jueves, 13 de agosto de 2015

Gracias Fidel por Ítaca




En aquel discurso, de hace más de 50 años, Palabras a los intelectuales, Fidel dijo: “la revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo” (1).
Regreso a Ítaca, desde una de las esquinas que permite mirarla, es el reflejo de esa aspiración; es lo que se esconde, si uno puede encontrarlo, en la trama, titubeante por momentos, del último filme del francés Laurent Cantet.
Desde una terraza de La Habana, los amigos de un escritor cubano que se fue y que ha decidido volver para quedarse, enfrentan el exorcismo de sus propias vidas, desgranando las mentiras o medias verdades que ellos mismos se creyeron, para, a continuación, asistir a su desplome.
Cuatro hombres y una mujer, que no son la única realidad de Cuba, pero sí una parte de ella, repasan aquellas historias que llevan 40 años siendo eso, historias, pero que los protagonistas de este viaje al ser humano desnudo, les han servido para excusarse y renunciar a una vida, con mayúsculas, por la que debieron luchar a brazo partido.
Amadeo (Néstor Jiménez) no quiso pelear contra los errores que veía y se quedó en España, y, a Rafa (Fernando Hechavarría), un revés simple lo frustró y, sin más, se dejó dominar por quién sabe cuántas botellas de ron. Tania (Isabel Santos), que aceptó las promesas de las comodidades que vendrían del exterior y permitió que el padre de sus hijos se los llevara a EEUU, sin embargo repudia lo que la vida fácil significa en Cuba y que ella personaliza en Eddy (Jorge Perugorría), quien dice y repite que decidió “vivir bien”, aunque sabe que sólo es funcionario mediocre hasta en su capacidad de corromperse y que sabe, además, que no le va a salir a cuenta su elección.
Eddy es, al tiempo, un personaje de picos; el que se burla del bullicio amoroso regado por el barrio habanero diciendo: “ (…) señores, aquí está el pueblo más culto del mundo” para, a renglón seguido, retar a sus amigos a que reciten (y lo hacen de memoria) pasajes de Vargas Llosa.
Luego está Aldo (Pedro Julio Díaz); pero Aldo es otra cosa. Aldo es la conciencia.
Mientras sus compañeros de guión se ponen, una tras otra, las máscaras de su teatro, el hombre negro -que reconoce que él sí llegó a ser ingeniero, aunque repara baterías en un taller improvisado- las va arrancando.
Lo hace buscando las fotos reveladoras del “abuso” que fue la escuela al campo, donde todos están exultantes y el cansancio y el hambre brillan por su ausencia. Lo hace subiendo a la azotea uno de los cuadros que Rafa no entendió que debía seguir pintando y, sobre todo, recordándoles a todos que la guerra de Angola fue una cuestión de justicia, que él, como tantos otros, asumió y por la que, además, arriesgaría su vida de nuevo.
La verdad, se me antoja irrelevante que sea precisamente Aldo quien frunza el gesto cuando Amadeo (al que no le da igual que digan que lleva en España 15 años, en vez 16) les plantea que se queda en Cuba “porque éste también es mi país”. Lo que me importa de su papel es que, arropando al grupo en su azotea, esforzándose para no dejar que alguno o todos se fueran antes de tiempo, convierte en práctica vital las palabras de Fidel en aquel discurso de hace más de 50 años y no renuncia a que las dudas que puedan albergar sus amigos, incluso las de su propio hijo, les impidan lograr la única certeza que él posee, la de que la respuesta a cualquiera de ellas está en Cuba y no fuera.
No estoy segura de que a Cantet le corresponda superar los planteamientos ya hechos por directores cubanos; eso, seguro, lo harán ellos mismos. Lo que aprecio es que el realizador francés ha hecho el suyo propio, partiendo de lugares comunes, es cierto, pero para echarlos por tierra y afirmar que Cuba no es un todo homogéneo, que tiene luces y sombras, pero que, por encima de todo, merece la pena confiar en la conciencia acumulada del pueblo.
Un plano corto preludia la escena final. La cámara se aleja y, poco a poco, van apareciendo los rostros y las vidas que llevan consigo. No se ha ido nadie de allí, no se ha ido nadie de Cuba.
Quizás por eso el criterio del público cubano convirtió un cerrado aplauso en protagonista del estreno de esta película en La Habana.
A su modo, es posible que le estuvieran reconociendo a Fidel su empeño en la construcción de una conciencia a la que la cinta nos propone volver.
Y sí, gracias, Fidel, por la nueva Ítaca.

M.L. González

NOTA

Hoy, 13 de agosto, Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución cubana, cumple 89 años. Hace 54, pronunció un discurso de máxima vigencia hoy, Palabras a los intelectuales (http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/07/03/releyendo-palabras-a-los-intelectuales/#.VcvHO_l_Oko)

Ficha técnica:

REGRESO A ÍTACA

Dirección: Laurent Cantet.

Intérpretes: Néstor Jiménez (Amadeo), Jorge Perugorría, Isabel Santos, Fernando Hechavarría, Pedro Julio Díaz Ferrán, Carmen Solar, Rone Luis Reinoso, Andrea Doimeadios.

Género: drama. Francia, 2014.

Duración: 95 minutos.

domingo, 9 de agosto de 2015

Alberto Granado, el amigo y el hombre




El 8 de agosto de 1922 nació en Argentina Alberto Granado, amigo de los hombres justos, entrañable del Che, hijo adoptivo de Cuba. La voz de su familia más estrecha lo revive ahora, en el aniversario que vinieron a honrar, en Venezuela

CARACAS.—Con los trazos del amor que el hombre siembra en su gente más cercana, es posible después reconstruirlo, a partir de las palabras dictadas por la cosecha.
Así es como se dibuja hoy en el recuerdo el “petiso” Granado, Alberto, el amigo del Che. Este sábado cumpliría 93 años de edad, pero de todas formas, su vida fue larga, larga y fecunda; pues aunque la historia la exalta, no la vivió bajo la sombra de la amistad conocida.
Podríamos decir que, si fue amigo del guerrillero legendario, lo mereció desde sus cualidades humanas, porque el afecto nació cuando el alma crecía todavía con el cuerpo, en la juventud.
Alberto Granados llegaba a los 19 años. “Y Pelao tenía 13, así le decían a Guevara”, precisa Tomás Granado, el menor de los tres hermanos, mediante el cual Alberto conoció al Che.
“Por orden de apellidos, nos sentábamos juntos. Además, a él le habían envenenado un perro y a mí también. Eso nos identificó bastante. Para ese entonces ya se le notaba la rebeldía, empezando por la corbata del uniforme que no usaba, aduciendo su condición de asmático.
“Nos gustaba mucho el fútbol y el rugby. Alberto se había empeñado en armar un equipo de estudiantes y Ernesto quiso entrar. Ya su padre me había pedido que tratara de convencerlo de no practicar deporte, pero aquello era imposible con un muchacho tan arrojado.
“Lo llevé a casa a presentarlo a Alberto. Él le dijo lo mismo, por su asma, y entonces el obstinado empezó a hacer demostraciones, hasta que Alberto aceptó. Fue el inicio de la amistad, no solo entre él y los muchachos, sino con nuestra familia entera, en Córdoba”, subraya Tomás.

LA AVENTURA Y LA CONCIENCIA

“Guevara había pensado seguir con no­sotros, en ingeniería, pero la muerte de la abuela y el conocer de un científico con estudios avanzados sobre el asma, lo decidió por Me­dicina, y se separó, aunque venía en vacaciones”, si­gue el menor de los Granado.
“Por su parte, Alberto había aprendido farmacia, un poco forzado por papá. Es que había un tío con una botica, aunque sin farmacéutico, y necesitaba un regente. Él se graduó y la asumió, pero tenía las alas más largas. Un día dijo: ‘Tío, la farmacia es muy poco para mí. Búsquese un regente nuevo’, y se fue a la Universidad a estudiar Bioquímica.
Vino entonces la idea del viaje, un sueño largamente acariciado por Alberto. Yo mismo lo embullé, y al no poder acompañarlo, pues faltaban tres asignaturas en mi carrera, le sugerí que buscara a Pelao, todavía estudiante de Medicina. Ya aquel había cruzado dos veces la Argentina en una bicicleta con motor de esos tiempos”, relata.
“Ahí fue cuando los unió el gusto por la aventura”, continua Gregorio, el segundo de los hermanos.
“Teníamos una moto maltrecha: La Po­derosa. Tomás, que sabía de mecánica, la reparó, y yo me ocupé de la estética. Se veía de lo más linda aquel día de diciembre de 1951, cuando partió con Alberto y Guevara a recorrer América Latina.
“Lástima que les haya durado tan poco, pues entrando a Chile, por el sur, la estrellaron contra un árbol, y ahí mismo terminó el viaje en la moto, que en realidad duró cinco provincias argentinas y un pedacito del otro país.
“Creo que ese percance hizo más rico el periplo, porque se fueron rodando en camiones, en barco, en balsas, en avión y autobuses; viviendo las aventuras conocidas, aprendiendo la realidad de un continente sufrido que les hizo madurar sus conciencias.
“Ambos llegaron a Venezuela juntos, y allí se separaron, para que Guevara volviera a terminar su Medicina; pero Alberto se quedó, en el leprosorio de Cabo Blanco, en La Guaira. Ya se había apasionado con el estudio de esa enfermedad, y entonces se instaló, hasta encontrar el amor de su vida”.

LA VIDA ACOMPAÑADA

Delia Duque había entrado al leprosorio como enfermera empírica, y todas las tardes, después del trabajo, se quedaba alelada mirando a aquel joven bajito, pero muy alegre, que salía en su descapotado rodeado de mujeres, casi todas doctoras.
“Mis colegas me acusaban de ingenua. Decían que no podría fijarse en mí. Pero me enviaron a su departamento, a aprender unas técnicas, y a muy poco el hombre se declaró. Imagínense cómo cayó aquello entre mis compañeras. Fue un noviazgo intenso, de tres meses, porque enseguida nos casamos.
“Desde entonces, mi vida fue al lado de él, en cualquier sacrificio, en cualquier victoria, hasta el último día. Viví su alegría contagiosa, sus tristezas, la emoción con que un día llegó dispuesto a recoger, a dejarlo todo por irse a Cuba; la tierra donde se estaba realizando exactamente la sociedad que él había soñado, y además, donde estaba entre los líderes su queridísimo amigo Guevara, ya conocido co­mo el Che”.
Ahora es Alberto, el hijo, quien habla de esta etapa, la más fecunda del padre, donde tuvo su más alta realización humana y profesional.
“Él se enamora de la Revolución, de la nueva sociedad en gestación, y allá se fue con todo lo que tenía. Decía que era su sueño, y tenía que sumarse”.
Precisa el hijo que no esperó un minuto para ponerse al servicio de la construcción social liderada por Fidel.
“Radica primero en la escuela de Medicina de La Habana, dando Bioquímica Clínica co­mo profesor; pero luego de Girón, se suma a la necesidad de multiplicar la formación de médicos en Cuba, y marcha hacia Santiago, a crear y fundar una escuela similar.
“Fundar significaba empezar de cero, pues allá no existía ni local. Fueron jornadas de una sesión para construir y otra para las clases. Crecí viendo esos trabajos voluntarios de profesores y alumnos, como una muestra fehaciente de una sociedad que se edificaba a sí misma, con la visión de la solidaridad, de pueblo unido, y mi padre fue parte de eso.
“Tras la primera graduación de médicos lo llaman a La Habana, y le dan la tarea de conducir los estudios primeros sobre genética.
“Escoge la animal, y empieza en ese campo una tenaz labor investigativa y de organizador, que lo hacen partícipe clave en la fundación de centros relevantes como el Instituto de Investi­gaciones Científicas, el Departamento de In­ves­tigaciones Pecuarias, el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria y otros más, hasta que decidió, personalmente, dejar todas las riendas en manos de los científicos nacientes”.
Su edad no lo dominó. Tenía demasiada historia, y desde ella, quiso hacer un valladar de defensa para Cuba. “Dondequiera que llegó fue un ferviente vocero del ejemplo del proceso cubano y, sobre todo, de la dimensión real de su gran amigo. Sintió que era una urgencia humanizar al Che”.

RECUERDO VIVO

Sus hermanos, su hijo, su esposa fiel, viven hoy para contar al hombre de su sangre, porque fue en primer lugar exactamente eso, el hombre: de sus hermanos, el primogénito; de su hijo, el padre ejemplar; de su querida Delia, la dicha que superó el amor.
“Al lado de Alberto viví el sentimiento completo de una mujer privilegiada, pues a través de él conocí a los hombres más grandes de la última América: los comandantes Che Gueva­ra, Fidel Castro y Hugo Chávez.
“Ellos tres representan los más altos valores de esa sociedad de justicia que mi querido Alberto soñó, y en sus nombres están las tres patrias que tuvo: Argentina, Cuba y Vene­zue­la, las mismas donde hoy descansan sus cenizas repartidas”.
Delia guarda del Che la amistad tantas veces contada por Alberto; de Fidel la acogida de un padre que elevó, a grado sumo, el aporte de su hombre a la edificación de la patria nueva; y de Chávez, la reverencia profunda al “petiso” compañero, a quien honró en palabras sentidas tras su muerte.
“Guardo esa carta como una joya valiosa. Chávez nos llama en ella ‘hermanos míos’, y retrata el dolor como si fuera suyo. Por coincidencia providencial, dos años después, el mismo día, murió él, y entonces el dolor grande fue nuestro”.
Pero Alberto Granado, el amigo, el viajero, el científico, el profesor y fundador, no se recuerda con luto en estas tierras de América. Ni en Argentina, ni en Venezuela, ni en Cuba.
Su alegría de vivir lo superó, y así dejó la huella en cada patria; porque salió con la sonrisa del joven ávido a la aventura de un viaje descubridor, se instaló después, igual de alegre, a investigar y a sanar, y luego vino a echar las raíces de su ánimo jovial justo donde sus sueños tomaban cuerpo real.
Alberto Granado, el amigo, cumpliría 93 años.
En sus tres patrias, allí donde reposan sus cenizas, hay epicentros de un temblor que sacude el continente entero; desde el Caribe, la selva, el picacho andino, hasta las pampas cercanas de la tierra fría que un día, igual a hoy, lo vio nacer.

Dilbert Reyes Rodríguez, enviado especial | internet@granma.cu

Rinden homenaje al medio siglo de la gesta del Che en el Congo




Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el pueblo de Cuba rindieron homenaje a los héroes y mártires de la Patria que acompañaron al Comandante Ernesto Che Guevara en la gesta por la liberación del Congo, en ocasión de su aniversario 50.

El miembro del Buró Político y Héroe de la República de Cuba general de cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, viceministro primero de las FAR y jefe de su Estado Mayor General, presidió la actividad que contó además con la presencia del miembro del Comité Central del Partido, Jorge Risquet Valdés, quien fuera el jefe de la columna dos, el batallón Patricio Lumumba en el Congo Brazzaville.
Una representación de los combatientes que estuvieron en el Congo intercambiaron sus experiencias con jóvenes soldados y oficiales, quienes se reafirmaron como dignos continuadores de las luchas revolucionarias, herederos de su legado y garantía segura de unidad en torno a la Revolución, al Partido, a Fidel y Raúl.
Jorge Risquet, durante las palabras centrales, rememoró momentos desde la llegada del Che y otros compañeros al Congo Leopoldville en 1965, hasta el regreso de los últimos combatientes de las tropas cubanas en Angola, en 1991.
“En esos 26 años, 381 000 cubanos cumplieron misión internacionalista en África negra y 2 400 ofrendaron sus vidas en aquellas tierras ancestrales (…)”, dijo.
Risquet añadió que la independencia de Guinea Bissau, Cabo Verde, Angola y Namibia, Sudáfrica sin Apartheid, Argelia y Etiopía con sus territorios íntegros, es el balance de la colaboración militar en África.
Igualmente agregó que “hoy nuestra colaboración es de carácter civil, formación de cuadros en Cuba, presencia de especialistas en más de una treintena de países de aquel continente, sobre todo en el campo de la medicina”.
Por su parte, Víctor Dreke Cruz, el segundo al mando de la Columna del Che, hoy presidente de la Asociación de Comba­tientes de la Revolución Cubana en La Habana, recordó que el homenaje es un reconocimiento a los compañeros que cayeron combatiendo.
Expresó en intercambio con la prensa, que a su salida del Congo el comandante Ernesto Guevara, Tatu (su nombre de guerra), al despedirse de ellos les dijo que esperaba no olvidaran que allí habían dejado la sangre y los cadáveres de seis compañeros, que no se olvidaran del continente africano.

Arlin Alberty Loforte | internet@granma.cu

Un trovador por descubrir




Se cumplieron este viernes diez años de la muerte de Noel Nicola, uno de los fundadores de la Nueva Trova.

Noel Nicola es un enigma por descifrar. Es uno de esos rompecabezas que debemos tratar de armar pero con la certeza de que, al final del camino, estaremos dando un salto al vacío sin agua en el fondo. Todo en él irradiaba un profundo simbolismo, un profundo misterio. Para entender su obra y su carrera no podemos recurrir al mismo rasero con que analizamos la trayectoria del resto de los músicos de su generación. Hay que tratar de observar la vida a través de la perspectiva de un trovador que fue parte de todo y al mismo tiempo tomó alguna vez cierta distancia, pero que realizó una obra cumbre en la trova cubana con la que, aparte de la épica revolucionaria en la que surgió, también eligió darle relumbre a las pequeñas cosas.
Conocí a Noel Nicola una tarde del 2001 en su apartamento del edificio de Infanta y Manglar, adonde llegué junto a uno de esos amigos que son para toda la vida y que por aquel entonces estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana. Fuimos hasta su casa para compartir algunos discos con un familiar cercano del trovador, y Noel salió a saludar, con esa mirada noble, y extendió la mano con esos gestos de hombre bueno que siempre definieron su personalidad. Ha­blamos brevemente y nos prometió regalarnos algún disco que, por la rapidez huracanada de la vida, nunca pasamos a recoger.
El trovador no venció en la batalla contra el cáncer de pulmón y murió cuatro años des­pués, el 7 de agosto del 2005, y justamente este viernes se cumplieron diez años de su partida. Lo lamentable es que esa fecha tan simbólica haya pasado en silencio en los medios cubanos, ya que hablamos, sin temor a equivocarme, de uno de los nombres fundamentales de la Nueva Trova, en particular, y de la música cubana, en general.
Hijo de Isaac Nicola, maestro de Leo Brouwer y considerado el creador del mé­todo cubano para la enseñanza de la guitarra, Noel formó con Silvio y Pablo un importante triunvirato de la Nueva Trova. Fue fundador junto a sus colegas de oficio de este movimiento que cambió la faz de la música cubana y puso en pie canciones que también se transformaron en manifiestos ineludibles de una generación. Noel entendía la trova como una religión muy personal, como un acto de fe, y sus canciones nacieron con una armazón casi filosófica, como aquella cuyos versos dicen: “Séquese la vida antes de entrar, rómpase la risa antes de entrar, cuelgue su cerebro antes de entrar, reza el cartel allí”. No obstante, el significado de este tema, titulado precisamente Reza el cartel allí, está más que claro y “fustiga”, para decirlo en la voz de otro de sus compañeros de generación, a los “perseguidores de cualquier nacimiento”, esos que todavía a la luz de hoy reproducen los códigos más aberrantes de la burocracia y la mediocridad más feroz, para frenar de raíz las iniciativas de aquellos que pueden aportar realmente al desarrollo de la sociedad.
Noel participó en el concierto fundacional de la Nueva Trova del ya lejano 18 de febrero de 1968, en la Casa de las Américas, e integró el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, con el cual grabó discos que con el tiempo adquirieron valor de símbolo, como Cuba Va (junto a Silvio y Pablo) El hombre de Maisinicú —en el que aparece Canción para dormir y despertar a Nadia, uno de esos temas en que el trovador resuelve mostrar toda su sensibilidad creativa—, y los cuatro álbumes homónimos publicados bajo el nombre de esa icónica formación.
El músico, nacido en La Habana el 7 de octubre de 1946, pertenece a esa especie de creadores que se aferran a sus canciones como si se estuvieran agarrando al borde de un bote salvavidas. A pesar de tener una voz interior muy intensa y apasionada, su proyección hacia la sociedad era la de un tipo tranquilo, sosegado, como si estuviera en paz consigo mismo, algo que, huelga decirlo, prácticamente era imposible porque provenía de una generación y de una época que fue, digamos, un torbellino. Ni bien salió al ruedo con su guitarra, dio signos evidentes de que iba camino a trascender gracias a canciones escrutadoras y elaboradas con una trémula sensibilidad, entre ellas aparecen las esenciales Esa mujer es un dolor, Laura, milonga y lejanía, Qué hay delante, detrás, al lado, Pa­ra una imaginaria María del Carmen o Es más, te perdono.
Los que tuvieron la suerte de frecuentar su entorno, cuentan que Noel comenzó a componer desde los 12 años, pero lo cierto es que aunque apenas se conozca, sobre todo por las nuevas generaciones, dio cuerpo a un repertorio vasto y de obligada referencia en la escena cubana. A veces el trovador, por alguna extraña razón, decidía recogerse en su mundo interior y se alejaba muchos kilómetros de la realidad. Quizá porque elegía mirar las cosas sin la premura de los días, para escribir canciones lo más fieles posible a la vida que pasaba ante sus ojos. Así, con esos rasgos tan únicos y singulares grabó discos como Ánimo trovador, Dame mi voz, Co­mien­zo el día, Lejanías, Así como soy, o Noel Ni­cola canta a César Vallejo. Por cierto, el poeta peruano fue una influencia que mar­có para siempre el horizonte de aquellos jóvenes trovadores, pues Silvio, Pablo o Vicente Feliú, otro de los fundadores de la Nueva Trova, lo recuerdan asiduamente en sus conciertos o en sus discos más actuales, como seguro saben aquellos que todavía asisten a los conciertos aunque “no esté de moda en estos días”.
Noel mantuvo un abanico creativo bastante amplio. Se movió entre el son, el rock, la canción y la trova tradicional, y después de pasar la primera época de la Revolución mantuvo una carrera en la que cantó al amor en todo su significado, a la mujer y, como buen cronista de su tiempo, puso el dedo en la llaga de los lastres sociales que van desde el oportunismo, la doble moral hasta la mencionada burocracia.
Cuando se cumplen diez años de su muerte, es triste que su obra permanezca en silencio y que incluso muchos no conozcan de la existencia de un trovador que entregó al mundo canciones tan hermosas y llenas de sensibilidad, esas mismas que hoy deberían correr mejor suerte, para que los jóvenes puedan descubrirlas como quien realiza una auténtica conquista espiritual.

Michel Hernández | michel@granma.cu

jueves, 6 de agosto de 2015

Cuba: reconocen labor de excelencia científica del Centro de Inmunoensayo




Entregan la bandera de Colectivo Vanguardia Nacional por 22 años consecutivos al Centro de Inmunoensayo (CIE). Esta institución fundada en septiembre de 1987 por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, resulta indispensable en el soporte tecnológico de las estrategias cubanas de Salud.
El centro de Inmunoensayo es uno de los que más aportó a que Cuba sea el primer país del mundo en eliminar la transmisión de madre a hijo del VIH/Sida y la sífilis congénita.

El diferendo Cuba-EEUU no es un conflicto de la Guerra Fría




Los medios repiten una y otra vez que el diferendo Cuba-EEUU es “uno de los últimos conflictos de la Guerra Fría”. Y no es cierto. O, al menos, no es completamente cierto.
Porque el conflicto entre Cuba y EEUU –o lo que es lo mismo, la pretensión de dominio colonial de EEUU- no comenzó con la Revolución cubana.
En 1823, el Presidente James Monroe presentó lo que se conoce como Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos” -o mejor dicho, para los norteamericanos-. Fue elaborada por el estadista John Quincy Adams, autor también de la línea de política exterior referente a Cuba, conocida como “política de la Fruta Madura”. “Cuba, si es separada de España, tendrá que gravitar hacia la Unión” -afirmaba Adams-, porque “es de trascendental importancia para (nuestros) intereses políticos y comerciales".
La Doctrina Monroe no solo fue la apuesta de EEUU frente a competidores imperialistas europeos por dominar América. Sobre todo fue la pretensión de torpedear los intentos de Simón Bolivar por conformar una Liga o Unión Latinoamericana y caribeña de países independizados de España.
Años más tarde, esta línea de pensamiento imperialista fue completada con la doctrina del “Destino Manifiesto”, que sostiene que los EEUU tienen, asignados por la Providencia divina, el “destino manifiesto” de extenderse por todo el continente “para el desarrollo del gran experimento de libertad”.
Así fue cómo EEUU justificó su intervención en la guerra que libraban los independentistas cubanos frente al Imperio español, para convertir –finalmente- a Cuba en una neocolonia norteamericana. De hecho, insertó por la fuerza, en la primera Constitución cubana, su derecho a tener bases navales o intervenir militarmente en el país cuando fuera necesario.
Todo eso es lo que quedó truncado en 1959 con el Triunfo de la Revolución cubana. Pero la historia comenzó mucho antes. Aunque los medios sobre esto no digan... ni una palabra.

Cuba-EU: un conflicto muy anterior a la Revolución

Es la hora de las celebraciones muy justificadas por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y la reapertura de las respectivas embajadas el ya histórico 20 de julio. De la emoción que millones sentimos al contemplar la bandera de la estrella solitaria proyectarse hacia el cielo de Washington de la mano del canciller Bruno Rodríguez y de tres soldados de la patria.
De no escatimar el reconocimiento al presidente Barak Obama por su valiente ruptura con la rutina agresiva de más de medio siglo y el inicio de un diálogo civilizado con el mayor respeto por la soberanía de Cuba. De proclamar que sin la heroica resistencia del pueblo cubano, el sabio liderazgo de Fidel y Raúl y el reclamo de toda América Latina y el Caribe este desenlace no habría sido posible. De agradecer a los sectores populares, religiosos, intelectuales, políticos y empresariales que tanto han remado contra la corriente en Estados Unidos para llegar hasta aquí. De reconocer a China y Rusia su amistad y solidaridad con Cuba mientras mayor era su poderío y más se consolidaba la multipolaridad; como a todos los gobiernos que han votado en la ONU durante 17 años contra el bloqueo.
Pero también es la hora de no olvidar el contexto histórico que dio lugar a las desavenencias existentes entre ambos países, algunas insuperables mientras en Cuba ondee la bandera del socialismo, que estoy seguro será por todo el futuro previsible. De tener siempre presente que el conflicto entre Cuba y Estados Unidos no inició con la revolución cubana como afirman mendazmente los medios de comunicación hegemónicos y los ideólogos de la contrarrevolución, aunque indudablemente después de 1959 adquirió una intensidad nunca vista.
La evidencia histórica apunta fehacientemente a una aspiración al dominio y a la anexión de la isla por parte de la burguesía de las 13 colonias años antes de la revolución norteamericana(1776). Tanto es así que después de la toma de La Habana por los ingleses(1762), quienes más se opusieron ante Londres a su retirada fueron los grandes negociantes de las colonias del norte, cuya prosperidad dependía mucho del tráfico de ron y melaza abundantes en Cuba y por eso aportaron cientos de hombres a las tropas británicas que invadieron la capital cubana. Esta tendencia se vio delineada a principios del siglo XIX y, sobre todo, a partir de la proclamación de la Doctrina Monroe(1823). Desde entonces, Washington llevó a cabo numerosas acciones dirigidas a la anexión de la isla, que tuvieron su expresión más inequívoca en la intervención militar de 1898, seguida de otra ocupación y un sinnúmero de actos injerencistas que no se detuvieron hasta 1959.
Al darse cuenta que en Cuba había triunfado una verdadera revolución, cuyos líderes, encabezados por Fidel, no estaban dispuestos a renunciar a la independencia y soberanía del país, Estados Unidos rompió relaciones diplomáticas con la isla y se embarcó en lo que merece calificarse sin exageración como una guerra no declarada. ¿De qué otra manera puede llamarse a una campaña de cientos de acciones terroristas que duró hasta años recientes, la derrotada invasión de Bahía de Cochinos, numerosos episodios de guerra biológica, planes desestabilizadores que continúan y, por no abundar, al bloqueo, que sigue en pie aunque el presidente Obama lo haya flexibilizado muy discretamente y pedido al Congreso su levantamiento.
Sin este recuento muy sintético no es posible entender la raíz del conflicto bilateral y la naturaleza de ambos contendientes, en que Washington, que sigue siendo expansionista e imperialista ha sido el agresor. El pueblo de Cuba, en cambio, ha actuado siempre en defensa de su derecho a la independencia, la soberanía y la autodeterminación frente a las agresiones del vecino. Actuación mucho más consciente y combativa cuando el gobierno revolucionario comenzó a tomar medidas encaminadas a mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos, que necesariamente afectaron intereses de las grandes corporaciones estadunidenses y provocaron una feroz hostilidad de la potencia norteña.
Ello no se debía solamente a los intereses afectados por las medidas revolucionarias sino también al temor de que el ejemplo fuera seguido por otros países en la región que hasta entonces consideró su patio trasero y en la que nunca permitió, ni acepta hasta hoy, reformas que modifiquena sus dictados. Ahí tenemos el ejemplo de la hermana Venezuela.

Ángel Guerra Cabrera – Blog “La pupila insomne”

lunes, 3 de agosto de 2015

El reencuentro entre La Habana y Washington




A mediados de mes viajó a Washington el canciller cubano quien izó el pabellón de su país en la sede de su embajada desocupada durante más de 50 años. Igual misión cumplirá a mediados de agosto el secretario de Estado de EEUU quien llevará su bandera a la vieja sede diplomática de ese país en La Habana.
El acercamiento diplomático entre ambos países, producto de las negociaciones entre los presidentes Castro y Obama, se produce en una coyuntura internacional complicada. La lucha por la hegemonía global se agudiza. Europa está en medio de una grave crisis. En América latina, EEUU continúa interviniendo militarmente y socavando gobiernos con anhelos de más autonomía.
Desde afuera, el reencuentro entre EEUU y Cuba parece un choque entre una locomotora y una bicicleta. EEUU tiene en su agenda el cambio de régimen en Cuba. A su vez, La Habana tiene como objetivo abrir los canales comerciales bloqueados por Washington hace medio siglo. A todas luces, son objetivos contradictorios. La pregunta es si ¿EEUU abrirá un espacio para la colaboración?
La clase capitalista hegemónica (la oligarquía financiera) norteamericana convenció al conjunto de la clase dominante de EEUU que la Revolución cubana no colapsará como consecuencia del fin de la experiencia soviética a fines del siglo pasado. También descubrió que sólo una invasión de la isla puede acomodar sus intereses. Pero no una intervención militar. Piensan en términos de una invasión de capitales - saturación económica - que bien manejada puede desestabilizar la Revolución cubana.
Para Cuba llegó el momento de la verdad. La Revolución sólo sobrevivirá si logra 'convivir' con el mundo capitalista que literalmente la rodea. Diplomáticamente logró insertarse en América latina. Mantiene relaciones económicas con Europa occidental y Canadá. Ha logrado establecer puentes eficaces con China y Rusia. ¿Puede dar el paso hacia EEUU? Los cubanos saben que Washington no se acerca con buenas intenciones. ¿Pero qué Estado capitalista ha mostrado en la historia de los últimos 250 años 'buenas intenciones'? El último presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, y quien fuera el líder reformista chino, Deng Xiaoping, son testigos. Cuba tiene esas lecciones del pasado reciente para desarrollar una estrategia que evite los errores de Moscú y no caiga en las medidas extremas de Pekín. No hay que olvidarse que Cuba es una isla con 12 millones de habitantes. China y Rusia, en cambio, son países continentes.
EEUU inicia en estos momentos un período pre-electoral. La cuestión cubana será parte importante de los debates dentro de los partidos y entre los partidos. Lo interesante es que la oligarquía norteamericana (el capital financiero) y las fuerzas armadas están de acuerdo con abrir un nuevo capítulo (o libro) en lo que se refiere a las relaciones con Cuba.
En Cuba no hay presos políticos como lo define el derecho internacional. Es decir, los privados de libertad en Cuba que han cometido crímenes contra la sociedad, no son políticos. En EEUU, en cambio, si hay miles de presos políticos, especialmente entre aquellos que luchan por sus derechos civiles.
EEUU tiene un marco de referencia global. Su preocupación central en esta coyuntura es la emergencia de China. No sólo como potencia industrial. China se ha convertido, también, en un factor competitivo en el mundo financiero con la creación del Banco Asiático y otras iniciativas. Lo que más le preocupa a EEUU es el futuro y los avances militares que realiza China que pueden dejar atrás a EEUU. Por otro lado, tiene un ojo puesto sobre Alemania. El distanciamiento de Berlín frente a la crisis ucraniana y el despliegue de sus alas imperialistas frente a la pequeña Grecia, le envía claras señales a Washington.
Irán es una pieza clave en la agenda norteamericana en el Medio Oriente, rico en petróleo, que EEUU ya no necesita para satisfacer sus necesidades internas, pero que cree su ‘derecho’ controlar. Irán, paradójicamente, es la pieza que necesita Washington para controlar a Arabia Saudita y al Estado de Israel. ¿Llegarán Teherán y Washington a un acuerdo que transcienda la cuestión nuclear? Es probable.
Si sumamos a Rusia a estos movimientos geopolíticos, la situación se aprecia un poco mejor. El eje euroasiático frente al pacto nor-atlántico parece estar definiéndose cada vez con más claridad. Cuba puede maniobrar en estos caminos apretados y zigzagueantes como ciclista experimentado. Su triunfo sobre la ‘locomotora’ (o imperialismo) dependerá de la probada sabiduría de su pueblo en esta nueva coyuntura.

Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA) www.marcoagandasegui14.blogspot.com, www.salacela.net