jueves, 18 de noviembre de 2021

Preparativos de guerra en Europa del Este


En las vísperas del primer encuentro (virtual) entre Biden y Xi, el clima en Europa oriental se ha enrarecido. Hay en curso dos situaciones que están desencadenando escaladas militares paralelas. Por un lado, una crisis migratoria en la frontera entre Bielorusia y Polonia y por el otro una concentración de tropas de varios ejércitos tanto en la frontera entre Ucrania y Rusia como en el Mar Negro. 
 Bastó con que unos pocos miles de refugiados de países que han sido blanco de las guerras de la OTAN en el Medio Oriente se aglomeraran en las fronteras de un país miembro (Polonia) para que se desatara una crisis sin precedentes. El gobierno de Polonia, de orientación anti-inmigrante, aun sabiendo que el destino de los refugiados son otros países, ha resuelto no dejarlos pasar. La muchedumbre de refugiados (entre los que hay familias enteras con niños) se halla estancada en un descampado, imposibilitada de avanzar o retroceder por soldados polacos y bielorrusos, con los que ya se han dado varios choques (BBC, 10/11). Aprovechando las bajísimas temperaturas, los polacos han empleado camiones hidrantes. Hasta ahora ya han muerto más de diez refugiados y la situación, con las temperaturas descendiendo rápidamente, ya es desesperada. 
 No muy lejos, geográficamente, otro proceso de creciente concentración de tropas está causando preocupación. Durante las últimas semanas, Ucrania ha pasado a emplear nuevos drones para bombardear posiciones separatistas (UK Defence Journal, 28/10) mientras que buques de guerra norteamericanos han ingresado en el Mar Negro (Military.com, 2/11). Al mismo tiempo, Rusia está volviendo a concentrar alrededor de 100.000 soldados cerca de la frontera con Ucrania (CNN, 11/10), de manera similar a como ocurrió en abril de este año. En aquella oportunidad la situación se distendió con una llamada de Biden a Putin que finalmente llevó al levantamiento de sanciones sobre el gasoducto Nord Stream 2. A diferencia de aquella ocasión, en la que el movimiento de tropas se hizo a la luz del día y de la manera más llamativa posible, esta vez los rusos han utilizado métodos típicos para mantener el movimiento en relativo secreto. 
 Han sido los servicios de inteligencia occidentales los que han advertido a Kiev de la posibilidad de una escalada militar por parte de Rusia para este invierno (Financial Times, 14/11). Rusia insiste en que no tiene planes de invadir Ucrania (Associated Press, 12/11), pero de los países de la OTAN sólo han salido advertencias y amenazas acerca de esta posibilidad. El Reino Unido se ha comprometido a enviar 600 paracaidistas y fuerzas especiales en ayuda de Ucrania, que no obstante aún no se encuentra bajo la protección que otorga la membresía a la alianza (The Mirror, 13/11). Todo indica que la situación tarde o temprano será resuelta por la vía de los hechos. El desenlace catastrófico que se vislumbra sacudirá el mapa político Europeo y mundial, ya que pondrá a prueba la capacidad de los miembros de la OTAN de poder respaldar sus declaraciones con hechos. 

 Leib Erlej 
 18/11/2021

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Kast y Boric, y la encrucijada de ser el sucesor de Piñera


Este domingo 21 de noviembre se llevará a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Chile. Los principales candidatos que disputan La Moneda, la casa presidencial, son el ultraderechista José Kast y el frenteamplista Gabriel Boric. 

 Un fascista en la segunda vuelta

 Las encuestas colocan a Kast peleando muy estrechamente la presidencia contra Boric en la segunda vuelta. José Antonio Kast Rist es hijo de un oficial nazi refugiado en Chile e integrante de una familia colaboradora de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta de la dictadura de Pinochet. Comenzó su carrera política como militante del partido Unión Democrática Independiente (UDI) -partido derechista fundado por Jaime Guzmán, el ideólogo y redactor de la Constitución de Pinochet. Fue cuatro años concejal y catorce años diputado. Entre 2016 y 2018 se convirtió en independiente, y en 2019 fundó el Partido Republicano desde el cual se postula a presidente. 
 La propaganda presidencial de Kast se centra en "el órden", por un lado, "la mano dura" contra la delincuencia, por el otro, y el combate al "terrorismo mapuche" y la inmigración, por sobre todo. Es así que propone construir una zanja en la frontera del norte de Chile para impedir la llegada de migrantes; retirar a Chile de la ONU; derogar las leyes de unión civil entre parejas del mismo sexo; mantener la penalización contra el aborto; cerrar el Ministerio de la Mujer; y profundizar la militarización tanto contra el Wallmapu como contra las movilizaciones sociales. Kast representa principalmente al electorado pinochetista, conservador, ultra católico o evangelista. Un fascista sin aditamentos. 
 Ejerce una defensa irrestricta de las AFP - el sistema de capitalización individual - aunque con un "esquema subsidiario" por parte del Estado para aquellos que no tuvieran suficientes años de aporte. En cuanto a la Convención Constitucional, espera que "Chile cierre ese capítulo (...) para recuperar las certezas jurídicas". 

 Sichel: debut y despedida 

Kast no se presentó en el mes de julio en las primarias no obligatorias (ni para candidatos ni para electores), en las que el candidato Sebastián Sichel había ganado la interna entre la derecha. Sichel, aunque "independiente", obtuvo por esto rápidamente el apoyo de Chile Vamos, la coalición de Piñera. Pero el apoyo del oficialismo, así como el del electorado (encuestas), sufrió un revés cuando se revivió un viejo escándalo por el financiamiento irregular de su campaña a diputado en 2009. Chile Vamos deberá volver a discutir el apoyo a un candidato que está por fuera de su coalición, es decir por Kast.

 Boric y el Frente Amplio

 Gabriel Boric Font es el otro preferido de los electores. Líder de Convergencia Social, partido del Frente Amplio, es el candidato de la coalición Pacto Apruebo Dignidad que le ganó la interna al PC en la primarias no obligatorias. En estas elecciones abroquela a una parte de la ex Concertación, la coalición demócratacristiana-socialista que gobernó la mayor parte del período que siguió a la dictadura. Apruebo Dignidad es la segunda mayoría al interior de la Convención Constituyente después de la Lista del Pueblo. 
 Boric comenzó su carrera política como presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH); y aunque sus posiciones siempre fueron moderadas, supo capitalizar políticamente la lucha por la educación. Durante la rebelión de octubre firmó el Acuerdo por la Paz junto al oficialismo y la ex Concertación, lo que llevó a un quiebre del Frente Amplio. 
 Boric pasó de integrar el movimiento NO+AFP a proponer durante la campaña electoral un sistema previsional mixto, es decir, estatal y también privado, que funcionaría, igualmente, a través de cuentas individuales. Este sistema mixto no pareciera ser una opción satisfactoria ni para la población ni para los dueños de las AFP. Por una parte, los privados perderían aportistas ante el Estado y podrían ver reducidas sus comisiones; por otro lado, el sistema de capitalización es incompatible con jubilaciones dignas para quienes ganan salarios bajos. Los voceros de Boric han insinuado que la plata del fondo estatal podría usarse para bicicletear la asistencia social. La cuestión preivisional se encuentra en el centro de la crisis política. 
 Boric procura dar expresión a los movimientos pro-derechos, como el feminismo y los medioambientalistas, aunque también recoge a los desilusionados de la ex Concertación. Boric no representa a los sectores más radicalizados y activos de la rebelión como el movimiento de pobladores o el movimiento secundario, así como tampoco al movimiento mapuche.
 La semana pasada, a diez días de las elecciones, salió a la luz una antigua denuncia contra él por acoso sexual durante su periodo como presidente de la FECH. Boric cruza los dedos para no correr la misma suerte que Sichel con un escándalo de último momento. 

 El abstencionismo y la convención 

La clave de porqué un fascista puede llegar a La Moneda en un país en rebelión, está en el porcentaje y composición de los votantes que acuden a la urnas. Desde que se estableció en 2012 el voto voluntario, la tendencia a la abstención fue del 57% en los distintos comicios a nivel nacional [https://www.servel.cl/estadisticas-de-participacion], llegando a un 77% en la última primaria presidencial no obligatoria de julio de este año. 
 Según las encuestas oficiales, se estima que se abstendrá de votar, este domingo 21, el electorado adulto-joven y joven de los sectores populares, es decir, quienes protagonizaron las jornadas del 18 de octubre. Por su parte, la Convención (cuya mayoría, la Lista del Pueblo se encuentra fragmentada) debe trabajar a contrarreloj porque si al cabo de los 9 meses establecidos para redactar la nueva Constitución no cumple su cometido, será disuelta.
 El sucesor de Piñera, incluso si gana Boric, no va a representar los intereses de la mayoría del pueblo chileno. Tanto el fascista como el centroizquierdista quieren cerrar rápido el ciclo de rebelión popular, aunque con seguridad la atizarán todavía más.

 Javiera Sarraz 
 16/11/2021

Derrotado, el gobierno busca el respaldo del FMI y la derecha


Contra lo que sostiene el relato oficialista, la derrota del gobierno en las elecciones del domingo tiene un alcance igual o mayor al que había sufrido en las Paso de setiembre. En esta oportunidad no solo perdió por casi 10 puntos con la derecha macrista (41.89% contra 33%). Además, cayó en 14 de los 23 distritos y perdió la mayoría propia que detentaba en la Cámara de Senadores, algo que no sucede desde 1983. En su reducto de Santa Cruz, el kirchnerismo quedó relegado a un humillante tercer lugar. Que este revés haya sido definido como “triunfo” por el presidente de la Nación, y que haya convocado a festejarlo en las calles el próximo miércoles, solo prueba que el gobierno no solo perdió las elecciones; sino también el sentido del ridículo. 
 ¿Cómo se explica una celebración triunfalista en el marco de una derrota electoral? Bien mirado, este festejo tiene otro sentido político. Es el de haber evitado una caída incluso peor, en la cual Juntos por el Cambio se hiciera con la primera minoría en la Cámara de Diputados. En la previa a las elecciones, Vidal sostuvo que en ese caso irían por la presidencia de la Cámara. Macri, en el cierre, dijo que la elección abriría una transición política, siendo acusado de golpista por los voceros del oficialismo. El gobierno «habría conseguido» evitar este escenario con el triunfo en Chaco, de donde venía derrotado en las Paso; en Formosa, donde la oposición unificó fuerzas para ganar la elección; en Tierra del Fuego, y, fundamentalmente, achicando la diferencia en la provincia de Buenos Aires. 
 Pero el “aire” que el gobierno dice haber tomado es, en todo caso, de cortísimo plazo: ha pasado a depender de un pacto con la oposición para sostenerse. Y deberá abordar, luego de una derrota electoral y sumido en una crisis interna, un pacto con el Fondo Monetario en el marco de una corrida cambiaria y una situación social crítica. La catástrofe política que dicen haber evitado está a la vuelta de la esquina. El pacto no está asegurado, y en todo caso su viabilidad política dependerá de la capacidad de imponer medidas excepcionales contra las masas. 
 La derrota del oficialismo mostró el fracaso del “plan platita” anunciado luego de las Paso, así como también de los cambios operados en el gabinete nacional. En lo referente al primero, prácticamente no existió. Lejos de revertir el ajuste admitido hasta por la propia Cristina Kirchner, el mismo se profundizó. No hubo ni nuevo IFE ni bono para los jubilados, porque eso hubiera contradicho los intentos de Guzmán y Alberto Fernández de cerrar lo más rápido posible un acuerdo con el FMI. Lo que sí hubo, sin embargo, fue un salto inflacionario que siguió licuando los ingresos de los trabajadores. Por su lado, Manzur, que había sido designado como jefe de Gabinete con el propósito de revertir la derrota y relanzar al gobierno, retrocedió en Tucumán, donde el oficialismo triunfó por un margen ajustado. La doble derrota sufrida debiera alcanzar para eyectarlo del gabinete, en el que solo puede permanecer en tanto prime el inmovilismo del gobierno.
 Dentro del elenco oficialista la derrota afectó de un modo aún más severo al kirchnerismo que a las otras fracciones del peronismo. Sucede que los pocos cambios de tendencia que se operaron en su favor entre las Paso y las generales fueron de los sectores que lo tienen como adversario en la disputa por el control del gobierno. La reversión de los resultados en algunas provincias y municipios del conurbano bonaerense reforzará la tendencia de que una liga de gobernadores e intendentes ocupe la centralidad dentro del gobierno nacional. La propia movilización convocada para el miércoles próximo muestra que la burocracia sindical se inscribe en la misma perspectiva, así como también la mayoría de los llamados “movimientos sociales” cooptados por el Estado. 
 Una mirada más amplia de lo sucedido el domingo muestra que la derrota del gobierno es solo un capítulo de un proceso de alcance mayor, de declinación del peronismo en todo el país y especialmente en sus bastiones populares. Si se pone en números, la misma se expresa en que esta ha sido la peor elección del peronismo desde 1983 a la fecha, tanto en cifras absolutas como en provincias donde fue derrotado. En esta oportunidad tampoco se puede recurrir a la explicación clásica de las “divisiones internas” que permitían el triunfo de la derecha. El peronismo fue unido a las elecciones, y la derrota fue inapelable. 
 Antes que electoral, el retroceso histórico del peronismo es un proceso de larga data que encuentra su gestación en las barriadas obreras, en las fábricas y lugares de trabajo. Allí donde el puntero fue desplazado por la luchadora del movimiento piquetero, el peronismo sufre un golpe en su esencia misma, que es la de ofrecerle a la clase capitalista su capacidad de contención social. Otro tanto ocurre en los lugares de trabajo y en los sindicatos, donde el proceso aún no tiene el ritmo de las barriadas más pobres, pero sí la misma dirección. Este retroceso se evidencia en que en las provincias donde tiene su epicentro el proletariado industrial, la derrota del peronismo ha sido categórica, y en algunos casos adquiere ya un carácter estructural -como es el caso de Córdoba. 
 Si se quiere, la derrota adquiere una mayor dimensión cuando se analiza al ganador. Después de todo, no es lo mismo perder un partido de fútbol contra Brasil que hacerlo contra Bolivia o Venezuela. La comparación viene a cuento porque quienes triunfaron en la elección son la misma fuerza política que gobernó hasta hace dos años con Macri como presidente, agudizando la crisis de fondo y la decadencia de la Argentina. El electorado parece haber tomado nota de la situación. La coalición de Juntos por el Cambio perdió en relación con el 2019 casi 1.700.000 votos, de los cuales medio millón son de la provincia de Buenos Aires. Si así y todo resultó triunfadora fue porque el peronismo perdió mucho más: casi 6 millones de votos. En un cuadro de retroceso de las fuerzas políticas que han gobernado el país en las últimas décadas, resulta ganadora la coalición no que más avanza, sino la que menos retrocede.
 Así las cosas, la derrota del gobierno debe integrarse a una crisis que envuelve al conjunto del régimen político, de sus partidos e instituciones del Estado. El llamado de Alberto Fernández a la oposición a un acuerdo político para aprobar en el Congreso un plan económico que permita firmar un acuerdo con el FMI muestra que, más allá de las palabras de circunstancia, anida en el gobierno una compresión de la crisis de fondo que atraviesa la Argentina capitalista. Si los Larreta y Vidal afirman que “sin el peronismo no se puede”, parece que del lado del peronismo opinan igual: sin el macrismo no se puede. Que Cristina Kirchner no es ajena a estas tribulaciones lo prueba el discurso que pronunció hace días atrás en un acto de La Cámpora: allí también llamó a la unidad nacional con la oposición derechista.
 ¿Cuál es el temor de fondo que abarca a ambos bloques políticos? La conciencia plena que la salida capitalista a la crisis capitalista implica una ofensiva sobre la población laboriosa, que puede poner en jaque la gobernabilidad. Quien no quiera verlo tiene los procesos de América Latina para recordárselo. Sin embargo, la propia naturaleza capitalista de la crisis bloquea los acuerdos que todos de palabra quieren sellar. Y esto por un motivo sencillo: un pacto con el FMI plantea un rediseño económico que agudiza los choques entre los distintos intereses de sectores capitalistas. Por lo pronto, el superávit fiscal que reclaman el FMI y los acreedores internacionales para que sus bonos se revaloricen en el mercado choca con las aspiraciones de sectores capitalistas de que se reduzcan impuestos y retenciones. 
 Otro tanto sucede con el tipo de cambio: una devaluación beneficiará a sectores que producen bienes transables, pero reclamará un tarifazo y un naftazo aún mayor para mantener los beneficios de estas empresas en moneda dura. Una devaluación puede permitir licuar la deuda en pesos, incluida la deuda estatal; pero revaloriza la deuda en dólares y hace irremontable e imposible de pagar la deuda pública y privada, y podría llevarse puesto a un universo de empresas altamente endeudadas. Ni que hablar de que echa leña al fuego del aumento de los precios, y podría terminar provocando una disparada hiperinflacionaria. Las devaluaciones hechas en el pasado, incluidas las que realizó el propio kirchnerismo, fracasaron en permitir un repunte de la economía, y terminaron acelerando la desorganización y el descalabro económico. Con más razón, ahora hemos entrado en un escenario internacional de recesión con inflación, que constituye un salto de la crisis capitalista mundial. 
 Estos choques colocan un signo de interrogación sobre el destino que tendrá la convocatoria del gobierno a la oposición derechista. El triunfo de esta no ha despejado las diferencias internas, ni mucho menos la lucha despiadada por el liderazgo de cara a las elecciones presidenciales. En este cuadro, es probable que como intento de autopreservación, esta oposición busque que sea el oficialismo quien pague el costo del acuerdo con el FMI y del ajuste que este supone para la población trabajadora. Habrá que ver, sin embargo, hasta dónde la crisis le permitirá una actitud prescindente y en qué momento la misma empezará a crearle un costo político ante la población, por un lado, y la clase capitalista, por el otro. Este escenario pondrá también a prueba a los Milei – Espert, que ya se anotaron en el tramo final de la campaña electoral como una colectora del ala Macri – Bullrich de Juntos por el Cambio. 
 En este cuadro de derrota del gobierno, de crisis de régimen y de retroceso histórico del peronismo, la votación del Frente de Izquierda – Unidad adquiere un significado especial. No solo por lo que implica cuantitativamente, ya que es la elección más importante de la izquierda en la última década con casi 1.400.000 votos en todo el país. Lo más destacable es lo cualitativo. El apoyo recogido en las barriadas populares de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires, Jujuy desde ya y varias provincias del país son la expresión no ya de un voto bronca contra un ajuste, sino de una transición política de fondo que apunta a sustituir al peronismo por la izquierda que defiende las banderas socialistas. La invocación al trotskismo que hacen muchos analistas es correcta, en tanto el trotskismo es la única fuerza política que defiende en la actualidad la perspectiva del gobierno de los trabajadores y el socialismo. 
 Esta transición política tiene una expresión multitudinaria en la militancia del Polo Obrero -y la adhesión de otros sectores del movimiento piquetero-, que asumió el papel protagónico de la campaña recorriendo las barriadas, repartiendo los volantes, convenciendo a sus vecinos y fiscalizando la elección con miles y miles de compañeras y compañeros. Para ser exactos, con más de 20 mil fiscales en todo el país aportados por el Partido Obrero y el Polo Obrero al Frente de Izquierda – Unidad; algo sin precedentes en la izquierda argentina. El ingreso a los concejos deliberantes en varios municipios claves de la provincia, empezando por La Matanza, es el resultado de este proceso y a la vez está llamado a dinamizarlo. El distrito matancero, llamado “capital del peronismo”, se convirtió en uno de los baluartes de la votación del trotskismo. Transición política a full. En otro plano más incipiente, pero en la misma dirección, no podemos disociar este salto de la izquierda obrera y socialista de los avances recientes del clasismo en el Sutna, en Aten y en innumerables cuerpos de delegados fabriles y listas seccionales y sindicales en general.
 Este proceso político está lejos de tener una asimilación homogénea al interior del Frente de Izquierda – Unidad. El rechazo al movimiento piquetero y la política de autoconstrucción en el movimiento obrero por parte de los partidos que lo integran es la señal más clara de que abordan este proceso de modo superficial, es decir, como un fenómeno puramente electoral. Debiera servir como advertencia que en el pasado el FIT-U ya tuvo votaciones importantes en varias provincias, sea Salta, Mendoza u otras. Pero en tanto ese proceso no caló en movimientos de masas con planteamientos de independencia de clase, estuvieron condenados a retroceder. Ahora tenemos una nueva oportunidad, y el aprovechamiento de la misma parte de la condición de superar las limitaciones del pasado. No se nos pueden escapar las tendencias reinantes en el Frente de Izquierda – Unidad a una ampliación y a una convergencia con la centroizquierda, desnaturalizando el campo de independencia de clase que el FIT representa; o a confinar exclusivamente el FIT-U a un acuerdo electoral sin proyectarlo a todos los escenarios de la lucha de clases. Es necesario (o más aún, imprescindible) desenvolver este debate y superar estos escollos en el marco del frente único conquistado y de cara a los desafíos planteados. 
 Estas tareas, desde ya, deben resolverse en el cuadro concreto de la situación política que enfrentaremos en el período que se inicia. La profundidad de la bancarrota económica, la búsqueda de un mayor ajuste dictado por la necesidad de arribar a un compromiso con el FMI, las tendencias a los pactos y divisiones dentro de las fuerzas del régimen, y lo más importante, la situación insoportable que sufre nuestro pueblo, plantean para el Frente de Izquierda – Unidad una oportunidad histórica. Nuestra propuesta de un Congreso del FIT-U convocante de los luchadores populares tiene hoy, luego de los resultados electorales positivos, más vigencia que en el pasado. Colocamos esta propuesta a debate de toda la militancia del Frente de Izquierda – Unidad y de todos los luchadores obreros y populares de la Argentina. 

 Gabriel Solano

¿Por qué ya no se oye el SOS Cuba de julio?


sábado, 13 de noviembre de 2021

México: confirman el espionaje del Ejército contra los alumnos de Ayotzinapa


Desde tres años antes de las desapariciones. 

 En su último número, la revista mexicana Proceso (N°2349, 6/11) releva información desclasificada por la Secretaría de Defensa (Sedena) que confirma que las fuerzas armadas espiaron a los estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa, víctimas de un operativo conjunto de varias fuerzas de seguridad que culminó en la desaparición de 43 alumnos en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre de 2014. Es una nueva prueba del involucramiento castrense y de la responsabilidad estatal en el caso.
 Tres años antes de las desapariciones, las actividades del combativo liceo rural ya eran monitoreadas por el Ejército. De acuerdo al informe de la revista, el servicio de inteligencia de la institución infiltró el colegio a través de alumnos “fachada”, o sea, espías que se inscribieron a los meros efectos de realizar tareas de espionaje. 
 Los documentos constatan que días antes de la fatídica noche de Iguala, en base a la información de uno de esos agentes, el Pelotón de Información de la 35 Zona Militar en Chilpancingo (capital de Guerrero) reportó a la Sección Segunda de Inteligencia Militar las acciones que preparaban los estudiantes. En efecto, el Comité Estudiantil Ricardo Flores Magón había resuelto una campaña de recolección de fondos para poder asistir a la movilización anual que recuerda la masacre de Tlateloco, en 1968, en el Distrito Federal, en el mes de octubre. En función de ello, acordó la retención de colectivos para poder desplazarse. 
 Lo demás es historia conocida: el 26 de septiembre, los alumnos de Ayotzinapa arribaron a Iguala en tres colectivos, pero fueron atacados, algunos de ellos asesinados, y 43 desaparecidos (solo se hallaron restos de tres de ellos). O no tan conocida: debido al encubrimiento del caso por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto, que montó una falsa versión de los hechos en base a confesiones arrancadas bajo tortura, todavía hay muchas cosas que permanecen en la oscuridad. 
 La revista Proceso afirma que “las actividades de los normalistas eran vigiladas por todas las agencias gubernamentales de inteligencia”. Este seguimiento muestra cómo el aparato de espionaje del Estado capitalista se usa conspirativamente contra la propia población trabajadora que se organiza por sus derechos. 
 Los documentos de la Sedena se conocieron por una orden de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, el mandatario es cuestionado por los familiares de las víctimas, ante la falta de avances sustantivos. El gobierno no puede ir a fondo en el caso debido al papel central que ha asignado al Ejército, que lleva a cabo inclusive tareas de seguridad interior. 
 Mientras luchan por la aparición con vida de sus compañeros, los estudiantes de las normales rurales enfrentan las políticas de desfinanciamiento presupuestario. En los últimos días, los alumnos de la Isidro Burgos, de donde eran oriundos los desaparecidos, llevaron a cabo un corte de ruta en reclamo de la rehabilitación de un plantel de la localidad de Tixla y de apoyo a algunos proyectos productivos, entre otros reclamos (Latinus, 4/11). 
 El esclarecimiento de los hechos de Iguala y la condena a los responsables solo podrá venir de la mano de la movilización popular. A más de siete años de las desapariciones, como cantan los estudiantes mexicanos, “Ayotzi vive, la lucha sigue”.

 Gustavo Montenegro