libertad requiere que desmantelemos lo viejo y construyamos algo nuevo, juntos. 

 Manolo de los Santos
 30 de setiembre 2025

sábado, 4 de octubre de 2025

El secuestro de la Flotilla Global Sumud


El barco de la Marina israelí que detuvo a alrededor de 400 activistas de la Flotilla Global Sumud, que se dirigía a Gaza, llegó este jueves al puerto israelí de Ashdod. 
 Todos los integrantes de la misión fueron detenidos en aguas internacionales por navíos militares israelíes que, en abierta violación de las leyes internacionales, asaltaron las lanchitas después de bloquear toda la comunicación y rociarlas con agua contaminada.
 La flotilla buscaba romper el bloqueo israelí de Gaza, que ya lleva 18 años y desde octubre de 2023 adquirió una intensidad homicida. 
 Desde Ashdod, los detenidos están siendo enviados a la prisión de Ketziot -en el desierto del Néguev, cerca de la ciudad de Beer Sheva- y posteriormente serán deportados a sus respectivos países. Según explicó Omer Shatz, experto israelí en derecho internacional en Sciences Po, de París, Ketziot es “una cárcel de máxima seguridad en el sur de Israel que normalmente alberga a prisioneros de alto riesgo, no a migrantes o activistas”. Shatz recordó que la prisión es conocida por sus condiciones particularmente duras. 
 Quienes rechacen la expulsión (que conlleva además una prohibición de entrada al país) quedarán en manos de personal del Ministerio del Interior, que lidera el ultraderechista Itamar Ben Gvir. Según el canal 12 de la televisión nacional, se conformará un tribunal especial en la propia prisión. El Ministerio de Exteriores informó que, del casi medio centenar de embarcaciones que conformaba la iniciativa, ninguna “ha logrado su intento de entrar en una zona de combate activo o vulnerar el bloqueo naval”. Llamar a la costa palestina “zona de combate activo” es una patraña: la resistencia palestina carece de navíos y los únicos oponentes de los genocidas han sido hombres, y más de frecuentemente niños que, muertos de hambre, se echan al mar a tratar de pescar o capturar algunas de las cajas de alimentos que algunos países arrojaban desde aviones. Los palestinos tienen prohibido bajar a la playa y entrar al mar, así que la respuesta israelí generalmente está a cargo de francotiradores. 
 Los organizadores dijeron que un solo barco -de los más de 40- pudo continuar navegando, pero se detuvo cerca de la costa gazatí este jueves por la mañana antes de que se perdiera el contacto. La Flotilla Global Sumud denunció en un comunicado que la intercepción en aguas internacionales constituye un crimen de guerra, acusó a Israel de practicar “secuestros” y “detenciones ilegales”. “Cada acto de represión contra nuestra flotilla y cada intento de silenciar la solidaridad no hace más que reforzar nuestra determinación”, subrayaron. 
 El equipo legal de las minorías árabes en Israel (Adalah), que se ocupará de la defensa de los detenidos, denunció que recién a última hora le permitieron entrar al puerto, cuando la agencia de migración ya había comenzado audiencias para la deportación y órdenes de detención de los activistas, sin que recibiesen asistencia jurídica ni lo supiesen sus abogados. 
 Israel había catalogado el objetivo de llevar ayuda a Gaza como una provocación y aseguró que la flotilla estaba financiada por Hamas, una mentira estúpida. Después, el Ministerio de Seguridad dijo estar dispuesto a distribuir la ayuda que llevaban. Mohammed al-Hindi, dirigente de la Yihad Islámica Palestina, en una entrevista con Al Jazeera negó que la expedición estuviera financiada y afirmó que la promesa de Israel de desviar la ayuda a través de Ashdod era falsa, señalando que miles de camiones de ayuda siguen bloqueados en Rafah mientras la población de Gaza se enfrenta a una hambruna masiva.
 Inmediatamente que trascendió el asalto a las naves, en ciudades como Bruselas, Estambul, Atenas, Nueva York y Buenos Aires hubo manifestaciones de apoyo a los activistas, algunas espontáneas, y se anunciaron más protestas para los próximos días. 

Olga Cristóbal
 02/10/2025

De Moscú a La Habana | Romper el monopolio de Occidente: las propuestas de Rusia en la ONU


jueves, 2 de octubre de 2025

Perú: nuevas protestas contra la ´reforma previsional´ de la golpista Dina Boluarte


La juventud y los transportistas paralizaron Lima y otras importantes ciudades.

 Las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte se han recrudecido desde el pasado 20 y 21 de septiembre, cuando anunció una impopular reforma del sistema de pensiones (aumento de la edad de retiro y de las comisiones, apuntado a una completa privatización – actualmente es un sistema mixto).
 La juventud peruana -que ha sido el principal actor de lucha contra el golpe de 2022- realizó movilizaciones al Congreso secundadas por los transportistas de Lima. Las protestas se vienen repitiendo cada fin de semana. Llegaron a tomar un importante protagonismo el fin de semana pasado, con la ocupación de la plaza del Congreso. Allí tuvo un feroz enfrentamiento con la policía nacional, que arrojó un saldo de 74 heridos entre manifestantes, policías y periodistas. Diversas organizaciones de Derechos Humanos han denunciado la dureza de la represión policial y un accionar ilegal de su parte, como el uso indiscriminado de gas lacrimógeno, garrotazos y balas de goma. 
 En el interior del país, se replican las movilizaciones y piquetes de las comunidades indígenas que luchan contra las bandas criminales que monopolizan la minería ilegal, así como sus efectos devastadores sobre la naturaleza. En el último período, el alza del precio internacional del oro ha reforzado una lucha cada vez más intensa por monopolizar el negocio del oro y, especialmente, del cobre, del cual Perú es el mayor productor a nivel internacional. 
 Las manifestaciones se efectúan al margen de la burocracia de las organizaciones obreras tradicionales, como la CGTP, que agrupa a la enorme mayoría de los sindicatos del país. Los transportistas, estudiantes e indígenas han protagonizado diversos paros obrero-patronales a lo largo de 2024 y 2025. El rechazo a Boluarte es prácticamente unánime en la población – 98% desaprueba a su gobierno y el 95%, al Congreso en general. El reclamo por elecciones generales se ha reiterado como consigna desde el golpe de Estado contra Pedro Castillo. Incluso, sectores del movimiento estudiantil reclaman la convocatoria a una Asamblea Constituyente Soberana.
 Boluarte sigue en el poder es por su asociación internacional a la banda de fascistas trumpistas. La burguesía peruana, que acompañó sin divisiones el golpe de 2022, ahora busca una alternativa que le permita garantizar la gobernabilidad de Perú. Si esa vía es democrática o policiaco-militar, esto se ha convertido en un problema de segundo orden. Este debate en las altas esferas de la oligarquía limeña contrasta con la ausencia de un planteo propio de los trabajadores, a pesar de su intensa movilización callejera. La agitación por un gobierno obrero y campesino en el Perú sería un paso adelante y la recuperación de una larga tradición histórica del proletariado peruano. 

 Joaquín Antúnez
 30/09/2025

CON FILO | Septiembre aúlla todavía


miércoles, 1 de octubre de 2025

Trump y Netanyahu ´rediseñan´ Gaza


Los 20 puntos del acuerdo de paz unilateral decidido entre Trump y Netanyahu exigen una rendición incondicional y emplaza a Hamas a entregar en 72 horas los 48 rehenes. Todo lo demás carece de plazos, garantías y precisiones. El plan está plagado de ambigüedades y lagunas que dejan expedito el camino para que Israel permanezca en Gaza y retome cuando quiera su ataque genocida. 
 En los papeles, a cambio de los rehenes, Israel devolvería a 1.700 gazatíes detenidos desde el comienzo de la guerra y a 250 presos condenados a cadena perpetua. Una vez que se complete el intercambio, los integrantes de Hamás deberían entregar las armas y quienes lo deseen (sic) pueden abandonar la Franja, con garantías de seguridad en su trayecto hacia terceros países. 
 Una vez que se acepte el acuerdo, comenzaría el suministro completo y sin injerencias (sic)de ayuda humanitaria hacia la Franja y la reconstrucción de infraestructura básica. 
 Llevando la ocupación imperialista al paroxismo, Trump presidirá el organismo de transición –“la junta de paz”- que supervisará el órgano de gobierno palestino, conformado por tecnócratas, que gestionará Gaza por un lapso indefinido. 
 Durante el tiempo en que estén activas esas instituciones, se pondrá en marcha un “plan de desarrollo económico de Trump” para la reconstrucción. El ex primer ministro británico Tony Blair, otro interesado en los negociados inmobiliarios, también participaría. 
 Después, en otra etapa, los palestinos votarían por una autoridad de "transición" en la que los políticos y líderes de Hamás no podrían participar. 
 En ese plan unilateral, Netanyahu negoció con éxito que Israel mantuviera sus fuerzas en un perímetro de seguridad alrededor de Gaza y conservara la responsabilidad de la seguridad en toda la franja. 
 La propuesta -una rendición incondicional de Hamas y la resistencia palestina- “está obteniendo un amplio respaldo internacional. No solo de Occidente -incluidas Francia, Alemania, la Unión Europea y, en un tono menos entusiasta, España- sino también de potencias como Rusia y China y, de forma muy significativa, de los principales países árabes y musulmanes” (EP 30/9).
 Esa es la Santa Unión que aprieta el cuello del heroico pueblo palestino -y sus organizaciones- que, sitiado por hambre y por sed, bombardeado durante dos años sin tregua, desplazado y privado de todo, con millares de muertos y desaparecidos, resistió sin rendirse y con una homogeneidad extraordinaria la política de exterminio sionista solventada por las democracias occidentales y los jeques árabes. Lo único que consiguieron comprar los sionistas fue un jefe tribal lumpen, repudiado por los suyos. 
 Este martes, los traidores cancilleres de hasta ocho Estados musulmanes, entre ellos, Jordania, Paquistán, Indonesia, Turquía, Arabia Saudí, Egipto y Qatar – publicaron un comunicado avalando el plan de la Casa Blanca. Elogiaron la oferta de Trump porque, entienden, evitaría el desplazamiento del pueblo palestino de Gaza, promovería una paz integral entre israelíes y palestinos y evitaría la anexión de Cisjordania (sic). 
 Por el contrario, el director de la oficina de medios de Hamás en Gaza, Ismail al Thawabta, en un tuit, asimiló el plan de paz a “un intento de imponer” a los palestinos una “nueva tutela que legitime la ocupación israelí”.
 Hamas, junto con otros grupos palestinos, “estarían inclinados a aceptar” la propuesta, según informó el martes una fuente bien informada a CBS News. La debilidad de Hamás es tal que, infiere el Washington Post, que sin ni siquiera tener una respuesta de los palestinos, el carnicero de Tel Aviv empezó este martes a relativizar sus compromisos, en un vídeo difundido en los canales oficiales. 
 Según Netanyahu la liberación de todos los rehenes israelíes se lograría manteniendo las fuerzas israelíes en la mayor parte de Gaza. Quienes lo habían instado a retirar el ejército —y así permitir que Hamás se reconstruyera— estaban «completamente equivocados», afirmó: «De ninguna manera, eso no va a suceder». (EP 30/9) 
 También ratificó -música para los colonos fascistas que anidan en su gabinete- que “no aceptará” un Estado palestino, a pesar de la propuesta de Trump de establecer “una vía creíble hacia la autodeterminación y la creación de un Estado palestino”. 
 Netanyahu intenta convencer a sus aliados de la derecha, dice El País, que el alto el fuego instado por Trump “no sería tan férreo ni desfavorable como ellos temen”. Si se suma esto a “la renuencia de Hamás a desarmarse, puede dar lugar a un acuerdo frágil”, afirman funcionarios y analistas regionales.
 “Hay muchas zonas grises en el acuerdo y así es como lo quería Netanyahu”, afirmó Gayil Talshir, politólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Puede decirle a la derecha que nunca [se retirará por completo], y puede demostrar que es Hamás quien se niega y que él puede continuar la guerra”.
 Los altos cargos de Hamás no han hecho comentarios sobre el plan propuesto, pero algunos líderes palestinos lo han criticado por ser impreciso en cuanto a los compromisos de Israel con respecto a su retirada de Gaza o la formación de un Estado palestino. La Autoridad Palestina quedó excluida del plan de paz: Trump “fue fuertemente influenciada por Israel”. Esto no impidió que su vicepresidente, Hussein al-Sheikh, elogiara los esfuerzos del yanky por alcanzar una «paz justa basada en una solución de dos Estados». 
 La versión obtenida por The Washington Post durante el fin de semana mostraba que la Autoridad Palestina con sede en Cisjordania acabaría gobernando Gaza. Netanyahu eliminó esa formulación. 
 “Por un lado, todo el mundo quiere que se ponga fin al genocidio y por eso la Autoridad Palestina y todos los países árabes se han alineado para apoyar el acuerdo”, dijo Diana Buttu, exnegociadora de paz palestina. “Pero, por otro lado, se trata de un paquete completo que otorga a Israel el control perpetuo de la Franja de Gaza y el veto israelí. ¿Qué va a garantizar que Israel se retire a cualquiera de esas líneas? ¿Quién les obligará a retirarse?», se preguntó. 
 En Israel, el líder de la oposición Yair Lapid también adhirió, pero le preocupaba que hubiera «lagunas» que pudieran aprovecharse para reanudar las hostilidades. «Netanyahu por lo general, dice “sí” en Washington, frente a las cámaras de la Casa Blanca, sintiéndose como un estadista innovador, y “pero” cuando regresa a casa y la “base” le recuerda quién manda».
 La “base”, los ministros colonos, pusieron el grito en el cielo, pero no tanto como para retirarse del gobierno, como amenazaron tantas veces. El poderoso fascista Bezalel Smotrich dijo que la tregua propuesta supondría una «oportunidad histórica perdida» y culpó a Netanyahu y al ejército israelí por no actuar más rápidamente para conquistar Gaza.
 «¿No hay otra opción y esto es lo máximo que se puede conseguir en este momento?», dijo Smotrich en una declaración el domingo. «Esto también acabará en lágrimas. Nuestros hijos se verán obligados a luchar de nuevo en Gaza». 
 Desde otro ángulo, el Financial Times evalúa que es difícil la desarticulación completa de Hamas y más difícil que Netanyahu “vaya a abandonar su guerra eterna. Así que predice que el escenario más probable “es que la guerra se prolongue y el colosal número de muertos aumente aún más” (FT 29/9). 
 Finalmente, es el aire de los tiempos. Mientras reclamaba el Nobel de la Paz, Trump y el jefe del Pentágono dirigían un conclave con cientos de jefes militares norteamericanos y los instaba a “prepararse para la guerra”: eliminando lo “políticamente correcto” del Pentágono, lo que ha resumido como “no más culto al cambio climático, no más división, distracción o delirios de género”. Un nuevo paso hacia la barbarie. 

 Olga Cristóbal 
 30/09/2025