El despido del primero, unos pocos días antes, había provocado protestas en todo el país. Zelensky ha presentado la controversia como producto de un conflicto personal entre estos dos jefes militres.
El ministro Fedorov (35 años) asumió el cargo en enero de 2026 con un mandato para impulsar la modernización tecnológica, la interconexión de las tropas y un uso más eficiente de recursos. Muchos lo consideran el arquitecto del vuelco que dio la guerra, o sea, del éxito de los ataques en profundidad sobre territorio interior ruso y Crimea.
Tras evaluar las 120 brigadas ucranianas, Fedorov identificó que alrededor de una sexta parte sufría por liderazgo deficiente y propuso “consolidarlas”, reasignando personal a unidades más eficaces en lugar de seguir enviando nuevos reclutas a formaciones ineficientes. Otras reformas clave incluían mejorar la rotación de tropas: según la Inspección General los recambios deben ser cada 40 días -actualmente los soldados permanecen hasta 200 días en el frente-, reorganizar los Cuerpos de Ejército para facilitar el mando y la rotación, y priorizar a comandantes innovadores que reducen bajas mediante el uso intensivo de tecnología.
Sin embargo, estas iniciativas chocaron con el general Syrskyi, quien veía en ellas una intromisión del Ministerio en el mando operativo. Mientras este último ordenaba consolidaciones y reasignaciones, el Estado Mayor creaba nuevas brigadas y dispersaba unidades de élite. La tensión alcanzó su punto máximo cuando recursos y personal se desviaron hacia formaciones con altos índices de bajas y métodos controvertidos Fedorov ordenó una auditoría que destapó gastos excesivos por 300 mil millones de dólares, aplicó pruebas de detector de mentiras a funcionarios y destituía a quienes se negaban o fallaban. También impulsó licitaciones públicas que habrían, afectado intereses establecidos. Mientras Fedorov se presenta como un “modernizador”, a Syrskyi lo llaman “el carnicero” por su predisposición a sacrificar a su propia tropa en el frente. Cada facción se atribuye el éxito de las operaciones con drones y los ataques a la Península de Crimea.
Esta crisis oculta otro andarivel, que no es la privatización de la guerra y el monto de asistencia militar del imperialismo, sino el reclutamiento. Ucrania atraviesa una rebelión popular contra el alistamiento para la guerra. Fedorov defiende una política de ‘incentivos’, incluyendo notificación previa, períodos definidos de servicio y mejor entrenamiento de tropas antes de enviarlas al frente. Además, prevé triplicar el salario de la infantería de primera línea hasta 7.000 dólares mensuales, desmovilización parcial para los soldados con más antigüedad y un plan para regularizar la situación de unos 300.000 ausentes sin permiso, concediendo un plazo de cien días para regresar sin castigo. Tras la salida del ministro estos ajustes se han puesto en entredicho.
Fedorov es señalado por crear su propio ecosistema de inspección del presupuesto (por ejemplo, fabricantes de drones), lo que ha entrado en conflicto con los "controladores" cercanos al presidente y su entorno. La designación de un ministro interino no alcanza a disimular esta pelea, que en última instancia es el dominio sobre las Fuerzas Armadas, cuando los planes de guerra contra Rusia, de parte de la OTAN, han crecido en forma exponencial.
La remoción de Oleksandr Syrskyi como comandante en jefe es inseparable de la destitución previa de Fedorov. Su salida se aceleró tras la caída de Fedorov, cuando quedó claro que el enfrentamiento entre el Estado Mayor y el equipo reformista había dañado la cadena de mando. Al remover primero al ministro y luego al comandante, Zelensky busca cortar de raíz cualquier polo de autoridad alternativo dentro de las Fuerzas Armadas, especialmente en un momento en que las encuestas mostraban a ex militares como Zaluzhny (ex jefe del ejército destituido en 2024) y al propio Fedorov con creciente apoyo popular: “La popularidad de Fedorov se dispara un 30% en medio de las protestas y supera la de Zelensky” (The Kiev Independent, 22/7). Detrás de las disputas internas operan las diferencias en la OTAN acerca de la aceleración de la guerra en el este de Europa, cuando Trump prepara un desembarco terrestre en Irán. Todos los frentes de guerra del imperialismo (y de Rusia) enfrentan el síndrome del “fracaso estratégico”. El costo de esta doble remoción es alto en un escenario de crisis de reclutamiento.
En Ucrania existe una larga disputa interna que, en el pasado, tuvo como epicentro el mando de los organismos anticorrupción del país por el control del enorme presupuesto militar. Zelensky se vio obligado a recular en su intento de copar estos organismos luego de que su círculo íntimo terminara enredado en casos de malversación de fondos. Esas agencias quedaron finalmente bajo supervisión europea.
Aunque Ucrania ha registrado avances en la guerra, en particular con los ataques a buques rusos en el mar de Azov, Moscú ya ha iniciado una respuesta simétrica, con intensos bombardeos sobre Odesa y el ataque sistemático a cualquier embarcación que intente entrar en el puerto.
“Zelensky dijo que, si Putin anuncia una movilización general el 23 de septiembre, entonces nadie estará de humor para bromas ni reformas digitales. Tenemos que abordar la movilización antes de esa fecha”, cita el Pravda. Según la inteligencia ucraniana el Kremlin estableció esa fecha para un llamado general a las armas.
Camilo Márquez
23/07/2026


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