martes, 4 de febrero de 2025

Cuba: colaboracionismo y posverdad


Guantánamo, el nefasto lugar al que Trump quiere enviar a miles de migrantes


Un símbolo del terror imperialista. 

 El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un memorándum ordenando al Pentágono y al Departamento de Seguridad Nacional ampliar las instalaciones de un centro para detener migrantes que está ubicado en la base militar de Guantánamo, en Cuba. Quiere enviar 30.000 migrantes allí. 
 La prisión de Guantánamo, famosa por la violación sistemática de los derechos humanos, fue construida en 2002 por orden de George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Llegó a albergar a casi 800 detenidos, en su gran mayoría de origen musulmán. Más de veinte años después, a pesar de las promesas por cerrarlo, aún quedan 30 reclusos, muchos de los cuales ni siquiera están acusados de un delito. 
 Por las vejaciones barbáricas que se cometieron contra los reclusos, Guantánamo puede ser considerada como todo un símbolo del terror imperialista. Su existencia muestra también el papel de Estados Unidos como opresor y explotador de naciones, en tanto implica la usurpación de una parte del territorio de Cuba. 
 En Guantánamo, además de la tortura en los interrogatorios, se ha denunciado que los detenidos no pueden recibir visitas de abogados y familiares. Hubo decenas de prisioneros que no fueron juzgados ni condenados en 20 años. A los detenidos que llevan más de una década en la cárcel se los conoce como “presos eternos”. 
 Los métodos aplicados por los soldados, matones y espías de la burguesía yanqui van desde ahogamientos simulados, pasando por el uso de técnicas de privación del sueño, violaciones y la exposición a temperaturas extremas, hasta la tortura y la desaparición forzosa. Majid Khan, al relatar su experiencia –denuncia que fue violado por médicos de la CIA–, dijo que sus primeros años en Guantánamo fueron de “muerte lenta”. 
 En 2013, cuando Estados Unidos se encontraba bajo el imperio del demócrata Barack Obama, los reos llevaron adelante una huelga de hambre. Varios de sus protagonistas fueron obligados por los esbirros de Guantánamo a alimentarse a través de tubos. A la par de ese proceso tuvieron lugar, al interior de EE.UU., movilizaciones que reclamaron el cierre de la base y la libertad de todos sus presos. Se trata de reivindicaciones que son levantadas actualmente por organizaciones de derechos humanos. 
 Obama prometió cerrar Guantánamo, pero bajo su gobierno no solo continuó funcionando sino que murieron allí más presos que bajo el mandato de Bush. Biden hizo la misma promesa. Trump directamente parece esforzarse por aparecer como un fanático de la base militar. 
 Intentando reforzar su campaña represiva, Trump busca presentar a los migrantes como criminales. Pero Trump no será el primero en deportarlos a Guantánamo: la mayoría de los migrantes que ya están confinados allí desde gobiernos anteriores proviene de Haití o Cuba. Permanecen allí “detenidos de manera indefinida en condiciones similares a las de una prisión, sin acceso al mundo exterior y atrapados en un sistema punitivo” (El País, 30/1). 
 Un informe publicado por la ONG Proyecto Internacional para la Asistencia a los Refugiados (Irap, por sus siglas en inglés) señala que los edificios están repletos de moho y tienen problemas en las cañerías, y denuncia que las familias con niños se alojan junto a adultos solteros. Además, no hay allí servicios educativos ni tratamiento psiquiátrico especializado. Los detenidos no pueden realizar llamadas telefónicas confidenciales, ni siquiera para hablar con sus abogados, y a menudo se los somete a crueles castigos.
 El gobierno norteamericano mantiene un estricto hermetismo sobre el funcionamiento del centro, por lo que la vulneración de los derechos humanos debe tener magnitudes mucho más grandes.
 Este 7 y 8 de febrero habrá, en Buenos Aires y otras ciudades del mundo, jornadas de acción contra el racismo y en defensa de los migrantes, que fueron aprobadas en una reunión internacional virtual con la participación de referentes de numerosos países, a raíz de una iniciativa del Comité de Frente Unico del Partido Laborista de los Estados Unidos (UFCLP, por sus siglas en inglés). Citas de honor para todo trabajador.

 Nazareno Suozzi

lunes, 3 de febrero de 2025

Díaz-Canel: A la contraofensiva imperialista, respondamos con la unidad


EEUU: Trump afirma a los tumbos la dictadura de poder personal


Tanto las acciones como declaraciones de Donald Trump en su primera semana de mandato pusieron de manifiesto la intención del presidente norteamericano de imponer un cambio en el régimen político. La tentativa es establecer un régimen con superpoderes para el presidente, pasando por arriba de las leyes existentes, del Congreso y de la propia Constitución. 
 Trump apunta a realizar una depuración ideológica y política de los funcionarios públicos, además de un “achique del Estado”; impulsa detenciones y deportaciones masivas de inmigrantes, generando un clima de terror; ha lanzado una persecución a activistas solidarios con Palestina (en especial estudiantes extranjeros amenazados de ser expulsados); y busca ejecutar recortes de gastos sociales ya votados por el Congreso. 

 Motosierra 

El presidente y la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB, por sus siglas en inglés) emitieron un memorando que congelaba temporalmente “todas las actividades relacionadas con la obligación o el desembolso de toda la asistencia financiera federal”, lo cual paralizó a unos dos mil programas que dependen del financiamiento del gobierno federal, tanto de gobiernos estatales y locales, universidades y escuelas públicas, comunidades indígenas y diversas ONG que atienden la alimentación u otras ayudas sociales a los sectores más empobrecidos de la población. La orden, firmada por el director interino de la OMB, instruía a todas las agencias federales a dejar de gastar en los programas que administran si “pueden estar implicados por cualquiera de las órdenes ejecutivas del presidente” o si “promueven la equidad marxista, transgénero y las políticas de ingeniería social del Nuevo Trato Verde”. La confusión sobre qué situaciones abarcaba este decretazo de tintes fascistas paralizó diversos servicios, incluidos los vinculados a la salud y las medicinas para una gran parte de la población, y generó una gran conmoción. La medida fue cuestionada por la oposición del Partido Demócrata y en forma no tan pública fue criticada incluso por sectores Republicanos, y finalmente fue dejada en suspenso por un juez federal. Trump debió recular al menos transitoriamente. Es el segundo revés judicial en apenas una semana (el anterior fue el referido a la orden ejecutiva que quita el derecho a la ciudadanía a los nacidos en EE.UU. de padres inmigrantes ilegales). 
 La crisis judicial que se ha instalado promete continuar. Elon Musk (el encargado de la motosierra) afirmó en el Wall Street Journal que Trump consideraba inconstitucional la Ley de Control de Embargos de 1974: esta ley obliga al gobierno a ejecutar los gastos votados por el Congreso, justamente el mandato que acaban de violar con la congelación decretada. “La congelación del gasto federal fue el primer paso de una enorme batalla constitucional sobre la separación y el equilibrio de poderes legales en Estados Unidos, en la que Trump y su equipo pretenden transferir la mayor cantidad posible de poder del poder legislativo al poder ejecutivo”, afirmó un articulista del Financial Times. El mismo analista destaca una frase del memorando de la OMB respecto a “alinear el gasto y la acción federales con la voluntad del pueblo estadounidense expresada a través de las prioridades presidenciales” (no del Congreso), y concluye: “El gobierno, en definitiva, de un solo hombre”. Y concluye: “Este ataque tanto al poder del Congreso sobre el dinero como al estado administrativo de Estados Unidos es un autogolpe de Estado tan grande como lo fue el acicate de los insurrectos el 6 de enero de 2021.” 
 El gobierno también ha lanzado una amenaza masiva de despidos, ante lo cual ofrece la alternativa de un retiro “voluntario”. Unos dos millones de funcionarios públicos han recibido un correo electrónico donde se les da la opción de renunciar antes del 6 de febrero, lo cual les permitiría continuar en planilla cobrando el sueldo hasta el 30 de septiembre. La oferta aplica a todos los empleados federales de tiempo completo, con algunas excepciones (personal militar, Servicio Postal, servicios de migración y seguridad nacional). Como han denunciado varios sindicatos (como por ejemplo el del Tesoro, que agrupa a unos 150.000 funcionarios) se trata de una intimidación y una amenaza de ser despedido sin indemnización alguna en caso de no acogerse a este plan. Los sindicatos han convocado a no aceptar el despido incentivado. 
 Otro elemento que generó gran confusión fue cuando el gobierno anunció la suspensión por 90 días de las ayudas establecidas a diversos países, tanto económicas como militares, lo cual obligó al Secretario de Estado Marco Rubio a aclarar que este congelamiento no afectaba a Ucrania. 

 Guantánamo 

Tras la primera oleada de detenciones y deportaciones masivas, Trump provocó una crisis con el gobierno de Colombia, enviando cientos de personas en aviones militares y esposadas como si fueran criminales. De hecho existía ya un protocolo entre EE.UU. y Colombia que se había llevado a la práctica en gobiernos anteriores, que Trump no respetó. Lo mismo ha sucedido con otros países, como por ejemplo ha denunciado el gobierno de Brasil.
 Luego, y mientras le ponía la firma a la ley fascista “Laken Riley” (que permite detener y deportar a inmigrantes sin papeles acusados de delitos menores), Trump anunció que instruyó al Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional que ampliara las instalaciones del Centro de Operaciones para Migrantes de la Bahía de Guantánamo (GMOC) para que pueda encarcelar a 30.000 migrantes. Se trata de la cárcel de la base de Guantánamo (base instalada ilegalmente en territorio cubano), conocida como un verdadero campo de concentración y de torturas, que ha sido utilizada para encerrar indefinidamente a detenidos sin orden ni proceso judicial de todo el mundo (particularmente del Medio Oriente), y también en determinados momentos a inmigrantes ilegales latinoamericanos bajo administraciones anteriores (de Haití, Cuba, etc.). En este, como en muchos aspectos, Trump no inventa nada, sino que lleva al extremo las tendencias más reaccionarias de la política del imperialismo, saltándose toda restricción legal y proclamando abiertamente lo que antes se hacía en secreto. Esto no es solo un cambio en cantidad, sino que implica un salto en calidad que impulsa un gobierno y un régimen que no admite restricciones legales para llevar adelante el programa que demanda el capital imperialista. 
 En el 80 aniversario de la liberación de Auschwitz, el jefe del declinante imperialismo anuncia la instalación de un campo de concentración para detenidos sin proceso ni garantías. 
 La “oposición” del Partido Demócrata parece emular a los gobernadores y parlamentarios peronistas: una parte de los Senadores y Congresistas del PD votaron la fascista Ley Laken Riley, lo cual fue elogiado por el presidente: “Esto es algo que ha unido a demócratas y republicanos”. El senador demócrata de Pensilvania, John Fetterman, estuvo presente en la firma del proyecto de ley por parte de Trump.

 Aranceles 

La palabra preferida de Trump en este inicio del gobierno es “aranceles”, con los cuales amenaza a diestra y siniestra, no solo a los competidores comerciales (China, Rusia) sino también a los socios y aliados (México, Canadá, Unión Europea). 
 Trump reiteró que a partir del 1° de febrero se establecerá una tasa del 25 % a las importaciones provenientes de México y Canadá, países integrantes del tratado de libre comercio de Norteamérica, que sería así olímpicamente violentado. Una medida de este tipo, que hasta ahora no ha sido descartada, sería un golpe brutal a la economía de estos países. Por otra parte, tendría un impacto sobre la carestía de la vida en los propios Estados Unidos, por más que Trump diga que no necesita el petróleo y la madera proveniente de Canadá, porque podría producirlos en el propio país. De hecho, Canadá tiene una balanza del comercio industrial deficitaria con EE.UU., o sea que es un destino de exportaciones importante para la producción yanqui. El pretexto de Trump es que así propiciará el trabajo dentro de EE.UU., pero los aranceles de la principal potencia del planeta no tienen un objetivo meramente defensivo sino ante todo ofensivo. Apunta a descargar la crisis sobre los competidores en el mercado mundial. Más que “proteccionismo” es una agresión económica, un arma en la guerra por la dominación del mercado mundial. 

 Resistencia 

Mientras tanto, aumentan las protestas en diversas ciudades contra la política represiva contra los inmigrantes. Fue el caso de la manifestación del 28/1 frente a la Junta de Educación del Estado de Oklahoma, repudiando la resolución que exige pruebas de ciudadanía o estatus migratorio a las familias de las escuelas públicas. La resolución viola la 14a Enmienda, y jurisprudencia de la Suprema Corte que establece que los Estados deben permitir que los hijos de inmigrantes sin papeles asistan a escuelas públicas en las mismas condiciones que los hijos de los ciudadanos. El gobierno de Trump, del cual el superintendente de las escuelas estatales de Oklahoma es partidario, ha convertido las escuelas públicas en un coto de casa de inmigrantes ilegales. Esta persecución ha generado un temor generalizado pero también las primeras protestas públicas. 
 Unos días antes, el 17 de enero, los estudiantes de las escuelas US Grant y Capitol Hill organizaron una manifestación y un paro escolar, en el que se movilizaron acompañados de sus padres y educadores, y portando pancartas y carteles muy contundentes: “Desde Palestina hasta México, todos los muros tienen que caer”; “Los niños inmigrantes son niños”; “Las familias no tienen fronteras”; “Ser mexicano no me convierte en un criminal”. Aun más clara era una pancarta que recordaba: “Hitler comenzó con deportaciones masivas”. 

 Rafael Fernández 
 31/01/2025

domingo, 2 de febrero de 2025

La marcha “antifascista” en Argentina, una derrota para el gobierno y sus secuaces


La marcha antifascista que tuvo su centro en Buenos Aires, con actos y marchas que se desarrollaron en más de un centenar de ciudades, movilizó en las calles de todo el país a cerca de un millón de personas. Entre la Plaza de Mayo y Congreso hubo medio millón, igualando a la gran jornada del 2x1 a los genocidas en 2016. La movilización en Córdoba y Rosario superó las 50.000 personas. Lo mismo ocurrió en Tucumán y Mendoza, con entre 15 y 20.000 manifestantes. Las demostraciones se prolongaron en el interior de las provincias, como los balnearios de la Costa, en Buenos Aires, o Villa María, Cruz del Eje y muchas otras localidades de la provincia de Córdoba. Frente a los consulados y embajadas de Europa, se convirtió en una jornada internacional contra la entente fascista de los Milei y los Trump. 
 Cristina Kirchner redujo esta gran marcha (a la que no concurrió) a una expresión de “aspiraciones y emociones”, que ella, además, no comparte como expresión de la libertad individual. Es un fracasado intento de malversación política. CFK tiene una larga tradición clerical en oposición al derecho al aborto y a otros derechos (así como una pasión mileista por la destrucción de glaciares y perjuicios al equilibrio climático), que tuvo que replegar ante la demostración de fuerza del movimiento de la mujer, bajo el gobierno de Macri, para imponer el derecho al aborto. La prensa patronal fue todavía más siniestra: luego de una semana de advertencias al gobierno contra el peligro de politizar su hostilidad a los derechos de la mujer y a los derechos de las disidencias sexuales, los editoriales del domingo privaron a la marcha de su carácter político antifascista. Aprovecharon para esta marcha atrás el recule del ‘gatillo fácil’ Bullrich, que entregó a la metropolitana la supervisión policial de la demostración; el macrismo se ganó, así, su momento ‘wok’. En algunos medios se ha intentado iniciar una pseudo discusión respecto de lo que es o no es fascismo, incluido el intento de psicoanalizarlo, cuando lo que importa, en concreto, cuando una parte considerable de las masas convoca a un lucha contra el fascismo, es reforzar todavía más la agitación contra él. Por otro lado, Milei es un aliado estratégico de Trump y Bolsonaro, los organizadores de los asaltos al Capitolio norteamericano y a la sede de los Tres Poderes, en Brasilia, acciones directas incuestionablemente fascistas. Es además un aliado de sangre de Netanyahu, el perpetrador del bombardeo de quince meses de la Franja de Gaza, carente de defensa antiaérea, para proceder a una “limpieza étnica” – típicamente fascista -, que Trump acaba de oficializar con todas las letras. Ante el hecho consumado de una convocatoria antifascista, la izquierda ‘wok’ se empeñó en aligerar la carga bélica de la consigna. 

 Derrota de los liberticidas, los desafíos para los trabajadores 

Milei encomendó a Bullrich no aplicar el protocolo anti-piquetes y retirar de la circulación a todas las fuerzas federales en la tarde del sábado, “para evitar incidentes con los manifestantes”. Los liberticidas cedieron así ante la fuerza de las masas y la simpatía generalizada con la manifestación. El Gobierno se declaró derrotado de antemano. Incluso el Arzobispado porteño, como también ocurre con el rechazo de la iglesias al neonazismo en Alemania, protestó por la decisión oficial de vallar a la Catedral. Lección importante: se puede derrotar al Gobierno y a las patronales dando un impulso de masas a la lucha contra los despidos y por las reivindicaciones de trabajo y salario. En la tarde ayer, los represores debieron meter violín en bolsa ante una movilización de carácter masivo. Cuando los burócratas se refugian en la “pasividad de la gente” o “el protocolo de Bullrich” para no luchar, sólo buscan una coartada para disimular su propia complicidad y compromiso con el gobierno liberticida. La marcha antifascista los ha desenmascarado sin atenuantes.
 Las luchas por delante son enormes: la defensa de la Salud y la Educación Públicas; contra un nuevo acuerdo con el FMI y una mayor esclavización financiera. En cuanto a la Reforma Laboral, avanza a un ritmo impresionante, mediante el despido o la desvinculación de la planta existente para reemplazarla por una fuerza de trabajo sin contratos ni derechos. El pelotón lo encabezan Toyota, Acindar, Bridgestone, Techint, las petroleras, y se difunde en todo el tejido industrial, con la colaboración directa de las burocracias sindicales, que supervisan este desguace, y en otros casos por inmovilismo u omisión. Es la gran guerra de clase que han desatado Trump y Musk a escala internacional.
 Es una lucha que también debe ser encarada internacionalmente por la clase obrera. 

 Marcelo Ramal 
 02/02/2025

El capital digital no es “tecnofeudalismo”


Yanis Varoufakis encabeza la corriente que identifica al fascismo con el pre-capitalismo. El desarrollo de la corriente ultraderechista internacional que encarnan los Trump y Milei, es caracterizado entre la intelectualidad ‘wok’ como un “tecnofeudalismo”. Es lo que sostiene en un libro, videos y reportajes, Yanis Varoufakis, el ex ministro del gobierno ‘wok’ de Syriza que en 2015 capituló vergonzosamente ante la Troika del FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. 
 Varoufakis atribuye a los “capitalistas de la nube” la condición de nuevos señores feudales. “La ganancia ha sido reemplazada por la renta (de nube)”. “El capital- nube no produce nada”, asegura Varoufakis; sólo se dedica a “modificar la conducta humana”, moldear “deseos o inclinaciones”, “secuestrar la atención” de los usuarios. “El comercio ya no está en los mercados sino en los feudos de la nube”, afirma, en relación a las aplicaciones que operan como grandes oferentes de mercancías. Según el economista griego, han consagrado el “triunfo de la renta sobre el beneficio”. Para Varoufakis el trabajo aplicado a la economía digital no crea valor, ni por lo tanto plusvalía, ni finalmente tasa de beneficio. Asistimos a un retorno al feudalismo, donde no existe el trabajo “en general” sino los trabajos particulares, no hay creación de valor ni plusvalía, sino “renta”. Si la generación de la riqueza no surge de la ganancia ni del mercado, concluye, “no es capitalismo”. 
 En una operación de malabar, cancela el agotamiento del capitalismo como forma histórica determinada de explotación social, y decreta un pseudo retorno al pasado – pre-capitalista. De aquí nace la ‘tesis’ de que los Trump, Musk o Milei plantean ‘retrotraer’ el capitalismo a formas perimidas de organización social, cuando en realidad se proponen acentuar un mundo capitalista imperialista mediante guerras y masacres. “El capitalismo está muriendo” - dice sin tapujos el ex ministro griego- “víctima de su mayor creación: los cloudistas o nube-listas”. El capitalismo se ha disuelto a sí mismo (algo cuya posibilidad los ‘wok’ negaron todo el tiempo), no por una vía revolucionaria sino contrarrevolucionaria.

 Renta, ganancia y competencia

 El primer exabrupto conceptual del economista griego es asociar a la renta con el feudalismo, y oponerla a la ganancia como dos categorías históricamente excluyentes. Pero la renta es el ingreso de la clase social que monopoliza los medios de producción vinculados a los atributos naturales -el suelo, el subsuelo, las fuentes de agua. Kautsky, gran estudioso de la renta del suelo, señaló que “no (hay que) confundir la renta territorial capitalista con las obligaciones impuestas en otros tiempos al campesino por el señor feudal” (La cuestión agraria). Es, sin embargo, la confusión que exhibe Varoufakis, que ve un renacimiento de la renta feudal (tributos impuestos desde afuera), en reemplazo de la retención de una parte, crecientemente menor, del beneficio capitalista por parte del capital territorial. La renta territorial aparece en el periodo histórico de la subordinación definitiva de la agricultura -y de un modo general, de todas las formas del trabajo humano- al capital. Marx, por eso mismo, consideraba a la renta como una forma particular de la ganancia extraordinaria, es decir, del beneficio adicional que obtenía un capitalista que lograba producir en condiciones medias superiores a los de sus competidores. 
La renta no existe como “nube” -sea digital o no: es una detracción del plusvalor proveniente de la explotación capitalista de la fuerza de trabajo. En la tecnología digital hay trabajo humano, creación de valor y plusvalía. En el “capitalismo en la nube”, no hay nada que no corresponda a una ganancia extraordinaria, cosechada sobre medios estrictamente capitalistas, incluida la apropiación privada del conocimiento generado en la academia -como ocurrió con Google y la Universidad de Stanford- o el financiamiento generoso del presupuesto público, como lo reconoce el propio Varoufakis.
 Trátese de una renta o una ganancia extraordinaria, ella, insistimos, es una detracción del trabajo no retribuido a la clase obrera. El malabarismo conceptual de Varoufakys no tiene otro propósito que el de sustraer a la industria digital del proceso de explotación social, para postular una regulación capitalista del proceso que caracteriza como feudal. 

 Deseos, necesidades y explotación social 

En sustitución de un análisis concreto que vincule a la industria digital con las relaciones sociales existentes, Varoufakis echa mano de un conjunto de vaguedades que colocan a su análisis en una “nube”. El “cloud capital” (capital en la nube) “no produce nada”, dice, apenas trabaja para “modificar la conducta humana”. “Entrenamos a la red- afirma Varoufakis- para que ella nos entrene en determinar qué queremos”. Esta inocuidad económica no le impide al capital tecnológico encabezar el alza de las Bolsas, lo que probaría que el dinero puede salir de la nada y otros dislates. Entre las ‘modificaciones de la conducta humana” Varoufakis no incluye a las Fuerzas Armadas, que se valen de la IA para masacrar pueblos y establecer nuevas formas de colonialismo sin salir de un escritorio o central de comando. 
 Con este conjunto de afirmaciones, Varoufakis pretende sustraer a la industria digital de las leyes de circulación del capital y de la creación de riqueza social adicional por medio del trabajo humano. Pero ninguna de las funciones de la “nube” puede apartarse de la metamorfosis del capital: las grandes plataformas se nutren de la publicidad, o lucran con la monetización de sus contenidos. Cuando, por fin, contribuyen a la manipulación ideológica o política, lo hacen como parte de una operación mercantil -los candidatos del capital “monetizan” esas manipulaciones con aportes económicos millonarios a la red. De un modo pueril, Varoufakis asume que las plataformas de compra y venta de mercancías o servicios “han terminado con el mercado” (“Amazon determina lo que puedes comprar o no”). No advierte, sin embargo, el carácter contradictorio de esa relación mercantil: Amazon o Mercado Libre ejercen una exclusión sobre los productos o capitales que no participan en su aplicación; pero al mismo tiempo, concentran y potencian la circulación de las mercancías de quienes sí lo hacen. Varoufakis caracteriza a esas empresas dependientes del comercio digital como “capitalistas vasallos”…del “tecnofeudalismo”. Pero no existe entre ellos nada diferente a lo que ya existía entre el capital productivo y otras formas funcionales del capital -como el capital comercial y el financiero. “El Capital” de Marx se ha ocupado extensamente del vínculo dialéctico -de colaboración y antagonismo- entre esas diferentes formas funcionales. El capital comercial asegura a la gran industria la centralización y distribución de mercancías a la mayor escala; el capital financiero, a su turno, los medios para la reproducción ampliada del capital, y para el consumo de las masas más allá de las posibilidades inmediatas y limitadas del salario. A través del comercio y del crédito, ofrecen una salida provisional a la contradicción planteada por la expansión constante de la producción, de un lado, y su realización, del otro, en el marco de “la expropiación y pauperización de grandes masas de productores” (Marx). Entre los emprendedores digitales de “garaje” (Apple) o un gabinete universitario (Google) y los actuales colosos capitalistas, han mediado la Bolsa y los fondos internacionales. A través de la Bolsa, los “capitalistas vasallos” entrelazan su futuro con el de los supuestos “señores feudales”. Por otra parte, la separación entre las diferentes formas funcionales del capital es también premisa de su entrelazamiento: Elon Musk, el “nubelio” por excelencia, se ha ensuciado las manos con los autos eléctricos de Tesla y la industria satelital. La industria digital y de la IA está sedienta de los recursos energéticos que consumen (y que explican la lucha por el acaparamiento de los mismos a escala planetaria). Varoufakis ha convertido en “feudal” a la oligarquía capitalista de la industria digital, por eso se abstiene de explicar las transferencias de valor que tienen lugar en el conjunto de la economía.

 “Nube”, clase obrera y explotación 

Varoufakis describe al empleo derivado de la industria digital como una legión de “Proletarios precarios de la nube”. Afirma que existe un “desvío de la plusvalía” generada por esos trabajadores hacia los “tecnofeudalistas”. Con ello, admite que la supuesta renta de las “Tecnos” es un producto de relaciones sociales capitalistas. Pero lo anacrónico es considerar a ese beneficio como un “desvío”: como ya se explicó, la gran industria actual no podría prescindir de la “nube” para la realización de sus mercancías. En oposición a los idealizadores del capitalismo de robots -o de las máquinas valorizándose a sí mismas- el capitalismo nubelio se ha encargado de articular una gigantesca plataforma de fuerza laboral -solo por citar un caso, los miles de trabajadores concentrados en Amazon. Los tecnofeudales han parido, no un mundo de siervos, sino un salto fantástico de la proletarización general. Nada de esto escapa a las contradicciones del capital, que necesita compensar el incremento extraordinario del trabajo pretérito (no creador de valor), que domina en la industria digital, con un aumento en el grado de explotación absoluta de la fuerza de trabajo en otras ramas vinculadas a esa misma industria. Por las mismas razones, los Musk y sus sirvientes políticos son defensores acérrimos de las reformas laborales flexibilizadoras y de la eliminación de impuestos. Su afirmación de que “los sindicatos sólo se ocupan de los trabajadores formalizados” es notoriamente falsa, porque en todos lados se firman convenios a la baja y suspensiones sin remuneración. 

 Tecnofeudales “en apuros”

 Varoufakis caracteriza al enfrentamiento entre las tecnológicas norteamericanas y chinas como “una rivalidad entre feudos, y no una competencia entre capitalistas”. Según él, los tecnofeudales compiten por otras fuentes rentísticas -el suministro de materias primas y energía. Pero a Varoufakis se le quemaron los papeles después de la emergencia de la start up DeepSeek, cuya irrupción -a costos de producción muy inferiores a las IA americanas- ha provocado un derrumbe, no en un feudo, sino en la muy capitalista bolsa de Wall Street. En un video muy reciente, el economista griego admite ahora que el tecnofeudalismo está “in trouble” (en dificultades). Pero las “dificultades” obedecen a las leyes estrictas del capital. Los expertos empiezan a referirse a una “commoditización” de la industria digital. Varoufakis no se ha detenido en las consecuencias últimas de la competencia capitalista en curso -ni más ni menos que el salto de la guerra comercial y tecnológica a la guerra imperialista. Los recursos de la digitalización y de la Inteligencia Artificial están crecientemente volcados a la industria bélica. No es un retorno al feudalismo: la expropiación del capital y la dirección consciente del proceso social por parte de la clase obrera-se plantean como necesidad histórica. 

 Coalición política

 Varoufakis, en cambio, constata que el socialismo “no llegó”, pero sí un “postcapitalismo” que, como vimos, sería un retorno sui géneris al pasado “feudal”. La organización obrera, de cara a esa realidad, seria “insuficiente”. Lo que plantea es una “gran coalición” integrada por los actuales “vasallos” del tecnofeudalismo -los capitalistas que ofrecen sus productos en la red, sus usuarios y los trabajadores. El programa de este frente no sería siquiera la nacionalización o expropiación de la industria digital sino iniciativas de “boicot a los tecnofeudos” o “huelgas de pagos” -enfrentar al capital en la nube con métodos mercantiles. Varoufakis llama a los trabajadores y a la izquierda a encolumnarse contra los “dueños de la nube”. Trata de “feudales” a los Musk y sus jefes políticos con el propósito de reivindicar a los agentes “democráticos” del capital imperialista, igualmente partidarios de afrontar las contradicciones en curso por medio de la competencia, de la guerra y de la acentuación de la explotación laboral. Nada que no hubiera dicho y hecho como ministro de Syriza hace década y media. Cuanto más ‘innova’, Varoufakis más marca el paso en el mismo lugar.
 A despecho de los Varoufakis, el llamado capitalismo digital ha desplegado sobre la mesa todas las contradicciones del régimen social. Por un lado, permitió un salto en la productividad del trabajo, la producción y la circulación internacional de mercancías a escalas antes desconocidas. A término, ha agravado el choque entre producción y valorización, entre una apropiación de trabajo ajeno que es cada vez más estrecha en relación al capital pretérito que reclama un beneficio. La acentuación de un “polo de riqueza”, de un lado, y un “polo de miseria”, del otro, de guerras y choques entre capitalistas, acentúa la transición histórica entre el capitalismo y el socialismo, y agudiza los antagonismos que preparan la revolución socialista. Pone a la humanidad ante el desafío, no del poscapitalismo o de un tecnofeudalismo, sino del socialismo. El obstáculo para ello no es el “proceso objetivo”, como cree Varoufakis. El gran obstáculo son los izquierdistas “a la Varoufakis”, en especial sus seguidores ‘troskistas’, como el varoufakiano Fernando Rosso. 

 Marcelo Ramal
 01/02/2025

sábado, 1 de febrero de 2025

‘Aún Estoy Aquí’, el largometraje sobre la dictadura brasileña nominado al Oscar


Aún estoy aquí pelicula brasilera 

Ganadora de importantes premios internacionales (Goya, Globo de Oro), estrenada en el Festival de Venecia, ternada y con altas posibilidades de quedarse con la estatuilla como mejor film internacional en la noventa y siete entrega de los Oscar, “Aún estoy aquí” es un film basado en las memorias del escritor brasileño Marcelo Rubens Paiva que relata los avatares de una familia golpeada por la última dictadura cívico militar de Brasil, que se extendió desde el 31 de marzo de 1964 (fecha del golpe de Estado contra el presidente Joao Goulart) hasta el 15 de marzo de 1985. Según el libro “Derecho a la Memoria y a la Verdad”, publicado por la Secretaría de Derechos Humanos del gobierno brasileño, “475 personas murieron o desaparecieron por motivos políticos en aquellos años” (“Direito a Memoria e a Verdade”, 24/09/2016). Sin dejar de lado que más de ocho mil integrantes de comunidades aborígenes fueron masacrados en dicho periodo de años. 
 Rubens Beyrodt Paiva, padre del escritor en cuyo libro se inspira la película, fue diputado nacional por el Estado de Sao Pablo por el Partido de los Trabajadores de Brasil (PTB). Con la irrupción del golpe, perseguido por las fuerzas militares y policiales, decidió exiliarse por lo menos un año en Yugoslavia y Francia. La angustia de no poder ver a sus seres queridos lo llevó a cambiar de avión y volverse a su tierra natal. En 1971, un grupo de tareas lo secuestró de su hogar, en Río de Janeiro, lo trasladó a un cuartel militar, donde fue duramente torturado y asesinado. La película retrata cómo su esposa Emilce Piava y sus cinco hijos deben escapar para sobrevivir. Y cómo ella se transforma en una de las voceras en la lucha por la memoria, verdad y justicia. 
 Visible en la aplicación Prime Video, el film no tiene aún fecha de estreno en pantalla grande. Que el film haya superado los tres millones de tickets vendidos (más del uno por ciento de la población total) en menos de tres meses de estar en cartel en el país carioca es la demostración de un pueblo hambriento de justicia, de verdad, de memoria.
 Walter Salles, director de esta nueva obra del séptimo arte, y creador de películas de alto renombre internacional, como “Estación Central” (1998) y “Diarios de Motocicleta” (2004), entrevistado por la Agencia EFE, dejó algunos conceptos importantes. “Mediante tomas analógicas, algunas grabadas por los propios actores, que permitieron recuperar la textura de los años 70, la película busca construir memoria, ya que relata lo que sucede en una dictadura a través de la óptica de una familia”, apuntó.
 Pocos años antes de culminar la dictadura, el gobierno militar promulgó la Ley de Amnistía (1975) que habilitó el retorno de los militantes políticos, sociales, personalidades del arte y la cultura exiliados, pero a la par protegió a militares, políticos y civiles partícipes en las violaciones, torturas, secuestros y crímenes. Dicha legislación no fue creación solo de los genocidas brasileños, ya que también en Argentina se aprobaron leyes de impunidad. Al respecto, Salles esgrime que “Esta amnistía es, con el tiempo, una amnesia. No crea un marco entre un antes y un después (…) En cierto modo, la película tuvo éxito ya que presenta una comprensión precisa de la memoria de aquel periodo (…) La sociedad va cuestionando ese olvido colectivo”. 
 Así como “Infancia Clandestina” (Argentina, 2011) retrata la historia de un chico, en el paso a la adolescencia, en medio del contexto de la dictadura militar de 1976-1983, “Aún estoy aquí” también desarrolla un mensaje altamente personal, cargado de vivencias, ternura y emotividad. Tratando así de correrse, tanto física como mentalmente, de la presión, de lo oscuro, de la muerte. 
 En tiempos de renovado negacionismo tanto en Brasil como en Argentina (Bolsonaro, Milei, etc.), este nuevo largometraje; debe servir como sostén para levantar bien alto las banderas de la memoria, verdad y justicia. Porque el pueblo no perdona, no olvida ni se reconcilia. 

 Maxi Robes