lunes, 2 de abril de 2012
Llegó René González a la Patria
Minutos después del mediodía de este viernes, arribó a la Patria, en visita privada y familiar, el Héroe de la República de Cuba, René González Sehwerert, uno de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos condenados injustamente a cumplir largas sanciones de privación de libertad en cárceles norteamericanas.
Como es conocido, después de haber sufrido 13 años de injusta prisión, René se encuentra bajo un régimen de libertad supervisada, por otros tres años, durante los cuales deberá permanecer en los Estados Unidos, lo cual constituye una sanción adicional.
El 24 de febrero pasado, René había presentado, a través de su abogado, una moción de emergencia ante la Corte para el Distrito Sur de Florida, en la cual solicitó que se le autorizara a visitar a su hermano gravemente enfermo en Cuba.
Casi un mes después, el 19 de marzo, la jueza Joan Lenard, quien ha estado a cargo del caso de los Cinco desde el inicio de su proceso judicial, autorizó el viaje de René a Cuba por 15 días, bajo un grupo de condiciones: la obtención de todos los permisos necesarios para viajar a Cuba por parte del Gobierno de los Estados Unidos, la entrega del itinerario detallado del viaje, su localización en Cuba e información de contacto en el país, así como el mantenimiento de comunicación telefónica sistemática con su oficial probatorio. Asimismo, la Jueza dejó claro que todas las condiciones de la libertad supervisada de René permanecen invariables y tiene que regresar a los Estados Unidos en cuanto se cumplan dos semanas, a partir de la fecha del viaje.
La decisión de autorizar el viaje de René se corresponde plenamente con las condiciones establecidas para su libertad supervisada, las cuales permiten que viaje a Cuba, previa aprobación del oficial probatorio o de la jueza.
Incluso, el propio Gobierno de los Estados Unidos, que se ha opuesto a todas las mociones presentadas por René para que se le permita tanto su regreso definitivo a Cuba como la visita temporal a su hermano, reconoció que las condiciones de su libertad supervisada no le prohíben viajar a nuestro país. Al respecto, ya desde el 7 de marzo del 2011, la Fiscalía argumentó que “los términos de la libertad supervisada de René no le impiden viajar a Cuba durante ese período… Nada le impedirá solicitarle a su oficial probatorio (o a la corte, si le es negado por este) un permiso para viajar a Cuba a visitar a su esposa, sus padres ancianos u otros”.
En la moción presentada por su abogado, René expresó que cumplirá con los términos establecidos para la visita y regresará a los Estados Unidos.
Pese a las condiciones impuestas, nuestro pueblo, con hondo respeto, le da la bienvenida a la Patria a nuestro querido René y no ceja en la lucha por su regreso definitivo junto a sus cuatro entrañables hermanos.
La Habana, 30 de marzo de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental
Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna.
Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz.
José Martí
Ya se han cumplido ventiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.
Ventiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.
No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer un recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz.
Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.
En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada de bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes. En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad u el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreana enrolada.
En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Vietnam, se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera de aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda.
Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aun cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la Revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después.
Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos.
Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momentos, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar. En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.
En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividían al país en dos zonas y estipulaban la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quienes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo Din Diem, cuyo trágico fin es conocido de todos.
En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podía ocurrir, aun utilizando todos los métodos de fraude conocidos.
Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.
Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada. Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1,700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.
Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.
Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.
El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartido por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, así, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.
Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna? Y ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha.
Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.
El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los "cuatro puntos" del norte y "los cinco" del sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.
Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos. Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.
El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden seguir ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esa ruta. Ahí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a las de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.
El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.
América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya. Cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantenerlo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación de cualquier tipo que sean.
Bajo el slogan, "no permitiremos otra Cuba", se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo o, anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.
Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo y solo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.
Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas.
Dado el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.
Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.
Esa doble situación: un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.
Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta dónde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.
El África ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere. Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.
No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas. Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo.
Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los que han "pacificado" en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente.
En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente antioficial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del África Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés.
En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizaran los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos sus problemas se ventilan en organismos tan inicuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.
Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucionaria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundización de sus revoluciones.
Cuando las masa negras de Sudáfrica o Rhodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África.
Che
Publicado por primera vez en La Habana - Cuba, en abril de 1967.
Texto digitalizado aparece aquí por cortesí de la Biblioteca de Textos Marxistas en Internet.
Recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo.
jueves, 15 de marzo de 2012
miércoles, 14 de marzo de 2012
Donan a museo en Cuba significativo álbum familiar
Santiago de Cuba, 14 mar (PL) Un álbum fotográfico del asalto simbólico al Cuartel Moncada de esta ciudad, el 26 de julio de 1974, fue donado hoy al museo enclavado en la antigua fortaleza militar, atacada por Fidel Castro y jóvenes revolucionarios en 1953.
La pieza, perteneciente a Celia Hart Santamaría, una de los escolares participantes en el patriótico gesto que reedita la acción en cada amanecer de ese día, fue entregada por decisión familiar a la institución, que resguarda la memoria histórica del acontecimiento.
Hija de Haydée Santamaría, una de las dos mujeres participantes en el asalto (1953), y de Armando Hart, legendario combatiente revolucionario, Celia falleció en un accidente de tránsito y guardó entre sus reliquias entrañables estas imágenes de sus años infantiles.
Con 11 años y cursando el sexto grado en la escuela primaria Felipe Poey, de La Habana, fue seleccionada por sus resultados, junto a condiscípulos, para tomar parte en la simbólica epopeya, organizada por la Organización de Pioneros José Martí, que agrupa en el país a esos estudiantes.
El álbum contiene instantáneas junto a sus padres en la granjita Siboney, sitio que resguardó a los asaltantes en las horas previas, y pañoletas pioneriles con mensajes de saludo y firmadas por el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque y Melba Hernández, participantes en el ataque.
El rostro de su tío materno Abel Santamaría, segundo jefe del asalto al segundo enclave militar en Cuba aquel 26 de julio, durante la mañana de la Santa Ana y en pleno carnaval santiaguero, es otro de los símbolos que habitan el significativo documento gráfico.
También atesora recortes de prensa acerca del acontecimiento y la imagen emblemática de su madre y Hernández tras las rejas, durante el tiempo que permanecieron encarceladas a raíz de la acción que marcó el inicio de la última etapa insurreccional contra el régimen de Fulgencio Batista.
Máster en Ciencias Físicas de la Universidad Técnica de Dresde, Alemania, al morir en el 2008 con apenas 45 años, Hart Santamaría dejó unos 135 trabajos publicados en libros y publicaciones seriadas en Cuba y el extranjero.
Durante la XXI Feria Internacional del Libro, que acaba de finalizar, se presentaron dos textos suyos: Historias en días de lluvia con José Julián, de la casa editora Abril, y Escritos políticos de 2003 al 2008, a cargo de la colección venezolana Nuevo Socialismo.
Martha Cabrales Arias
sábado, 10 de marzo de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Fidel Castro: “Estamos obligados a ganar la batalla por la sobrevivencia”
Va a ser difícil olvidar la imagen que cerró el encuentro. Fidel, con un kimono por encima de la chaqueta deportiva y de pie, muy serio, rodeado por diez hibakushas, como llaman en Japón a los sobrevivientes de las bombas atómicas que lanzó Estados Unidos contra Hiroshima y Nagasaki.
Va a ser difícil olvidar la imagen que cerró el encuentro. Fidel, con un kimono por encima de la chaqueta deportiva y de pie, muy serio, rodeado por diez hibakushas, como llaman en Japón a los sobrevivientes de las bombas atómicas que lanzó Estados Unidos contra Hiroshima y Nagasaki. Cada uno lo saludó con una reverencia de cortesía y una de las dos mujeres, Ritsoku Ishikawa, no solo se inclinó, sino que besó el dorso de la mano del Comandante.
Aunque difícilmente el Palacio de las Convenciones recuerde otro encuentro en el que haya habido más cámaras fotográficas por metro cuadrado, ni los flashes se sintieron en ese instante. Fue la emoción la que congeló la imagen para el pequeño grupo de cubanos y los 770 japoneses que llegaron en la mañana del jueves al puerto de La Habana a bordo del Crucero por la Paz, el barco que recorre el mundo cada año con activistas contra las amenazas nucleares y medioambientales.
Por segundo año consecutivo se reúnen en este edificio con el líder histórico de la Revolución cubana, y por segunda vez, no pudo ser más estremecedor escuchar testimonios del dolor que padecen millones de personas víctimas de los efectos de la radiación nuclear. Pero no fue este un encuentro de cortesía, sino la sesión principal del “Foro global por un mundo libre de armas nucleares”, evento que había sido uno de los acuerdos del encuentro anterior en La Habana y cuyos organizadores decidieron celebrarlo aquí.
Las intervenciones de los participantes fueron de lujo e incluyeron la de un sobreviviente del bombazo de Hiroshima, un profesor de la Universidad de Fukushima -donde el terremoto y el tsunami que devastó Japón provocó el accidente de una electronuclear-, el presidente de la Asociación de Víctimas Nucleares “Morurua e Tatou”, de Tahití, y un médico cubano que narró la experiencia de la Isla en el tratamiento de niños afectados por el accidente en la planta de Chernobil, Ucrania. “Las descripciones que ustedes hacen le rompen el alma a cualquiera”, había reaccionado Fidel, notablemente conmovido ante lo que allí se dijo.
Tres días en el infierno
Sobrecoge el auditorio. No solo porque son más de 700 personas, no solo porque se trata de pacifistas, enemigos declarados de todas las armas. Es que sufrieron en carne propia o en la de sus antepasados, el infierno de un bombardeo nuclear. Hibakushas llaman a los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki. En el Peace Boat o Crucero por la Paz, viajan algunos que tenían un año, cuatro, 13 ó 16, cuando se produjo el criminal ataque a las ciudades japonesas donde ellos vivían. Hoy cuentan entre 67 y 83 y como una distinción se les sienta en la primera fila. De conocerse más y mejor sus historias, quizás el mundo no fuera el lugar de miedo en que lo han convertido las armas.
Hiroshi Nakamura tiene ahora 80 años y una figura menuda y respetable como la serena naturaleza de su tierra. Pero su testimonio es tan estremecedor como un terremoto o un tsunami, aunque la comparación no vale porque su sufrimiento no es la consecuencia de un fenómeno natural sino de un deliberado acto de barbarie.
Él vivía a 8 kilómetros del epicentro de una de las dos tragedias provocadas por la prepotencia norteamericana aquel agosto de 1945. “Sentí un ruido ensordecedor y vi un gran rayo de luz que me deslumbró y ya no supe qué hacer…”, cuenta y su testimonio parece el relato de una película de ficción cuando todo arde alrededor del niño de 13 años que, huyendo del fuego, solo se cruzaba con espectros de seres humanos sin cabellos, con el rostro ennegrecido y las ropas desechas. “Algunos iban desnudos completamente, con los brazos cruzados como tratando de cubrirse el pecho y uno no podía saber si eran hombres o mujeres de tan deformados que estaban…”
Tres días estuvo Nakamura ayudando a mover cadáveres. A él le tocaba tomarlos por los tobillos y al principio no lograba alzarlos porque se le corrían o se desgarraban las carnes. Alguien le gritó que metiera los dedos hasta el hueso. “Pero yo solo era un niño de 13 años y mi cuerpo estaba paralizado ¿No eres un hombre japonés? me gritaron. Entonces me resigné e introduje mis dedos en las carnes descompuestas y apreté fuerte…Cargué alrededor de 30 cuerpos para los camiones y los llevamos hasta una gran fosa en las afueras de la ciudad y allí los dejamos… Fueron tres días en el infierno.”
Para más horror, la tragedia de Nakamura, que es la de miles de ciudadanos de Hiroshima y Nagasaki, no terminó con el fin de la II Guerra Mundial. A lo largo de su vida, el infierno se ha sostenido en constantes enfermedades que comenzaron por la caída total del cabello a los pocos días del ataque, encías sangrantes, adelgazamiento abrupto, anomalías hormonales, cinco cirugías por cáncer… “Los daños que me provocaron las radiaciones me han hecho sufrir toda la vida…” Hoy mismo, mientras llegaba a La Habana, en Japón moría una hermana, otra hibakusha, sobreviviente de Hiroshima.
“Esta puede ser la última vez que cuente mis experiencias”, afirma el hombre que, a pesar de los sufrimientos, considera un honor haber vivido tantos años para contarle al mundo el profundo daño físico y psíquico que provoca el contacto humano con la energía nuclear. Y cita a una persona allegada, cuyo pensamiento comparte: “La energía nuclear y la Humanidad no deben convivir…” Entonces, en nombre de los hibakushas le pide a Fidel que encabece un movimiento para promover las zonas desnuclearizadas en todo el planeta y que convoque a los alcaldes del mundo por la paz, promoviendo la eliminación de todas las armas nucleares.
“El desastre que nos robó la naturaleza”
Fuminori Tamba, profesor de la Universidad de Fukushima expone datos que, según afirma, escamotearon las autoridades japonesas sobre la tragedia en la planta nuclear de su ciudad tras el terremoto y el tsunami del pasado año.
“Ese desastre nos robó la bella naturaleza de la región y obligó a decenas de miles a abandonar sus hogares.
El experto califica la tragedia como un escape grande de radiación que ha contaminado la tierra y las aguas, dañando todos la agricultura y la pesca. “El problema más grande es que el gobierno no informó a tiempo y muchas personas estuvieron expuestas a “una radiación inútil”. Se le pasó información inmediata al ejército norteamericano que no se les brindó a las personas expuestas. El gobierno solo lo admitió la fusión de los reactores dos meses después del accidente.
Los datos abruman. Más de 60 mil personas se han ido de la prefectura y aun más de 100 mil niños permanecen en refugios temporales. Los que no han sido evacuados viven en áreas contaminadas sin poder salir de aulas cerradas bajo fuerte calor en condiciones alarmantes para su crecimiento y salud.
De acuerdo con una encuesta de la Universidad, realizada en un universo de 30 mil personas, hay familias que han cambiado hasta 10 veces de hogar en unos meses, hogares divididos en instalaciones provisionales. El desempleo y el subempleo sobrepasa el 50 por ciento de la población laboralmente activa. Cerca de la mitad de los menores de 35 años evacuados no tienen interés en regresar a su lugar de origen.
El abuelo de Tamba es sobreviviente de Hiroshima. “Hace poco alguien me preguntó en la calle si era japonés, cuando le dije que sí me dijo: Fukushima”, comentó conmovido con la solidaridad de los cubanos y a ellos pidió que los acompañen en la lucha por la atención a los sobrevivientes y por un mundo desnuclearizado.
Al terminar su exposición entregó a Fidel un sello donde manos de niños sostienen una paloma.
También expuso sus experiencias el doctor Julio Medina, quien dirige el programa de atención a los niños víctimas de la tragedia de Chernobil, que en Cuba ha atendido a más de 26 mil personas en 21 años.
Nuestro deber es divulgar estos testimonios
Los hermanos japoneses -comenzó diciendo Fidel tras escuchar a los participantes en el Foro- han añadido un problema nuevo, que tiene que ver no solo con el uso de la bomba atómica o con el accidente de Chernobil, sino con accidentes naturales o no que desaten el uso no controlado de la energía nuclear.
“Es muy valioso valorar lo que ocurrió en 1945 y lo que sobrevino después con el uso de esa energía en aquella planta sin mucha seguridad, Chernobil, originando un grave accidente… Si seguimos hurgando, podríamos conocer con más detalles las consecuencias de aquellas pruebas que se hicieron en el Pacífico Sur, entre ellas lo que provocaron las lluvias radiactivas. Ahora tenemos nuevas noticias, tras el accidente en Fukushima. Por ejemplo, que Alemania haya anunciado que cerrará todas las plantas nucleares”, enumeró.
Casi nadie ha meditado mucho sobre el hecho de que hoy la energía nuclear está menos protegida que nunca. “Un avión pequeño puede provocar una catástrofe mucho mayor que la de Chernobil. ¿Y cuál podría causar un loco? ¿O un suicida? ¿Y acaso no los hay? Puede crear una peor todavía un hombre con un botón nuclear. En la época de Hiroshima y Nagasaki nadie disponía de tal botón. Eran solo dos bombas las que se habían producido, y fueron lanzadas deliberadamente… Nadie tenía entonces un botón nuclear, ni hacía falta”, añadió Fidel.
Hoy ha cambiado dramáticamente la situación y la humanidad es mil veces más vulnerable. Fidel explicó: “Son 25 000 armas nucleares las que tiene el mundo y cada vez son más automáticas las respuestas posibles, porque no disponen de tiempo los hombres para tomar las decisiones.”
El Comandante en Jefe recordó que Cuba sabe muy bien lo que es una crisis nuclear. “Nos tocó vivir la de Octubre de 1962, y sabemos lo cerca que estuvo el mundo de la catástrofe. Ahora será peor: hay bombas de varios megatones y mucho más precisas. Se han hecho pruebas con bombas que alcanzan decenas de veces la potencia de las que fueron lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, que apenas rebasaban algunas decenas de kilotones. Nadie sabe qué efectos causaron las lluvias ácidas tras esas pruebas”.
Por eso, dijo Fidel, “nuestro deber -y es la mejor forma de apoyar el esfuerzo de las víctimas de aquel bárbaro y brutal ataque contra Hiroshima y Nagasaki- es divulgar todo esto”. Por ello exhortó a los organizadores del Foro a que escribieran un libro que narrara las historias e incluyera los análisis que allí se habían compartido. Que se editara “con un lenguaje claro, en favor de la paz, de la eliminación de estas armas, persuadiendo al mundo. El reto no es que esto lo conozca un millón, sino millones. Es una gran batalla de ideas y la conciencia es fundamental”.
Y concluyó: “El mundo tiene que defender la causa más importante de todas: la supervivencia de la especie.”
Un acto de racismo nuclear
En esos términos se expresó Roland Olham, Presidente de la Asociación de Víctimas de las armas nucleares, de Tahití, quien luego de expresar un profundo reconocimiento a Fidel por su liderazgo y al pueblo cubano por haber resistido al bloqueo norteamericano por más de cinco décadas, realizó una potente denuncia contra Francia, por sus ensayos nucleares primero en Argelia y, tras la independencia de ese país, en la llamada Polinesia francesa.
Por más de 30 años, entre 1960 y 1996, explotaron en ese pequeño territorio del Pacífico 133 bombas, la mayor concentración de ensayos nucleares en un solo lugar del planeta.
Los norteamericanos, los ingleses y los franceses han utilizado el Pacífico para sus ensayos nucleares. Algunas islas del Pacífico como el Atolón de Muroroa se siguen usando como almacenes de desechos nucleares. Allí se han hecho más de cien ensayos subterráneos y el atolón está a punto de fragmentarse y pulverizarse. Si se desmorona, podría provocar un tsunami que causaría una gran catástrofe no solo para el Pacífico sino para el mundo por la gran cantidad de material radiactivo, químico, que contaminaría la vida marina.
“Lo que han hecho los franceses en mi país es un acto de agresión contra la minoría que somos. Es un acto de racismo que yo denomino “racismo nuclear”.
Oldham fue especialmente agudo en el análisis de la hipócrita política occidental que mientras habla de la paz, comete uno tras otros los más grandes crímenes. “Tienen sangre en las manos”, denunció y aseveró: “No se puede obtener la paz a través de las armas nucleares. No se puede cuando un país trata de agredir y dominar a otros…”
Un mundo con armas nucleares no puede existir
Tras escuchar la intervención del tahitiano Roland Oldham, Fidel siguió el hilo de la narración que había esbozado antes: ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar en este gravísimo problema que la humanidad tiene ante sí? El asunto primordial para el Comandante en Jefe es reconocer que “un mundo con armas nucleares no puede existir. No es compatible la paz con las armas nucleares, un hecho que cualquiera puede comprobar”.
La gran paradoja que se vive hoy es que el ser humano está más amenazado que nunca, y a su vez, es un hecho real que nunca la ciencia ha avanzado “a un ritmo tan fabuloso”, acotó el Comandante. Cuba es un ejemplo de cuánto nos hemos beneficiado de ella, particularmente de la ciencia médica, algo que ha compartido con decenas de países sin hacer la más mínima publicidad, y desde los primeros años de la Revolución, cuando un equipo médico de la Isla asistió a los argelinos víctimas de la guerra contra la invasión francesa. “Hay hechos que demuestran las posibilidades reales de nuestros países, aunque no seamos ricos”, y más adelante añadió una certeza: “Lidiando con estos problemas, la ciencia es capaz de salvar muchas vidas.”
Pero la primera y gran preocupación de Fidel -tema al que volvió mas de una vez en su intervención en el Foro- es “qué hacer por la supervivencia de la humanidad”. Hubo en torno a esta idea reflexiones memorables. Citamos una, que quizás explica por qué los diez hibakushas rindieron aquel emocionado homenaje a Fidel: “Nadie nos puede arrebatar la libertad para influir en los demás, dando a conocer la verdad que es la única forma de cambiar los acontecimientos… Se trata de una batalla que estamos obligados a ganar, y habrá que hacer todo lo posible para ganarnos el derecho a seguir existiendo.”
Lo diez hibakushas
Takaaki Kitamura
Nació en Nagasaki el 3 de enero de 1929. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 16 años. Vive en Nagasaki. Entró a esta cuidad al día siguiente de la agresión, como parte del equipo de socorro y fue testigo de las horrorosas escenas. Varios años después presentó hemorragias en la encías y otros síntomas debido a la exposición de las radiaciones. Al concluir la guerra, trabajó en la Universidad de Nagasaki y en el hospital de este centro. Sufrió cáncer de lengua y barbilla y necesitó de una operación.
Shokong Lee
Nació en Hiroshima el 15 de agosto de 1929. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 16 años. Actualmente vive en Hiroshima. Pertenece a la segunda generación de coreanos en Japón. Su papá fue traído a la fuerza por la colonización. Shokong trabajó en la Empresa Japonesa de Trenes y le impactó la bomba mientras se dirigía a la oficina. Sus padres entraron a la ciudad justo después de la bomba y debido a ello pasaron buena parte de su vida en hospitales.
Sadao Haraguchi
Nació en Nagasaki el 25 de junio de 1931. Tenía 14 años cuando lanzaron la bomba. Actualmente vive en Nagasaki. Recibió el impacto cuando se encontraba a 3 km del epicentro. Se dedicó a la docencia.
Shizuko Matsunaga
Nació el 1 de enero de 1932. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 13 años. Actualmente vive en Hiroshima. Cuando la bomba fue lanzada, ella era estudiante de secundaria y estaba preparándose para evacuar la ciudad. Sufrió quemaduras en la cara y el cuello. Su abuela, con quien vivía, fue aplastada por el armario que calló a causa de la onda expansiva y murió un mes después. Ella misma sufrió enfermedades a causa de la radiación y durante 6 meses permaneció en cama luchando contra una grave enfermedad a la cual sobrevivió milagrosamente.
Hiroshi Nakamura
Nació el 5 de enero de 1932 en Hiroshima. Recibió el impacto de la bomba a la edad de 13 años. Ahora vive en Fuchu-city, Hiroshima. Durante la guerra trabajaba en la Empresa Japonesa de Trenes y cuando se produjo el hecho, se dedicó a salvar y ayudar a otros sobrevivientes, además de recoger cadáveres. Un mes después de la explosión, presentó hemorragias en las encías y perdió el cabello. Tuvo que ser hospitalizado por reducción de glóbulos blancos. Actualmente es el presidente de la Asociación de los Hibakushas de Fuchu-city.
Kazumi Yamada
Nació el 3 de agosto de 1922 y recibió el impacto de la bomba en Nagasaki, a la edad de 12 años. Actualmente vive en Nagasaki. Nació en el noroeste de China por el trabajo de su padre. Llegó a Nagasaki para vivir con su abuela. Recibió el impacto de la bomba cuando se encontraba a 2,3 km del epicentro. Pertenece a la Asociación de la Promoción de Paz de Nagasaki trabaja como guía y contador.
Masakazu Masukawa
Nació el 2 de abril de 1941. Tenía 4 años cuando recibió el impacto de la bomba. Actualmente vive en Nagasaki. Estaba a 3,4 km del epicentro. Su abuelo y su padre, que estaban más cerca, murieron y jamás se encontraron sus cuerpos. Padeció un tumor medular cuanto tenía 37 años. Trabaja en la emisora de radio Nagasaki Housou y se dedica a producir programas sobre experiencias Hibakushas. Es director del Museo para la paz en Nagasaki.
Mitoshi Nagashima
Nació el 13 de abril de 1941. Tenía 4 años cuando recibió el impacto de la bomba. Actualmente vive en Usuki-city, Oita. Estaba a 2 km del epicentro y sufrió quemaduras en su brazo izquierdo y en ambas piernas, donde aún tiene cicatrices. Su padre había muerto en la batalla de China y sus madre y sus abuelos recibieron la radiación, pero no sufrieron efectos graves. Es director de la Asociación de Hibakushas de Usuki-city.
Ritsuko Ishikawa
Nació el 15 de enero de 1944 en Hiroshima, donde reside. Recibió el impacto de la bomba cuando tenía un año. Es la segunda de tres hermanas. Tras la bomba, perdió a su padre y a dos tías con quienes vivía. Siete años después, su madre falleció por las secuelas de la radiación y ella y sus hermanas fueron criadas por su abuela. Actualmente es maestra de escuela.
Tadayoshi Ogawa
Nació el 23 de marzo de 1944. Recibió el impacto de la bomba cuando tenía 1 año, en Nagasaki, donde vive. El día en que cayó la bomba su familia se encontraba fuera de la ciudad y cuando regresaron, recibieron los efectos de la radiación. Se dedica a la fotografía y todos los años toma fotos de Nagasaki a las 11.02 horas del día 9 de agosto (momento exacto en que EEUU lanzó la bomba contra su ciudad).
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