viernes, 20 de febrero de 2026

Argebntina: La contundencia del paro y algunas lecciones para Adorni


El paro nacional se hizo sentir fuerte en el transporte y la industria, los puertos y los bancos, escuelas y ministerios, en las calles vacías, y más aún en el golpe que acusó el gobierno. Aún con una CGT que sembró intrigas hasta último momento y se dedicó meses a negociar sus cajas en lugar de deliberar con los trabajadores, el acatamiento masivo muestra la presión desde abajo y que en los lugares de trabajo crece el rechazo a la reforma laboral. Cuando el cierre de Fate sintetiza la pulseada por llevarnos a una Argentina donde la clase obrera sea descartable, el paro vuelve a demostrar que son los trabajadores los que mueven la economía, y que sin sus músculos y sus nervios el capital no es nada. 
 La contundencia de la medida de fuerza fue destacada hasta en los medios de comunicación más embanderados con la reforma laboral, pero desde el gobierno trataron de mostrarse indemnes. Con Milei otra vez haciendo de lustrabotas de Trump en Washington, el que tuvo que salir a decir algo fue el jefe de gabinete, Manuel Adorni, quien como no pudo desestimar el impacto adujo que “el paro es perverso porque, si te cortan el medio de transporte, por más ganas que tengas de trabajar no podés hacerlo”. Lección 1: si todos los días la gente va a laburar es porque hay un conjunto de trabajadores que hace funcionar el transporte; sin esa fuerza de trabajo, nada sería como es. 
 Según sus estimaciones, “hoy probablemente tengamos una pérdida de $600 millones de dólares”. Es cierto que las cifras que tira Adorni no sirven mucho para tener en cuenta, pero más allá del número nos lleva a la lección 2: otra vez, la riqueza del país solo se produce si la clase obrera está dispuesta a poner su fuerza de trabajo; sin ese trabajo, las máquinas, rieles, puertos, barcos, energía y computadoras no podrían valorizar ni un centavo el capital invertido.
 También afirmó que van a demandar a los sindicatos del transporte por la medida de fuerza (un derecho consagrado que precisamente se busca liquidar con esta reforma laboral esclavista), y lo fundamentó diciendo que los gremios “nos contestaron que el paro no se hacía por un reclamo salarial sino por la oposición a la reforma. Están reconociendo que es un paro político”. Lógicamente, la ley que quieren sancionar afecta el salario, además de una larga lista de derechos laborales colectivos que los trabajadores están defendiendo con esta acción. Pero además los "paros políticos" del movimiento obrero modelaron la historia de este país, empezando por las huelgas del Centenario que antecedieron a los derechos políticos, el 17 de octubre, el Cordobazo, contra el Rodrigazo en el '75, o el Argentinazo de 2001. En menor medida, pero más fresco, las movilizaciones de aquel diciembre de 2017 enterraron la reforma laboral de Macri, a pesar de la sanción del robo jubilatorio. Lección 3: la huelga política de masas es la perspectiva que tenemos que desarrollar para aplastar la reforma esclavista y a este gobierno antiobrero. 
 El paro, que la CGT se resistió a convocar hasta que la indignación era generalizada y se rehusó a darle un carácter activo, vuelve a poner sobre la mesa quiénes hacemos funcionar al país todos los días. Con este intento de legalizar la superexplotación laboral buscan que el capital se apropie de una porción mayor del valor que producimos con nuestro tiempo y nuestro esfuerzo. Y eso no para un crecimiento económico, sino para seguir fugando capitales y hundiendo al país en la decadencia. Como quedó al descubierto con las críticas de Caputo a la centrales empresarias por la falta de entusiasmo y con el cierre de Fate, esto solo mejora las condiciones para que descarguen la crisis sobre los trabajadores. Los parásitos son los capitalistas. 
 La conclusión del paro nacional es que para derrotar al gobierno antiobrero de Milei y la destrucción masiva de puestos de trabajo necesitamos un plan de lucha hasta la huelga general. Es el camino que planteó una vez más el sindicalismo combativo frente al Congreso, y que el Sutna pone en práctica junto a los mil obreros del neumático que se plantan en Fate.

 Ivan Hirsch

miércoles, 18 de febrero de 2026

CON FILO | ¿Cuál es la Cuba que queremos?


Trump redobla las amenazas sobre Haití


La catástrofe humanitaria crece con cada intervención internacional.

 Haití entró en una nueva crisis de poder cuando venció oficialmente el mandato del Consejo Presidencial de Transición. Este órgano colegiado había asumido el poder en 2024 con la misión de estabilizar el país, reorganizar el Estado y convocar elecciones tras años de crisis agravada por el asesinato del presidente del país, Jovenel Moïse, en 2021. 
 Antes de disolverse, el Consejo intentó destituir al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, pero Donald Trump lo “persuadió” con el arribo de tres buques de su armada que se encuentran desplegados en el Caribe. Fue una clara declaración de respaldo a Alix Didier Fils-Aimé y a su continuación en el poder. Así, el Consejo se disolvió sin haber logrado elecciones ni un acuerdo político para reemplazarse a sí mismo.
 El Poder Ejecutivo quedó concentrado de facto en el primer ministro, quien continúa ejerciendo funciones sin que exista presidente ni Parlamento activo; su capacidad real de control es muy limitada. 
Las pandillas dominan el 90 % de Puerto Príncipe y de otras grandes zonas, ya que en los últimos seis meses se han expandido con una velocidad inusitada hacia el centro y el norte del país. Alix Didier Fils-Aimé sigue ahí por la sola voluntad de Trump. Las pandillas se dividen los territorios y conviven organizadas bajo una coalición. La cara visible de esta asociación de pandillas es Jimmy Chérizier, conocido como Barbecue. Todas compran en forma unificada las armas que vienen desde Estados Unidos.
 La crisis humanitaria en Haití ha alcanzado niveles extremadamente graves, con implicaciones en seguridad alimentaria, desplazamientos, educación, salud y protección. 5,7 millones de personas —más de la mitad de la población— enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. La violencia armada y la inseguridad han causado desplazamientos internos masivos: aproximadamente 1,4 millones de personas han huido de sus hogares, lo que representa cerca del 12 % de la población total. Más de la mitad de estos desplazados son niños. En muchos casos viven en condiciones precarias en escuelas, edificios públicos o albergues improvisados, con acceso limitado a alimentos, agua potable y servicios sanitarios. La venta de los niños, por parte de familias que están en estado de inanición, es alarmante. La mitad de los miembros de las pandillas son menores de edad.
 Más de 1.600 escuelas cerraron durante el ciclo escolar 2024-2025, dejando sin acceso a la escuela a más de 240.000 estudiantes. Solo el 11 % de las instalaciones hospitalarias con capacidad de internación está funcionando plenamente y ha habido reaparición de brotes de cólera.
 La situación caótica de Haití es responsabilidad de la intervención internacional permanente bajo la batuta de Estados Unidos. 
 Junto con los gobiernos de Canadá y Francia, George W. Bush organizó en 2004 el golpe de Estado contra el primer presidente electo democráticamente en Haití, Jean-Bertrand Aristide. El Consejo de Seguridad de la ONU fue cómplice de la operación al hacerse cargo del país a través de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Fue la operación internacional más prolongada del siglo XXI en el país. Muchos países enviaron efectivos —que cometieron vejámenes y oprimieron a los haitianos— para relevar al ejército yanqui ocupado en otras invasiones. 
 En 2017, la Misión de las Naciones Unidas de Apoyo a la Justicia en Haití (MINUJUSTH) —formada solo por civiles y policías— reemplazó a MINUSTAH debido al desastre que habían hecho todos los efectivos militares. Después de eso, hubo diversas “misiones de seguridad”, todas con intervención extranjera, que fracasaron una tras otra. 
 El año pasado, las autoridades de Haití contrataron a una empresa paramilitar de Erik Prince —cofundador de Blackwater— para hacerse cargo de la seguridad del país. Prince está acusado de crímenes de guerra y su trayectoria ha demostrado que solo sabe atacar a población civil desarmada. El contrato con estos mercenarios se ha mantenido en secreto, sin publicarse ni el monto de la paga, ni el reglamento, ni la cantidad de efectivos, ni el prontuario de cada uno. Según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los operativos de la empresa privada mataron a más de 970 personas de marzo a diciembre del año pasado, incluidos 39 civiles, 16 de ellos niños. Luego de eso, Estados Unidos, con el apoyo de Panamá, impuso una resolución para autorizar una fuerza internacional mucho más grande, de 5.550 miembros, conocida como la “Fuerza de Supresión de Pandillas”, con derecho a detener y encarcelar a haitianos. 
 En todos los casos, lo que Estados Unidos busca es mantener una intervención en la cual los costos estén socializados entre varios países. La importancia de Haití no radica en la relevancia de sus recursos -como sería el caso de Venezuela-, sino en su ubicación en el Caribe, tan próxima a Estados Unidos, y en la necesidad de mantener un castigo histórico que, por carácter transitivo, el imperialismo yanqui le asesta a Haití en nombre del imperialismo francés. El castigo no solo por haber declarado la primera independencia de América, sino por haber realizado la primera revolución de esclavos del continente. El crimen de Aristide —que le valió el golpe en 2004— había sido reclamarle a Francia que devolviera la “indemnización” que Haití había sido obligada a pagar en 1825 por haber declarado su independencia, cuyo monto actualizado calculó en 20 000 millones de dólares. 
 El otro problema que representa Haití para la gestión Trump es la inmigración. 
 Estados Unidos requiere el control del país para frenar el flujo migratorio, al tiempo que busca repatriar a todos los exiliados haitianos que en Estados Unidos viven en carácter de refugiados. 
 Trump ha revocado el Estatus de Protección Temporal (TPS) para ciudadanos de Haití, pero esto fue revertido por un fallo judicial de una magistrada de origen latino. 
 Ana Reyes rechazó por segunda vez el recurso del Gobierno para forzar la eliminación de las protecciones migratorias de más de 300.000 haitianos y denunció montones de amenazas de muerte que le llegaron a través de las redes sociales. 

 Aldana González 
 16/02/2026

martes, 17 de febrero de 2026

La Conferencia de Seguridad de Múnich dio el OK a la guerra contra Irán


Este último domingo finalizaron los tres días de debates de la 62ª Conferencia de Seguridad, con la presencia de unos 60 dirigentes de Estado. No fueron invitados, sin embargo, dos países relevantes sobre la llamada “seguridad internacional”, como Rusia y China. Ninguna de las mesas o entrevistas abordó la situación en el golfo Pérsico, adonde Trump ha enviado una Armada con dos poderosísimos portaaviones (el Abraham Lincoln y el Gerald Ford), ni la catástrofe humanitaria que amenaza a Cuba debido al bloqueo de sus importaciones de petróleo, ni tampoco el sistema internacional de sanciones y piratería en aguas internacionales establecido por Donald Trump. Los disertantes dieron indigna sepultura al ‘viejo orden internacional basado en reglas’, mientras que el canciller alemán Friedrich Merz sentenció que el mundo ha ingresado en una “época de poder y de política de grandes potencias”. En definitiva, no se habló de “seguridad”, sino de guerra. Para uno de los editorialistas principales del Financial Times, la Conferencia “no calmó el choque transatlántico, sino que lo amplió y profundizó”. Sin una alusión concreta, no se refirió sólo a la guerra comercial, sino al reclamo de Tump para que la Unión Europea capitule en la guerra contra Rusia en Ucrania y se avenga a concesiones territoriales a Moscú, que podría incluir un cambio de régimen en Kiev. En Múnich, aunque en sesiones al margen de la Conferencia, se habilitó la presencia activa del hijo del fallecido exmonarca de Irán, Reza Pahlevi, quien exhortó a un bombardeo masivo de su propio país. En ausencia de un liderazgo opositor al régimen clerical de los ayatolás, el imperialismo mundial ha sacado del cloroformo, como un globo de ensayo, a una dinastía sin raíces en las masas iraníes. 
 Marco Rubio, el secretario de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional de Trump, pronunció un discurso de características imperiales. Como si el mandato de su gobierno no estuviera limitado a cuatro años, puso como condición para una ‘normalización’ de las relaciones entre Estados Unidos y Europa una ‘limpieza étnica’ de la población inmigrante, incluidos los descendientes con ciudadanía. Descendiente de cubanos emigrados, Rubio convocó a un retorno al “cristianismo”, con un colosal desprecio por las raíces indígenas y africanas de los pueblos del Caribe y América del Sur y, por supuesto, de América del Norte. El discurso de Rubio es un puente tendido a Putin, quien se destaca por la reivindicación de esos mismos “valores civilizatorios’. La diatriba recibió réplicas menores, pero no la denuncia de un imperialismo genocida.
 El abismo abierto entre los imperialismos europeos y el norteamericano ofreció espacio para que los jefes de gobierno europeos ventilaran la necesidad de una “disuasión nuclear común”, independiente de Estados Unidos. El planteo abriría el ingreso de Alemania al “club nuclear” (lo mismo que Japón), dando entierro completo a la prohibición de un rearme de dos de las tres expotencias del Eje nazi-fascista. Como quiera que el inglés Starmer y el francés Macrón son virtuales ‘patos rengos’ en sus países, el “club nuclear’ podría quedar presidido por el Reencuentro Nacional y el partido Reforma, ambos fascistas, si una movilización de masas no los destruye, e incluso en Alemania por la ‘neonazi’ AFD, vista la crisis del gobierno de coalición que encabeza el democristiano Friedrich Merz. Rubio, llamado ahora ‘el pequeño Marcos’, lanzó un llamado abierto a favor del voto por el ultraderechista húngaro, Orban, que ha perdido el primer lugar para las elecciones que tendrán lugar en abril próximo.
 La Conferencia de Seguridad de Múnich ha formalizado la prevalencia de la guerra en la política mundial. El discurso imperial, sin embargo, es incompatible con la democracia política; los “cambios de civilización” no pueden ponerse a votación cada cuatro años y las elecciones intermedias. Más allá de los discursos, no obstante, la Conferencia aprobó de facto una guerra de larga duración en el Medio Oriente, para barrer con Irán, Yemen y lo que queda de Palestina. Esta guerra hará ingresar a otras fuerzas al escenario, como Turquía y Arabia Saudita; la geografía de la guerra mundial se acrecienta a grandes pasos. Lo mismo ocurre con las amenazas a Cuba en América Latina. Esta guerra ya conmociona políticamente a la mayor parte del mundo; es necesario que la clase obrera internacional la convierta, por medio de la lucha, en la tumba del imperialismo. 

Política Obrera 
 Redacción
 16/02/2026

lunes, 16 de febrero de 2026

Mesa Redonda: Cuba frente a las drogas


El caso Epstein ¿Otro escamoteo de la verdad?


Hay muchos secretos terribles enterrados en los archivos, lo más probable es que nunca conozcamos la verdad
 Las misivas descubiertas sugieren que Epstein utilizaba los «secretos» para obtener poder y controlar a la élite mundial.

 Los secretos develados por el expediente del traficante de personas y pedófilo, Jeffrey Epstein, sobrepasan cualquier antecedente por horroroso que sea. Las terribles revelaciones no solo son perturbadoras, describen mejor que todo la decadencia moral y espiritual del occidente capitalista.
 Tráfico sexual, violaciones de menores, torturas, canibalismo, rituales satánicos, no dejaron ningún horror por probar. Pero una de las cosas más terribles de este caso es conocer cómo un depravado sexual se hizo atractivo para quienes estaban convencidos de que la ley, las normas y las reglas no se aplicaban a ellos. 
 En Europa la publicación de los documentos ha implicado a grandes personalidades de la política, la economía y la sociedad en general del «viejo Continente». 
 Sin embargo, muchos analistas opinan que, al otro lado del Atlántico, en EE. UU., donde Epstein cometió varios de sus crímenes, los problemas de los políticos europeos contrastan con la élite estadounidense. 
 «Realmente es hora de que el país pase a otra cosa», dijo el presidente Donald Trump la semana pasada, cuando un periodista le volvió a preguntar sobre sus nexos con Epstein. 
 Rosa Monckton, exdirectora ejecutiva de Tiffany & Co., declaró a Vanity Fair en un artículo de 2003: «Crees que lo conoces y luego quitas otra capa de la cebolla y hay algo extraordinario debajo», dijo, refiriéndose al criminal. 
 Sin dudas lo que escondía bajo sus capas «la cebolla Epstein» era infernal, diabólico en grado sumo. Las misivas descubiertas sugieren que utilizaba los «secretos» para obtener poder y controlar a la élite mundial. 
 Tras la publicación realizada por el departamento de Justicia recientemente, entre las relaciones el pedófilo con varias figuras destacadas, aparecen Elon Musk, Bill Gates y el secretario de Comercio, Howard Lutnick. 
 La estrecha relación de Jeffrey Epstein con Ehud Barak, quién fue ministro de Israel, desde 1999 hasta 2001 y desempeñó, entre otros, los cargos de Ministro del Interior (1995), apunta a que Epstein trabajara para Israel. Recientemente Barak corroboró que había asistido a comidas y cenas en la casa del traficante, en Manhattan. 
 Este lazo explicaría el poder que el régimen sionista ejerce sobre no pocos políticos estadounidenses y europeos. Parece que Epstein logró recopilar muchos «trapos sucios».
 Ahora resulta que la pesquisa realizada por el FBI no logró confirmar la existencia una «lista de clientes», reza el comunicado de un agente especial de supervisión del FBI, publicado por AP. 
 En esa misma línea, la entonces fiscal federal adjunta, Maurene Comey, en un correo electrónico dirigido a funcionarios del FBI el año pasado, escribió que ninguno contenía evidencia que implicara a alguien más que a Epstein y su expareja y cómplice, Ghislaine Maxwell.
 Nada mejor para distraer a la humanidad de lo que están haciendo. Como los prestidigitadores, escamotean ante nuestros ojos la verdad, nos hacen mirar a otro lado, mientras saquean, bombardean, invaden, secuestran y destruyen.
 Hay muchos secretos terribles enterrados en los archivos, lo más probable es que nunca conozcamos la verdad, la profundidad de la depravación que acompaña a la élite mundial. 

 Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu 
 13 de febrero de 2026 22:02:18

El pensamiento de la barbarie


Me da pudor repetirme, pero luego de treinta años, siempre escucho y leo los mismos argumentos, más cargados de obviedad que de confirmación histórica, como si el mundo hubiese sido creado ayer. Por supuesto que nadie es dueño de la verdad y hasta los físicos cuánticos del MIT se equivocan con los quarks, pero es penoso tener que escuchar, con respeto, teorías de borrachos de bar (por recordar a Umberto Eco) como si estuviesen descubriendo la pólvora o, peor, la piedra filosofal; y como si sus desvaríos o, peor, sus clichés de siempre tuviesen el mismo valor que la Teoría de la evolución o la Teoría de la Relatividad. 
 Hoy, a los borrachos de bar, se les han sumado mercenarios académicos, o algo parecido, dispuestos a sostener que “la Tierra es el centro del Universo” con tal de que alguna gran editorial (a juzgar por la historia, promovidas por la CIA y por pequeñas donaciones de grandes corporaciones) los lance a la fama y a ingresos de ventas que, de otra forma, por el solo peso de sus ideas, seguirían siendo solo borrachos de bar―con algún título universitario, claro. El mercado y la cultura consumista saben lo que hacen: explotan nuestras emociones cavernícolas, en instituciones medievales, con una tecnología de los dioses―por parafrasear a Edward Wilson. 
 Desde hace muchos años, cada vez que en alguna de mis clases dibujo tres rombos contiguos en la pizarra y pregunto qué es, siempre, y sin excepciones, los estudiantes me responden que “es un cubo”. 
 No son niños, son universitarios. 
 “¿Un objeto de 3D?”, insisto, para que no queden dudas. La respuesta es siempre obvia: 
 “Sí, ¡claro!” Un objeto de tres dimensiones. No recuerdo una excepción en ninguna de mis clases, pero sí sabemos que algunos pueblos de Polinesia, antes de la colonización, solían ver una figura en 2D, en lugar de un cubo; en cambio, no veían una historia en una secuencia de una historieta. 
 Cuando estoy un poco aburrido, arrimo la cara a la pizarra y miro la figura del supuesto cubo desde la superficie: 
 “Pues, yo no veo ningún objeto”, les digo. “Desde aquí, más bien se ve una línea, como si desde sus butacas se viese sólo una figura en de dos dimensiones…” 
 “El cubo es real porque lo puedo ver”, me dijo un estudiante.
 Le proyecté una pantalla amarilla. 
 “Es este color que ven aquí real?” 
 Respuesta unánime: 
 “Obvio, es el amarillo. It’s the color yellow. Lo vemos todos. Es real”. 
 “Entiendo. Es real” les contesté. “Sin embargo, es una realidad que no existe. Al menos, no es más real que los sueños.”
 Hubo una risa unánime. 
 Este amarillo no existe fuera de nuestros cerebros. El proyector, como cualquier pantalla digital, sólo proyecta verde, rojo y azul. Ni siquiera nuestra retina tiene conos sensibles al amarillo. Es una ilusión, una ilusión consistente que nos evita chocar en un cruce con semáforos. Exactamente igual a la inexistencia del olor de una rosa, que solo existe cuando alguien la acerca a su nariz. Antes y después, el olor no existe. O Nocturnos de Chopin. Esa belleza de piano es una “complicidad humana”, pero sin una persona que la escuche, es simple vibración del aire, como el olor es simple química antes de convertirse en olor en un cerebro animal. 
 Tengo un gran respeto por los jóvenes, porque sé que, aún de viejos, seguimos aprendiendo, cambiando o ajustando nuestra comprensión del mundo. Para peor (¿por qué para peor?), nunca podemos decir que alcanzamos la verdad, al menos que seamos algún tipo de fanático, uno de esos que sobran en la historia de la Humanidad. 
 Lo que me queda claro es que, sin la ahora maldita educación (“los profesores son los enemigos”, JD Vance, JG Milei) deberíamos empezar como los sumerios antes de sus complejas tablets de arcilla y su Silicon Valley, hace 5.200 años; o como los cavernícolas, casi un millón de años atrás, dominando el fuego para, así, de viejos, descubrir que el 73 es el número más misteriosos o que menstruar no significa estar enferma, sino todo lo contrario. 
 Esta proyección de lo que entendemos (el cubo) sobre lo que vemos (los rombos) es universal. También creo que ya analizamos y repetimos hasta el cansancio que hay palabras que son ideoléxicos (¿cubos?) y, por lo tanto, su significado es un producto histórico, el resultado de múltiples luchas filosóficas, políticas y sociales (La narración de lo invisible: Una teoría política sobre los campos semánticos, 2004). 
 Así también, por ejemplo, cuando hablamos de Europa y África en el siglo XIII, o más tarde, proyectamos en esas dos palabras nuestro limitado conocimiento y vemos un continente desarrollado y otro pobre, el exacto contrario de la realidad. 
Lo mismo con los siglos que duró el Imperio árabe y la Europa de entonces. Una era el centro desarrollado del mundo y otra una periferia llena de fanáticos talibanes―y no era precisamente el mundo islámico. 
 Lo mismo podemos decir con palabras como “estadounidense”: los más fanáticos chauvinistas ni siquiera consideran que el pasado es un país extranjero, y que el estereotipo de “americano”, el cowboy (ese mexicano blanco) tipo Clint Eastwood (esa invención de un italiano) hubiese sido irreconocible para la generación fundadora, más británica en sus formas―no en su fanatismo de la propiedad privada a través de la violencia del despojo ajeno. 
 Esta tesis que publicamos en la Universidad de Georgia en 2004, aunque ponía el acento en una guerra cultural (sin negar el valor históricamente probado de la lógica marxista del materialismo dialectico, aunque en apariencia se le oponga) pretendía exactamente lo contrario a los productos sucesivos de la actual guerra cultural. 
 Cuando leímos afirmaciones como que “el nazismo era de izquierda” porque su nombre completo era “Nacional Socialismo”, lo tomamos como cuando un niño nos dice que en la Antártida los pingüinos caminan patas arriba, porque el Sur está abajo. O que la Tierra es plana, para no irnos tan lejos. Naturalmente que el comercio del odio, la crueldad y la tontería siempre será muy rentable para las grandes editoriales y los grandes medios. 
 Si seguimos esta línea de análisis pseudo-etimológico, habrá que decir, sin ningún lugar a dudas, que “los libertarios son comunistas anarquistas”. Ese es el origen de la palabra y de la bandera libertaria. Es decir, o sea, Ron deSantis, los MAGA, los libertos de Milei, de Bolsonaro, de Kast (los neofascistas, los miembros ultraconservadores del CPAC que fundó esta corriente orgullosa de su mediocridad) son anarco-sindicalistas y comunistas anarquistas. Digo, para entendernos con el nivel cloaca que domina hoy el pensamiento (si se puede llamar así) antiilustrado y anti cultura. 
 El pensamiento de la barbarie. Claro, para disimular, hay que acusar a los demás de nuestras dolencias. Un personaje de El mar estaba sereno (2016), whisky mediante, reconocía que “había fracasado repetidas veces en el vulgar intento de ser amado por los demás. En compensación, había logrado la admiración y el temor ajeno, como un dios antiguo, aunque en la medida justa y necesaria. Pero no el cariño y mucho menos el amor de nadie… Con el tiempo había desarrollado su propia teoría psicológica, a pesar de sus rudimentos intelectuales: todo individuo que se ama por lo que hace, se detesta por lo que es”. 

 Jorge Majfud | 21/01/2026

domingo, 15 de febrero de 2026

James Petras (1937–2026): una voz de clase contra el imperio


James Petras falleció pacíficamente el 17 de enero de 2026 en Seattle, Washington, rodeado de su familia. Prolífico académico y activista, dedicó su vida a desafiar el poder, el imperialismo y la desigualdad. Su muerte irrumpe en un momento en que América Latina vuelve a estremecerse bajo el peso de reformas antiobreras, militarización interna y ofensivas abiertas del capital financiero. No es un dato menor: Petras dedicó su vida a demostrar que el imperialismo no es una metáfora ni una consigna, sino una estructura concreta de dominación que articula capital transnacional, Estados subordinados y élites locales asociadas. Nacido en Boston en 1937, formado en la Universidad de Boston y doctorado en Berkeley, profesor en Binghamton University, fue más que un académico prolífico; fue un intelectual militante que eligió intervenir en la lucha de clases latinoamericana con nombre y apellido.
 Su obra sobre el imperialismo en el siglo XXI, la recolonización financiera y el papel de las burguesías compradoras anticipó procesos que hoy se despliegan con brutalidad. Mientras el progresismo administraba la transición al neoliberalismo y la derecha perfeccionaba su aparato represivo, Petras insistía en que el modelo no era un error técnico sino el resultado de una derrota histórica de la clase trabajadora. Denunció que el neoliberalismo no avanzó solo por decretos del FMI o del Banco Mundial, sino también por la construcción de una red capilar de mediaciones “sociales” que desactivaron la confrontación directa. 
 En Chile esa advertencia tuvo un rostro preciso. Durante la transición pactada, las ONG proliferaron al calor del financiamiento extranjero y del discurso de la “sociedad civil” como sustituto del poder popular. Muchas de ellas, que en los años de dictadura cumplieron tareas humanitarias valiosas, fueron progresivamente reconvertidas en engranajes de una arquitectura política destinada a administrar la pobreza, fragmentar la organización obrera y reemplazar la lucha de clases por proyectos, talleres y microemprendimientos. La desmovilización social que acompañó la consolidación del modelo neoliberal no puede comprenderse sin ese dispositivo que, bajo lenguaje progresista, operó como correa de transmisión del plan imperialista: contener, canalizar y neutralizar el conflicto para garantizar la estabilidad del mercado y el pago disciplinado de la deuda.
 Petras fue implacable en esa crítica. Señaló cómo la financiación condiciona agenda, método y horizonte político; cómo el énfasis en la autoayuda desplaza la responsabilidad estatal; cómo la cooperación internacional se convierte en subordinación estructural. Su denuncia no fue una diatriba moral sino un análisis material: cuando el movimiento obrero es reemplazado por gestores de proyectos, cuando la solidaridad de clase es sustituida por la competencia por fondos, el capital gana sin necesidad de tanques. La experiencia chilena de los noventa y dos mil confirmó esa tesis con creces. 
 Al mismo tiempo, su defensa del análisis de clase frente al culturalismo fragmentario mantiene plena vigencia. La precarización masiva, la informalidad y el desarraigo no disolvieron la explotación; la reconfiguraron. La tecnología no abolió la clase trabajadora; la sometió a nuevas formas de control y autoexplotación. El antiimperialismo no se volvió obsoleto con el fin de la Guerra Fría; se profundizó con la financiarización global y el extractivismo intensificado. En ese sentido, la figura de Petras reaparece hoy cuando se anuncia una nueva vuelta de tuerca autoritaria en Chile bajo la figura de José Antonio Kast, expresión descarnada de un proyecto que combina liberalización económica, disciplinamiento social y alineamiento geopolítico sin matices. 
 Pero honrar a Petras no significa canonizarlo. Su obra debe leerse críticamente, discutirse, tensionarse allí donde simplificó o donde su polémica fue más amplia que rigurosa. Justamente porque fue un intelectual de combate, su legado exige el mismo tratamiento que él reclamaba para el marxismo: análisis concreto de la situación concreta, sin dogmas ni concesiones. Leer a Petras hoy implica volver sobre sus textos sobre imperialismo, ONG y clase, confrontarlos con la experiencia acumulada y utilizarlos como herramientas para reorganizar una oposición de clase frente a la ofensiva que se despliega. 
 En un momento en que la derecha radicalizada pretende convertir la regresión social en programa de gobierno y en que amplios sectores del régimen se disponen a colaborar en nombre de la gobernabilidad, la mejor despedida para James Petras no es el homenaje ritual, sino la acción consciente. Leerlo, criticarlo, actualizarlo y superarlo allí donde sea necesario es parte de la tarea de recomponer una estrategia antiimperialista y obrera capaz de enfrentar el proyecto que hoy personifica Kast. Porque si algo sostuvo Petras hasta el final fue que sin organización independiente de los explotados no hay soberanía, no hay democracia real y no hay futuro para los pueblos. 

Fernando López MacKenzie

sábado, 14 de febrero de 2026

Cuba: sin perdón al colaboracionismo


Bad Bunny en el Super Bowl: un potente espejo de la rebelión que cruza a los Estados Unidos


La reciente actuación del cantante de origen puertorriqueño Benito Martínez Ocasio, conocido popularmente como “Bad Bunny”, ha generado un revuelo internacional. De origen obrero, Martínez Ocasio trabajaba a tiempo completo empaquetando comida en un supermercado, hasta que logró su inserción al gran circuito musical. Los ambientes que transita el cantante durante los casi 14 minutos de espectáculo muestran las zonas de cultivo de azúcar en el norte de Puerto Rico; los comercios callejeros de las zonas urbanas de la isla y la ya famosa “Casita” que imita a un típico hogar de trabajadores. Es muy conocida por ser una parte esencial de las escenografías de sus conciertos. 
 Las canciones del autor fueron acompañadas por una amplia gama de otras estrellas destacadas en Estados Unidos y del mundo, de origen latino. Desde dos púgiles, Xander Zayas, puertorriqueño de 23 años, campeón unificado del peso superwelter y considerado la mayor figura actual del boxeo en la isla, y el pugilista mexicano estadounidense Emiliano Vargas, hasta destacados cantantes y estrellas de Hollywood como el actor chileno Pedro Pascal, la actriz Jessica Alba, la cantante colombiana Karol G, la rapera estadounidense Cardi B, la rapera puertorriqueña Young Miko y la personalidad televisiva estadounidense Alix Earle. 
 Otras apariciones de alto nivel incluyeron a Lady Gaga, de amistad muy reconocida con el cantante, que interpretó la canción “Die with a smile”, para luego compartir un baile sobre el escenario con Bad Bunny. Otro destacado cantante puertorriqueño, Ricky Martin, interpretó partes de la canción “Lo que le pasó a Hawái”, que denuncia el proceso de gentrificación de la isla, así como el desplazamiento del poder de la población nativa de origen polinesio hacia fines del siglo XIX, cuando fue anexada por los Estados Unidos. Hawái ocupa un lugar especial en la historia estadounidense puesto que en 1993 el Congreso norteamericano dictaminó a la anexión de la isla como ilegal y “reconoció que antes de ser incorporado a Estados Unidos, "el pueblo nativo hawaiano vivía en un sistema social altamente organizado y autosuficiente basado en la tenencia comunal de la tierra" (BBC, 15/03/2025). 
 En otros pasajes del show, Benito Martínez Ocasio repasó varios sitios típicos de la comunidad puertorriqueña en Nueva York a la cual ha dedicado la canción “Nuevayol”. Una de las escenas más vibrantes estuvo marcada por el gesto de Bunny de entregar su Grammy, ganado hace una semana, a un pequeño niño de cinco años, acompañado por sus padres migrantes. El público, que se deshizo en aplausos y ovaciones en el estadio, inicialmente creyó que sobre el escenario estaba el pequeño Liam Ramos, detenido por el ICE (agentes migratorios) en Minnesota junto a su familia. Más tarde, la prensa confirmó que se trataba de un pequeño actor con madre argentina-estadounidense y padre inmigrante egipcio. El gesto se ha interpretado como una continuidad del mensaje en la gala de premiación en los propios Grammy, cuando el cantante denunció el accionar del ICE y del presidente Donald Trump.
 Para el cierre del show incluyó una de las canciones de su último disco “Debí tirar más fotos” -que reivindica de principio a fin la independencia de Puerto Rico, así como sus raíces proletarias. “El apagón”, por ejemplo, denuncia el corte de suministro eléctrico que sufrió la isla tras el huracán María, golpeando fuertemente a la población trabajadora en 2017. Los bailarines escenificaron la situación bailando sobre postes chispeantes y Bunny levantando una bandera del movimiento independentista de Puerto Rico. El cierre culminante fue una manifestación de los artistas, bordeando el estadio, portando banderas de los diferentes países del continente, con Bad Bunny nombrando a todas las naciones sin excepción y un “touchdown” que reivindicaba la unidad continental. 

 Resonancia

 Mundialmente, pero con mayor fuerza aún en Estados Unidos, la actuación de Bunny ha sido considerada como una “bofetada” a Donald Trump y su política fascista contra los migrantes. El propio magnate reaccionó en vivo contra el espectáculo, señalando que era una ofensa a la cultura norteamericana. Señaló que el show en español era una ofensa al pueblo estadounidense “que no entiende ni una palabra”. Incluso, llegó a definir a los bailes sobre el escenario como una “acción indecente” para las familias y niños que miraban el show. En su ataque a Bunny, Trump no dejó de filtrar su defensa de la “pureza racial y cultural” yanqui, con la que alimenta su persecución a los trabajadores migrantes. 
 Antes de que tuviera lugar, el presidente ya se había manifestado en oposición rotunda al show de Bunny. Sus seguidores del “MAGA” organizaron un “contra medio tiempo” (All American Halftime Show) a miles de kilómetros de California. Allí se observaron bandas folk y seguidores del movimiento iniciado por el asesinado Charlie Kirk, Turning Point USA, que se transmitió de manera paralela al show oficial de la NFL (la organizadora del Super Bowl). El mismo no reunió la cantidad de espectadores presenciales que había prometido y sus visualizaciones fueron 100 veces inferiores al de Bad Bunny. 
 El arte y los artistas suelen ser un reflejo de los procesos políticos latentes en las masas o del desarrollo de los mismos. Sin decirlo, la presentación de Bad Bunny ha sido una celebración de las movilizaciones, huelgas y rebeliones que tienen lugar en Estados Unidos contra Trump y sus persecuciones fascistas. Bunny fue acompañado por un número elevado de cantantes y bailarines de origen latino, que se jugaron por esa misma perspectiva.

 Patio trasero 

El combativo show del latino Bunny contrasta con la genuflexión de los imperialistas o nacionales y populares que, a escala mundial, se acomodan a las exigencias de Trump. El show del superbowl trasmitió la temperatura política interior de los Estados Unidos. En el terreno electoral, el Partido Republicano ha mordido el polvo en más de 14 elecciones locales de vital importancia, incluida la aplastante victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Trump se ha embarcado en el desarrollo de métodos de guerra civil contra su propia población. Estados Unidos es un epicentro de la crisis mundial en desarrollo. 

 Joaquín Antúnez 
 10/02/2026

miércoles, 11 de febrero de 2026

CON FILO | El cuartico está igualito



¿Como garantizar las Comunicaciones en tiempos de desafío energético?


Cuba amenazada de inanición y de invasión


El gusanaje de Miami en acción. 

 La prensa de Estados Unidos ha aportado cierta claridad acerca de las intenciones de la camarilla de Trump para Cuba. Mientras Trump reitera que su gobierno se encuentra en conversaciones con las autoridades políticas de la Isla con el propósito de imponer el remate del territorio al capital financiero norteamericano y en especial a sus grupos inmobiliarios, nada de esto está ocurriendo efectivamente. Díaz-Canel, el presidente de Cuba, ha manifestado en forma pública la disposición de su gobierno para atender a los planteos de Trump, aunque sin pre-condiciones ni violaciones de su soberanía. Todo este dimes y tirites es, sin embargo, insustancial, porque el gobierno norteamericano ha puesto en cuarentena a toda la Isla: el ‘resto del mundo’ ha aceptado integralmente interrumpir la provisión de petróleo a Cuba para evitar las sanciones económicas que Trump estableció mediante una orden ejecutiva. Cuba ha adoptado cortes de energía para evitar un colapso inminente o al menos dilatarlo. Cuba se encuentra sometida en la actualidad a un bloqueo económico mundial, respaldado la armada norteamericana en el Caribe que fuera desplegada contra Venezuela e indirectamente contra Colombia. 
 De acuerdo a algunos medios estadounidenses, Marco Rubio, descendiente de exiliados cubanos, habría bloqueado toda negociación con el gobierno de Cuba, operando incluso a espaldas de Trump. Este boicot sólo deja como alternativas la promoción de un golpe de estado desde el interior de Cuba o la invasión del territorio bajo la dirección del Pentágono. Para llevar la agresión a esos extremos, Rubio cuenta con el cese completo de la producción de energía, el colapso económico y la inanición. Cuba se ha visto obligada a interrumpir la vinculación aérea con el exterior debido a la carencia de fuel oil. Ha reducido, por los mismos motivos, los días laborables y el transporte de personas. El progreso que habría logrado en el desarrollo de energías renovables es cuestionado por algunas fuentes que aseguran que es inferior a Corea del Norte y hasta Haití y Afganistán. De cualquier modo, no podría lograr un autoabastecimiento por esas vías hasta dentro de cuatro años. 
 Rubio estaría repitiendo contra Cuba lo que logró en Venezuela, cuando el emisario de Trump (Richard Gillespie) logró de parte de Nicolás Maduro la aceptación de todas las condiciones exigidas de Trump, que Rubio objetó porque no incluían el apartamiento del gobierno y del país de Maduro mismo. En el caso de Cuba, sería algo similar: excluir, por caso a Díaz-Canel o a altos dirigentes de las empresas industriales y turismo, para diseñar un gobierno a dedo. No estaría en discusión la cesión del turismo y las actividades conexas (hoteles, playas, desarrollos inmobiliarios), sino la conversión de Cuba en un protectorado de facto o directamente en una colonia. Como una mayoría de observadores excluye la posibilidad de fragmentar al aparato castrista por medio de infiltraciones, lo que queda sería una invasión justificada en el estallido de una catástrofe humanitaria. Trump se autoconvence de su omnipotencia internacional al ver la facilidad con que México o Rusia han cedido a sus atropellos – en el caso de Rusia por el interés de mantener a Trump de su lado en el descuartizamiento de Ucrania. La guerra contra la OTAN en Ucrania ha desangrado políticamente a Rusia en el plano mundial. En el caso de China, que ha provisto a Cuba de activos de energía alternativa a la fósil, carece de la posibilidad de un despliegue militar a tanta distancia, cuando enfrenta, simultáneamente, una crisis severa en la cúpula de sus Fuerzas Armadas. 
 No se puede excluir en forma absoluta que Trump no se acomode esta vez a los propósitos de la gusanería de Miami, para evitar precisamente un envío de tropas al suelo cubano. Al final, un cántaro que es llevado numerosas veces a la fuente acaba por romperse. Pero sólo sería un acomodamiento temporal. 
 Es necesaria una movilización internacional de masas en defensa de Cuba y de la independencia política de Venezuela y de América Latina. En cierto estadio de su desarrollo, cuando la presente ofensiva imperialista enfrente una crisis sin salida, esta movilización habrá contribuido para liquidarla en forma revolucionaria. Ahora mismo, un escenario similar al cubano tiene lugar en Irán, donde Trump ha advertido de la inminencia de un ataque militar ante el impasse de las negociaciones para imponer un protectorado al régimen de los ayatollahs. El estado sionista, por su lado, ha exigido que se lo mantenga fuera de una represalia iraní, lo cual ha sido rechazado. No es claro aún si Trump quiere mantener separados los escenarios de Irán y Cuba o, si por el contrario, ha decidido activar el primero para que opere como una cortina de humo para el segundo. Trump se vale de esta política de guerra para proceder a una extorsión chovinista al electorado norteamericano y para desmantelar la resistencia hacia las redadas militares contra los inmigrantes y los trabajadores de Estados Unidos.

 Redacción Política obrera
 10/02/2026

lunes, 9 de febrero de 2026

Los archivos Epstein evidencian la podredumbre de los magnates capitalistas de todo el mundo


Trump involucrado en la red de trata del especulador financiero.

 Entretanto, la crisis política y social en Estados Unidos escala. En medio de la crisis política y social que transcurre actualmente en Estados Unidos por la guerra declarada del gobierno de Trump a los trabajadores migrantes del país, se culminó oficialmente el proceso de desarchivo del caso Epstein votado casi por unanimidad por las dos cámaras del Congreso yanqui. Más allá de que la ley sanciona la desclasificación total de la información contenida, unas 6 millones de páginas, solo han visto la luz poco más de la mitad. 
 A pesar de las las innumerables maniobras de Trump y sus esbirros, la jefa de fiscales Pam Bondi y su adjunto el exabogado del magnate ToddBlanche, el magnate no ha podido evitar quedar absolutamente implicado, no solo por testimonios de víctimas que lo acusan de ser “consumidor” de la red de trata del especulador financiero Epstein, sino por el hecho de que parte de la captación de las víctimas tenían como centro su principal residencia en Mar-a-Lago. Esto ha generado un auténtico terremoto en el rejunte de trogloditas llamado MAGA, que vendían a Trump como un mesías que venía a limpiar el “Estado profundo” y terminó siendo un fiel integrante del mismo, que puso el aparato de este Estado al servicio del encubrimiento y la impunidad. El último episodio de esta crisis fue la dura derrota de los republicanos en las elecciones locales en un bastión en Texas.
 Pero la crisis política no solo salpica a Trump. Parte de la crema y nata de la burguesía yanqui y sus personeros aparecen implicados en estos archivos, no solo por escándalos sexuales sino también por presuntas maniobras financieras, como Bill Gates o Jamie Dimon de la JP Morgan. También está el neo-nazi Elon Musk, que luego de su ruptura con Trump se rasgó las vestiduras con el caso Epstein y ahora aparecieron mails suyos rogando ser invitado a las nefastas fiestas en la isla privada. 
 Del otro lado del Atlántico no solo volvemos a encontrarnos con el “príncipe pirata” Andrés de Inglaterra, otra vez acusado de delincuente sexual, sino también con cables a capos de bancos suizos y alemanes (con especial centro en el Deutsche Bank) en los que se ve la sistemática desestimación de alertas financieras sobre lavado de dinero; lo que ha despertado una verdadera ola de auditorías en toda Europa. A todo esto se suma la fuerte pero nada sorprendente sospecha de que Epstein sería parte del financiamiento de movimientos fascistas en Europa como el de Marine Le Pen en Francia o de Matteo Salvini en Italia. 
Por otro lado, de las casi 2,4 millones de páginas que la jefa de fiscales Pam Bondi retiene a pesar del mandato del Congreso, se sospecha que existen los nombres de quienes han garantizado la impunidad no solo de Epstein, si no también de todas las relaciones beneficiarias de esta podredumbre. Además de las sospechas fundadas de donaciones de empresarios europeos a las campañas de políticos estadounidenses. 
 También apareció el debate sobre el rol del Mossad en todas las operaciones de Epstein, derivado de algunas investigaciones del propio FMI. El mismo Estado que bombardea niños palestinos podría ser el que utilizaba niñas de la clase trabajadora estadounidense para montar una infraestructura de “trampa y chantaje” contra empresarios y políticos. 
 Un párrafo aparte merece el nuevo acto de violencia que se ha cometido sobre muchas víctimas, con la publicación de fotos brutales de ellas, muchas veces sin censura y sin ningún tipo de autorización. A esto se suma el no acompañamiento por parte del mismo Estado que garantiza la impunidad de sus agresores. A pesar de que los documentos publicados están mezclados con denuncias de teorías conspirativas hechas por ciudadanos estadounidenses al FBI para confundir y generar ruido en la información valiosa y las pruebas, las ya de por sí super sesgadas revelaciones muestran la impunidad de la que gozan estos oligarcas al frente de los resortes de sus Estados, que mientras llevan a cabo vidas de perversión nos quieren convencer (de manera no menos perversa) de la necesidad de que nuestras vidas sean peores para que ellos puedan embolsarse ganancias y privilegios cada día más obscenos. 
 Todo esto golpea la línea de flotación de un gobierno que se ha destacado por divulgar teorías conspirativas, por ejemplo contra los demócratas (Qanon, Pizzagate), y que busca avanzar en una militarización del país para emprender sus planes de guerra imperialista por el mundo, tildando de criminales a vastos sectores de su población y a numerosos gobiernos extranjeros. Es es una necesidad cada día más evidente para los trabajadores del mundo terminar con la clase social a la que pertenecen los Epstein, los Trumps y todas estas lacras que no ven en los trabajadores, la abrumadora mayoría de la humanidad, no más que meros objetos de uso, sea para que los hagamos más ricos en trabajos en los que se nos va la vida, para que muramos en sus guerras con otros oligarcas, o como en este caso para satisfacer sus peores perversiones. 

 Santiago Werenkraut

viernes, 6 de febrero de 2026

Epstein, Musk y el gobierno de la pedofilia.


La podredumbre moral de la elite capitalista sale a flote

 Los recientes archivos liberados por el departamento de justicia de Trump pusieron de manifiesto un encubrimiento estructural. La publicación de un aluvión de 3 millones de páginas en febrero de 2026 puso de manifiesto una “negligencia” criminal: mientras se revelaban "al menos 40 fotos que mostraban los cuerpos desnudos de mujeres jóvenes, incluidas sus caras" (The New York Times, 1/2/26), con precisión quirúrgica y deliberada protegieron a los poderosos. El mensaje del Estado es claro: la dignidad de las víctimas de clase trabajadora es sacrificable; la de la élite, sagrada. 
 Jeffrey Epstein no fue un depravado aislado, sino un nodo funcional en los circuitos de poder del capital financiero. Su red de tráfico sexual tenía un propósito de clase claro: "proporcionar mujeres y niñas jóvenes a otros individuos ricos y poderosos" (The Guardian, 1/2/26). Esta práctica, como señalaron los abogados de las víctimas, era un sistema de "favores" para acumular "control y poder sobre las personas que estaban implicadas" (The Guardian, 1/2/26). Las listas de contactos —desde Trump, Clinton y el príncipe Andrés, hasta magnates como Les Wexner, Leon Black, Elon Musk y el secretario de Comercio Howard Lutnick— no son una colección de "manzanas podridas". Son la evidencia de la descomposición del sistema capitalista a través de sus principales cabezas. La "muerte por suicidio" de Epstein en una celda con cámaras saboteadas fue el primer acto de un encubrimiento de clase que hoy continúa. 
 Los documentos desclasificados, específicamente el archivo EFTA00147661 reportado por RT, contienen testimonios que, de ser ciertos, expondrían no solo una red de depravación sexual, sino lo que podría interpretarse como prácticas de terrorismo de clase y ritualización sádica del poder absoluto. La presunta víctima describe en un yate de Epstein escenas de "sacrificio ritual", mutilaciones con cimitarra que no dejaban cicatriz, actos de canibalismo y coprofagia directo de intestinos de bebés, e implican al expresidente George H.W. Bush en una violación. (MVS noticias, 2/2/26)
 La podredumbre sigue escalando, no se limita a las redes de tráfico sexual físico, sino que se extiende a los dominios digitales, Elon Musk, magnate tecnológico y figura central del capitalismo de Silicon Valley, permite que Grok, la inteligencia artificial de su plataforma X (ex-Twitter), produzca imágenes de pornografía infantil para usuarios verificados, es decir, aquellos que pagan por el privilegio de la tilde azul. Este hecho no es un “descontrol de la IA”, sino la expresión lógica de la moral del capital en su fase más cínica y desregulada. 
 Este escándalo estalla en el corazón de la crisis del imperialismo norteamericano. La administración Trump es la expresión política de una burguesía en decadencia histórica que, para recomponer su hegemonía, impulsa una guerra internacional e impone una reconfiguración fascistizante interna (como es visible con los conflictos de la Gestapo norteamericana, el ICE). En este marco, el caso Epstein es un punto de implosión. Trump usó el caso como ariete propagandístico contra el estado profundo demócrata. Una vez en el poder, hizo todo lo posible para impedir la publicación de archivos, hasta que la rebelión de su base fascistoide lo forzó a un giro cínico.
 El caso de Grok y la red de Epstein operan bajo la misma lógica descompuesta: la conversión de todo, incluso de los crímenes más impensables, en una mercancía del poder dominante. La derrota de estas elites sólo será impuesta en las calles por la clase obrera bajo un horizonte donde la tecnología y la riqueza social esté en manos de los explotados.

 Iara Bogado
 05/02/2026

jueves, 5 de febrero de 2026

Las negociaciones en Abu Dabi acentúan la guerra entre la OTAN y Rusia


El anunciado cese del fuego temporal en Ucrania ha durado un suspiro. 
 Rusia lanzó más de 70 proyectiles incluyendo una cantidad récord de misiles balísticos en una sola salva, en conjunto con otros tipos que se aproximan a sus objetivos en una trayectoria balística, así como 450 vehículos aéreos no tripulados (UAV). Los golpes a la infraestructura crítica con temperaturas que descienden a los menos veinte grados no busca desalentar a las tropas en la línea de guerra militar, sino desmoralizar a la población civil. 
 En las negociaciones tripartitas en Abu Dabi, la capital de Emiratos Árabes, Kiev no está haciendo la concesión que más importa a Rusia: la retirada del ejército de Ucrania del Donbás. Los ataques rusos son funcionales a Washington como medio de coerción para que Kiev y sus patrocinadores de la Unión Europea cedan en la cuestión territorial, aunque esto no es lo único en disputa ni suficiente para cesar hostilidades. 
 Un aspecto fundamental de la negociación son las denominadas garantías de seguridad para Ucrania. El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, se dirigió a la Rada (el parlamento ucraniano) y declaró que “tan pronto como se alcance un acuerdo de paz, las fuerzas armadas, la aviación y el apoyo naval estarán disponibles para los países que lo hayan acordado”. La prensa británica detalla una colaboración a varios niveles y especifica una serie de respuestas estratificadas si Rusia reanuda la guerra. El primer paso será una advertencia diplomática. En una segunda fase se prevé la participación de la “coalición de los dispuestos” que comprende a muchos países de la UE, el Reino Unido y Turquía. Un último pasó sería la respuesta coordinada con fuerzas militares de EE.UU., a más tardar 72 horas después de la primera violación del cese del fuego. Washington, sin embargo, no ha confirmado nada de esto. Los medios de comunicación estadounidense señalan que la Casa Blanca no está dispuesta a prometer apoyo a las tropas europeas en Ucrania en caso de un enfrentamiento con Rusia. 
 El acuerdo de paz que plantea Trump significa otras cosas que el reparto de Ucrania entre EE.UU. y Rusia, y el traspaso de las riquezas minerales de los territorios respectivos. “Hay una vía en las negociaciones que podría avanzar con mayor rapidez que las demás. En Abu Dabi, se están discutiendo los cruces fronterizos para civiles y la demarcación de dicha línea. Así lo declaró Serhiy Khlan, miembro del Consejo Regional de Jersón.” (Strana Today). Según esta versión el proceso de negociación va mucho más allá de las discusiones públicas sobre los territorios o la central nuclear de Zaporizhia.: “Además de la línea de demarcación y los puestos de control, también se están discutiendo cuestiones relacionadas con la operación de los puentes y el servicio de pasajeros entre los territorios, el movimiento de personas y el pago de pensiones” (ídem). Esto podría explicar la presencia de numerosos militares con un conocimiento detallado de la situación en el frente que están presentes en las negociaciones. 
 Según el medio Político que cita fuentes ucranianas y estadounidenses, hay indicios de que las conversaciones actuales podrían ser prometedoras: “«Antes, estas negociaciones eran como sacarse una muela sin anestesia», dijo un experto republicano en política exterior que ha asesorado a Kiev.” (Político 4/2). La misma fuente describe a los cabecillas de la delegación rusa, el almirante Ígor Kostyukov, (jefe del GRU, el principal servicio de inteligencia militar) y al oficial de Inteligencia, Alexander Zorin, como “hombres prácticos”. Los oficiales de inteligencia rusos actúan con profesionalidad, profundizando en los detalles prácticos" (ídem). 
 Rusia ha reiterado innumerables veces que no quiere un alto del fuego que permita Ucrania recuperarse y preparar la siguiente ronda de guerra; quiere un acuerdo estratégico final. Un acuerdo que no solo abarque a Ucrania, sino que defina la nueva “arquitectura de seguridad” para toda Europa. Reclama el control físico de las cuatro provincias, además de Crimea. Se conjugan así dos paradojas, la primera es que Estados Unidos siendo parte del conflicto, ha iniciado la guerra contra Rusia, continúa apoyando al ejército ucraniano en las áreas de inteligencia y comunicaciones y a la vez oficia como supervisor y mediador. La segunda se configura cuando se pretende que Rusia tolere la integración de Ucrania a la OTAN bajo la apariencia de un compromiso multilateral jurídicamente vinculante (artículo 5), cuando es esta precisamente una de las razones fundamentales por que la que Rusia gatilló la “operación militar especial” como denomina el Kremlin a la ocupación comenzada en febrero de 2022. 
 Está en discusión incluso la integración a la propia Unión Europea, esta vez por la resistencia de miembros del propio bloque, en especial Polonia, cuyo sector agrícola es actualmente el mayor beneficiario neto del fondo de Política Agrícola Común (PAC). Las inconsistencias abruman. 
 El rearme europeo se proyecta sobre esta negociación, en la que ha quedado afuera una vez más la triada de “los dispuestos” (Francia, Alemania, Reino Unido). El hastío por la guerra en la población también es una amenaza. El New York Times titula “En aras de la paz, los ucranianos consideran lo impensable: ceder territorio”. Las encuestas reflejan una apertura cada vez mayor a las concesiones territoriales. En mayo de 2022, una encuesta reveló que el 82% de los ucranianos creía que el país no debía ceder territorio bajo ninguna circunstancia (…) En la encuesta más reciente publicada el lunes, el 40 por ciento de los encuestados dijeron que apoyarían la cesión del Donbás a cambio de garantías de seguridad.” “Esto representa un cambio notable para una población ucraniana que está cansada de la guerra.” (NYT 4/2). 
 En Rusia la campaña militar ha disparado el gasto de guerra al máximo: “El déficit presupuestario oficial se disparó el año pasado, al igual que el gasto militar fuera de balance a través del sistema bancario y las facturas impagadas. Esto podría ser difícil de mantener, especialmente con la disminución de los ingresos petroleros” (The Over Shoot). La dimensión petrolera ocupa un andarivel propio. Tras todas las maniobras diplomáticas lo que asoma es el despedazamiento de Ucrania, para servirse de sus remanentes como un activo de seguridad de primera línea, en usufructo de unos y otros. La camarilla de Zelensky se ha abroquelado en la defensa en un programa inviable de que propugna unas fuerzas armadas de ochocientos mil efectivos, el denominado “puerco espín de acero”, así definido por Úrsula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea. La guerra se desarrolla en un contexto mundial, no hay salidas parciales para una confrontación imperialista estratégica. 

 Camilo Márquez 
 05/02/2026

martes, 3 de febrero de 2026

El trumpismo maniobra para mantener la represión y las deportaciones masivas


La lucha de clases en las calles de Minneapolis.

 La campaña de terror llevada adelante por el gobierno trumpista en Minneapolis (Minnesota) ha entrado en un impasse. Pese al envío de miles de policías militarizados, la detención de activistas y el asesinato de dos personas que protestaban contra la persecución de inmigrantes, la brutal represión no ha logrado sacar a las masas de las calles. Por el contrario, las protestas crecen en todo el país y en la propia Minneapolis. El viernes 30 de enero se desarrollaron marchas masivas y huelgas -incluyendo movilizaciones estudiantiles en las Universidades- en contra de la represión y exigiendo justicia para Renée Good y Alex Pretti, dos ciudadanos tiroteados por el ICE (policía migratoria). 
 El repudio a la campaña anti-inmigrantes condujo a la organización de cada vez mayores grupos de activistas que hostilizan a los represores y advierten a los indocumentados tocando silbatos y avisando a través de aplicaciones telefónicas sobre la presencia del ICE. El activismo es el que ha filmado la represión y en particular los asesinatos de Good y Pretti, lo cual ha permitido desmontar las mentiras del gobierno respecto a las víctimas, que habían sido acusadas de ser “terroristas domésticos” por Kristi Noem (secretaria de Seguridad Nacional) y Stephen Miller (asesor de Seguridad Nacional y subdirector del gabinete de la Casa Blanca).
 La política migratoria de Trump está en la picota en la opinión pública: según algunas encuestas, un 46% de la población es partidaria de la disolución del ICE, contra un 43% que rechaza esta medida. Se trata de un viraje impactante, que contrasta con la votación de la bancada Demócrata en el Senado, que otorgó nuevo financiamiento al DHS (Departamento de Defensa Nacional) con la excusa de que impondría “condiciones” al funcionamiento del ICE, es decir, perpetuaría a la Gestapo anti-inmigrantes, pero “con rostro humano”.
 En las cadenas de televisión y en la cultura popular el repudio al ICE y a Trump es creciente. Grandes estrellas como Bruce Springsteen, Ariana Grande, Olivia Rodrigo, Billie Eilish, Lady Gaga, han alzado la voz para rechazar la represión y los asesinatos policiales en Minnesota. En la reciente entrega de los Grammys, el cantante boricua Bad Bunny fue el gran ganador de los premios, y comenzó su ovacionado discurso diciendo: “antes de dar gracias a Dios, debo decir: fuera ICE”. Por su parte, Billie Eilish ganó el premio a la mejor canción y afirmó “Nadie es ilegal en tierra robada”. 
 Bruce Springsteen compuso una canción protesta (“Streets of Minneapolis”), bajo la impresión de la muerte de Renée Good y Alex Pretty, y de las protestas y huelgas del 23 de enero en Minnesota. En ella describe cómo “una ciudad en llamas lucha contra el fuego y el hielo / bajo las botas de un invasor”, y denuncia la represión fascista de Trump: “Pues dicen que están aquí para mantener la ley / Pero pisan nuestros derechos / Si tienes la piel negra o morena, mi amigo / Puedes ser interrogado o deportado a primera vista / En nuestros coros de ‘ICE fuera ahora’ / Persisten el corazón y el alma de nuestra ciudad”. La canción homenajea a quienes cayeron en esa lucha: “Había huellas ensangrentadas / Donde debía de haber habido misericordia / Y dos muertos, abandonados para morir en las calles cubiertas de nieve”. Springsteen llama a seguir la lucha: “Vamos a luchar para esta tierra / Y [por] el extranjero entre nosotros”, “Recordaremos los nombres de los que murieron / En las calles de Minneapolis”. El eslogan “fuera ICE” cierra esta canción protesta, que seguramente se convertirá en un himno de la ciudad, y que expresa la voluntad de continuar la lucha pese al temor que busca imponer la barbarie represiva. El tema fue presentado públicamente por Springsteen el viernes 30 en la propia ciudad asediada por el ICE, siendo sintomáticas las palabras del presentador del espectáculo: “lo que vemos en este país no será decidido en las cortes de justicia, no será decidido en el Congreso, no será decidido en las redes sociales, el futuro será decidido aquí en las calles de Minneapolis”. 
 En medio de esta rebelión popular contra los matones fascistas del ICE, la bancada demócrata busca un acuerdo con Trump, poniendo condiciones a sus redadas contra los inmigrantes: que los represores deberán utilizar cámaras para grabar los operativos y no podrán tapar sus rostros con máscaras, y deberán contar con una orden judicial antes de irrumpir en un hogar. Es decir, deberían actuar con la brutalidad “normal” de los policías que asesinaron por ejemplo a George Floyd en la propia Minneapolis en 2020, un crimen que desató la masiva protesta conocida como “Black Lives matters”. No se puede olvidar que los Demócratas Tim Walz (gobernador) y Jacob Frey (alcalde de Minneapolis) eran los que gobernaban en aquella oportunidad. Walz sacó a las calles de Minnesota a la Guardia Nacional ante el levantamiento provocado por el asesinato de Floyd, cuyos responsables fueron expuestos no por las cámaras policiales sino por los testigos que filmaron con sus celulares, exactamente lo que sucede actualmente con el ICE. 

 Deportaciones y militarización 

Trump prometió que expulsaría al menos a diez millones de indocumentados en su mandato, asegurando que crearía empleos para los ciudadanos estadounidenses a través de esta depuración racista de la población y de los aranceles contra otros países. El primer año ha culminado sin embargo con un aumento del desempleo que está en 4,6%, el más alto desde 2021. La caza de los inmigrantes ha provocado terror en los indocumentados, pero se discute cuál ha sido su resultado. El DHS (Departamento de Seguridad Nacional) se “jacta” de haber realizado unas 675 mil deportaciones formales más un estimado de 2.2 millones de “auto-deportaciones” (“voluntarias”, bajo el riesgo de ser detenidos). En total, según el gobierno trumpista el total estaría cerca de 3 millones de personas, aunque estas cifras son cuestionadas por diversos analistas que afirman que el gobierno infla las cifras sin mostrar evidencias, y que aún no ha llegado al nivel de deportaciones de Obama en los años 2013 y 2014.
 Obama era llamado “Deportador en Jefe” por las organizaciones defensoras de los inmigrantes. El presidente “progresista” mantiene el récord de “deportaciones formales”, superando las 432 mil en 2013 (y 434 mil el año siguiente), un 69% de las cuales eran detenciones en la frontera y un 31% en el interior del país. Trump 2.0 tiene “apenas” 350.000 expulsiones “formales” (con orden de deportación) en su primer año de gobierno. Lo que ha cambiado drásticamente es que ahora el porcentaje de deportados en la frontera son menos de la mitad del total, en gran medida porque hay menos intentos de ingresar por parte de indocumentados, y también porque Trump ha utilizado sistemáticamente las deportaciones sin orden (“rechazos en la frontera” y “expulsiones rápidas”). Las deportaciones del “interior” no solamente han crecido en porcentaje sino en números absolutos. Según fuentes independientes del gobierno (como el NYT y el Migration Policy Institute) las deportaciones de personas detenidas en el interior rondan los 230.000 contra los 133.551 expulsados bajo Obama en 2013.
 Con independencia de los resultados numéricos de su campaña anti-inmigrantes, Trump persigue principalmente producir un cambio en el régimen político, a través de la represión militarizada de sus opositores -en particular en las grandes ciudades, donde el Republicano es ampliamente rechazado por la población. El presidente Republicano inició su mandato reforzando la militarización de la frontera y pasó luego a enviar tropas a las ciudades que protestaban contra las redadas, comenzando por Los Ángeles y continuando con Chicago, Portland, Washington y por supuesto Minneapolis. 
 El Estado de Minnesota fue elegido para la represión del ICE pese a que no es ni por lejos el que tiene más cantidad de inmigrantes ni de indocumentados. En Minneapolis la proporción de inmigrantes ronda el 10%, una cifra pequeña comparada con Los Ángeles, Nueva York, y especialmente con Estados republicanos como Texas y Florida. Estos últimos no son el epicentro de la campaña de militarización y deportaciones pese a que allí Trump cuenta con el apoyo de los gobernadores Republicanos y podría utilizar la Guardia Nacional en forma más sencilla. Stephen Miller y Trump decidieron convertir a Minneapolis en un ejemplo contra las “ciudades santuario”, es decir, aquellas que han resuelto formalmente no colaborar con el ICE y sus redadas, y porque se trata de una ciudad más pequeña y con un gran activismo de izquierda. El gobierno aprovechó un escándalo (amplificado por influencers de extrema derecha) en torno a un caso de fraude en fondos alimentarios (“Feeding Our Future”) y otras ayudas estatales, donde se culpabiliza especialmente a inmigrantes somalíes (la mayoría ya naturalizados como ciudadanos legales). La administración Trump ha lanzado acusaciones genéricas contra la inmigración somalí, y el Departamento del Tesoro y el FBI iniciaron investigaciones -como parte de esta agitación política- para verificar si estos fondos fueron desviados a “grupos terroristas en Somalia” o si hubo aportaciones a campañas de políticos Demócratas locales “a cambio de protección”. Con este discurso alimentaron la campaña racista y ejemplarizante que dio pie a la represión del ICE en la principal ciudad de Minnesota. 
 Trump ha recibido varios reveses judiciales respecto a varias de sus medidas contra la inmigración. Por ejemplo, el gobierno decretó la caída del TPS (un estatus migratorio que amparaba a millones de indocumentados de diversos orígenes) para permitir la deportación rápida de cientos de miles de personas fácilmente ubicables, lo cual fue anulado en varios tribunales. Más importantes aún son las decisiones judiciales en cuanto al envío de militares a realizar tareas de represión interior. Un fallo de la Corte Suprema (que tiene mayoría trumpista) le quitó fundamento al envío de la Guardia Nacional cuando el gobierno entiende que la policía está superada (en base al supuesto aumento de los delitos), sentenciando que la interpretación que hacía el gobierno de la legislación estaba equivocada. Trump puede invocar la “Ley de Insurrección” -que le permitiría legalizar el envío masivo de tropas- pero hasta ahora ha evitado ese recurso extremo, que generaría mayores resistencias. 

 Recule parcial

 Es posible que en el plan de Miller y Noem estuviera previsto utilizar este mecanismo en caso de un levantamiento popular en Minneapolis. La utilización recurrente de la acusación de “terrorismo doméstico” y de “agitadores” o “amotinados” alimentan esta hipótesis. Sin embargo, el repudio mayoritario tras los asesinatos de Good y Pretti no ambientan por ahora este recurso a la Ley de Insurrección. Por el contrario, el gobierno ha debido recular parcialmente, retrocediendo en estas acusaciones contra las víctimas de la represión. Los Demócratas y algunos Republicanos han apuntado las críticas (y la exigencia de renuncia) contra Kristi Noem, la que se defendió afirmando que había cumplido las órdenes de Miller y del propio Trump. Stephen Miller, un elemento abiertamente fascista, también tuvo que echar lastre, justificando que sus afirmaciones calumniosas contra las víctimas de la represión se habían basado en la información que le había enviado el jefe de la Patrulla Fronteriza Gregory Bovino. Este último se ha convertido en el chivo expiatorio y fue enviado nuevamente a California, donde “se espera que se jubile próximamente” (The Atlantic, 26/1). En sustitución de Bovino fue enviado Tom Homan, conocido como “el Zar de la Frontera”, supuestamente para “desescalar” los enfrentamientos con los manifestantes. Homan ha declarado que focalizaría la persecución en los indocumentados que hayan cometido delitos, buscando hacer más aceptable la caza de los inmigrantes. Homan, digamos de pasada, es un “funcionario de carrera” del ICE, que recibió un “Premio de Rango Presidencial” de manos de Barack Obama en 2015 por su “eficacia” en la expulsión de indocumentados (920.000 deportaciones). 
 Los jerarcas demócratas (y la bancada del Senado) presentan la remoción de Bovino como una victoria y alientan la posibilidad de una negociación con Trump para “desescalar” su ofensiva. Esa postura es recibida con escepticismo por la población, según recogen los medios. La maniobra política trumpista no detendrá la lucha en las calles de Minneapolis, donde se levanta con fuerza la demanda “que se vaya el ICE” y que se juzgue a los culpables de la represión y los asesinatos. Más ampliamente, viene creciendo la demanda de desmantelar el ICE. 

 Retroceso electoral trumpista 

El reciente triunfo de un candidato Demócrata en las elecciones a Senador en un distrito del Estado de Texas por un amplio margen (más del 57%) es sintomático. En ese mismo distrito Trump había triunfado cómodamente con un 58% de los votos en 2024. El viraje del electorado llega a un desplazamiento de 31 puntos a favor de los Demócratas en apenas un año, lo cual es un indicador muy claro de retroceso del trumpismo e incluso de distanciamiento de parte de su base respecto a la campaña anti-inmigrantes. Muchos votantes Republicanos afirman que apoyan el objetivo de Trump, pero no sus métodos, o que habían interpretado que se perseguiría únicamente a los delincuentes y no a indocumentados que son trabajadores y no tienen antecedentes criminales, pese a que el discurso trumpista fue claro en cuanto a la persecución de millones de inmigrantes. Ya en diciembre una elección a la alcaldía de la Ciudad de Miami (Florida) había indicado algo similar. Allí triunfó en un balotaje la candidata Demócrata Eileen Higgins con el 59,3% de los votos, quebrando tres décadas de dominio republicano en la ciudad. 
 Frente a los retrocesos Republicanos en los últimos ciclos electorales, Trump declara que “su nombre no estaba en la boleta”. El presidente afirma que las próximas elecciones de medio término (en noviembre) deben ser “nacionalizadas”, es decir, convertidas en un plebiscito sobre Trump y su política, en un contexto en que los candidatos de su partido intentan por el contrario tomar distancia de la Casa Blanca.

 La crisis en MAGA 

Por el contrario, otros sectores trumpistas se enojaron con el recule parcial del presidente, como por ejemplo el ultra reaccionario Steve Bannon (ex asesor de Trump durante su primer mandato). Bannon declaró en su podcast que el envío de Tom Homan (“el zar de la frontera”) en sustitución de Gregory Bovino era una señal de debilidad, y que el gobierno debió enviar a Homan junto a más tropas para reforzar la represión y a Bovino, no para “desescalar”. También rechazó declaraciones de Homan en cuanto a focalizar en inmigrantes indocumentados que hubieran cometido delitos. Bannon subrayó que eso iba en contra de las declaraciones de Trump de expulsar “10 o 20 millones” de personas, afirmando que todo inmigrante sin papeles era un criminal. Estas críticas derechistas son aún más frecuentes entre los denominados “groypers”, elementos fascistas (“nacionalistas blancos”) que apoyaron al trumpismo y participaron del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Los groypers afirman que la inmigración obedece a un plan (“marxista”, “woke” o incluso “judío”) para reemplazar a los blancos por “marrones” (cualquier etnia que no sea blanca). Uno de sus principales referentes, el streamer Nick Fuentes -quien declaró que “Hitler era cool”- ha criticado a Trump muchas veces, despreciando que “apenas expulsó 300.000 al año” en lugar de millones como había prometido. 
 La base del movimiento “MAGA” está dividida también respecto a la política exterior, en particular el bombardeo contra Irán en junio pasado y la acción militar en Venezuela y Latinoamérica. Un sector defiende una política más aislacionista en base al eslogan trumpista de “America First” (“Estados Unidos primero”), como lo sostienen la ex congresista Marjorie Taylor Greene (que rompió públicamente con Trump) o el influyente periodista de derecha Tucker Carlson (que aún sostiene a Trump y defiende su agenda migratoria) o incluso hasta cierto punto el propio Steve Bannon. El asesinato de Charlie Kirk quitó a Trump un activo político que era capaz de organizar a la juventud de derecha y colaborar en mantener unida a esa base heterogénea. Una parte de la base MAGA cree que Kirk fue asesinado por el Mossad. Una virtual guerra civil se ha instalado en ese movimiento en torno a la política respecto a Israel, al punto que algunos referentes sionistas del trumpismo han acusado a Carlson y Bannon de antisemitas, y estos devuelven el ataque diciendo que sus acusadores (y buena parte de los Republicanos y del gobierno) han sustituido el eslogan trumpista por el de “Israel First”. El trasfondo no es solamente la resistencia a intervenir en guerras en el exterior, sino también la caída en picada de la imagen del sionismo a partir del genocidio en Palestina. 

 Huelga general 

Trump enfrenta una contradicción en su base electoral, y parece estar perdiendo cada vez más apoyo entre los sectores latinos y juveniles. Una política de recule lo llevaría a un empantanamiento total y lo convertiría tempranamente en un “pato cojo”, tres años antes del fin de su mandato. El presidente ya ha declarado que el nombramiento de Homan no significa que el ICE se retirará de Minnesota. Trump está obligado a redoblar la apuesta en la ofensiva migratoria y la represión de la izquierda y el movimiento obrero.
 Mientras tanto, la movilización popular viene creciendo incluso en el gélido invierno, así como se va popularizando la consigna de la “huelga general” entre los manifestantes, pese a los burócratas sindicales y al Partido Demócrata. Esta consigna fue coreada por activistas en Minnesota, pero también en demostraciones en decenas de manifestaciones en otros Estados. Lo que ocurre en Minnesota expresa en forma concentrada lo que espera a todo el país. En las “Calles de Minneapolis” se desenvuelve una tendencia a la guerra civil, que muestra las perspectivas de la lucha de clases en todo el país. 

 Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)
 03/02/2026

Seis décadas de asedio: el arsenal de maldad contra Cuba


El 3 de febrero de 1962, John F. Kennedy emitió la Proclama 3447, con la cual oficializó el bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla.
 Como agoreros del inframundo, Donald Trump y su camarilla lanzan mensajes de desolación y muerte contra el pueblo cubano. La Orden Ejecutiva del 29 de enero dictada por el mandatario exhala esos aires; para los émulos de Tánatos, el objetivo es claro: convertir a Cuba en una Numancia moderna.
 Para la Isla, este asedio no es nuevo. Convencidos del apoyo mayoritario del pueblo a la Revolución, desde sus albores Estados Unidos se dio a la tarea de socavar los cimientos del nuevo poder e inducir la rebelión.
 La estrategia ha sido invariable: debilitar la vida económica para provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno. Una política fríamente concebida para sumir al pueblo cubano en la miseria. Así, el 6 de abril de 1960, el memorándum de Lester D. Mallory, entonces vicesecretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos, definió el alma de esta guerra. 
 Poco después, en junio de 1960, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz compareció ante la televisión cubana para denunciar que, por instrucciones de Washington, las compañías extranjeras pretendían boicotear el procesamiento de petróleo. 
 La reducción del suministro de combustible, el rechazo a refinar crudo soviético y la eliminación de la cuota azucarera fueron solo el preámbulo de lo que se convertiría en el genocidio más prolongado de la historia. El 7 de febrero de 1962, entró en vigor la Orden Ejecutiva 3447, firmada por el presidente John F. Kennedy el día 3, que oficializó el bloqueo invocando la «Ley de Comercio con el Enemigo» de 1917. 
 Aquello era solo el inicio. Al repasar la historia de esta guerra unilateral, parece que el arsenal de maldad de Washington es inagotable. Administración tras administración, se perfeccionaron los mecanismos de coerción y cerco: de las 32 tareas de la «Operación Mangosta» –el vasto plan terrorista diseñado tras la derrota en Playa Girón–, 15 estaban dirigidas específicamente contra la economía de la Isla.
 De la frustración, la soberbia y el odio nacieron leyes como la Torricelli y la Helms-Burton, o el Plan Bush, que las reforzó. Durante su primer gobierno Trump dictó más de 243 medidas hostiles, una política a la que Joe Biden dio continuidad a pesar de sus promesas electorales. 
 Ahora, la Casa Blanca se propuso llevar la agresión a la economía y la vida de la nación a una perfección quirúrgica, pretendieron no dejar espacio sin cerrar; pero no es tan fácil vencer a los cubanos, una frase reciente del mandatario estadounidense lo dice todo: «La única opción que queda es entrar y destruir Cuba».
 Durante más de seis décadas de guerra económica impuesta por la potencia más grande del mundo, el proyecto cubano ha demostrado una resiliencia extraordinaria, cosechando conquistas en todos los ámbitos que desafían la lógica del asedio.

 Raúl Antonio Capote 
 Granma

lunes, 2 de febrero de 2026

Cuba, la irreverente «amenaza»


Desde la Casa Blanca, este 29 de enero, el presidente Donald Trump decretó una emergencia nacional sobre Cuba, a la que declaró como «amenaza inusual y extraordinaria para la Seguridad Nacional y la política exterior de Estados Unidos», al mismo país al que bloquean por más de seis décadas. 
 Aunque quieren hacerla ver como una medida de seguridad, de lo que se trata es del uso de la presión como herramienta geopolítica y de desestabilización. Pretende, entre sus fines, castigar colectivamente al pueblo cubano por su firme decisión de elegir el camino de la soberanía y el derecho a la autodeterminación, al que no renunciará. 
 Así, entra hoy en vigor la Orden Ejecutiva firmada por el presidente estadounidense, con la cual declara emergencia nacional en ese país, dado que –alega el documento lleno de falacias– Cuba posee en «su territorio sofisticadas capacidades militares y de inteligencia que amenazan directamente la seguridad nacional de los Estados Unidos», y sostiene relaciones con «países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos adversarios» de la nación norteña. 
 El Gobierno de Estados Unidos vuelve a mentir, como lo hace sistemáticamente. Bien conoce que Cuba no alberga terroristas, no da refugio a organizaciones terroristas, no tortura a supuestos opositores y no coopera en forma ilegal con ningún país. Es en ese territorio donde sí han encontrado amparo asesinos como Luis Posada Carriles, responsable del crimen del avión de Barbados, y otros que aún se pasean por las calles de Miami. 
 Con el «deber imperativo de proteger» a EE. UU., el mandatario republicano anunció que impondrá nuevos aranceles «a las importaciones de mercancías provenientes de un país extranjero que venda o suministre, directa o indirectamente, petróleo a Cuba». Con ello se golpeará un actor transversal de la economía nacional.
 Luego, las consecuencias no solo afectarán al Gobierno, sino que incidirán directamente en el bienestar de la población y en todos los sectores.
 La medida constituye un acto de genocidio económico disfrazado de seguridad nacional. EE. UU. no puede imponer su voluntad por la fuerza, y el mundo tendrá que decidir de qué lado está la razón y si aprueba o rechaza la ignominia. 
 Habla la Orden Ejecutiva de Trump sobre violaciones de derechos humanos, represión y desestabilización regional en la Mayor de las Antillas. Lo que no dice es que, la medida extraterritorial sobre la que pesa su rúbrica, bien cumple los parámetros para calificar dentro de esos mismos elementos, además de causar sufrimiento humano y afectar la vida de millones de personas.
 Insiste la administración de EE. UU. en que la nación caribeña apoya el narcotráfico, aun cuando nuestro el país no constituye destino, tránsito ni almacén de drogas, como resultado de la voluntad de sostener una política de tolerancia cero.
 La ejecutoria de la Isla en el enfrentamiento al terrorismo y al narcotráfico en el continente es de larga data y muestra resultados concretos, cooperando con el propio Estados Unidos en la lucha contra las drogas y la delincuencia. La Orden Ejecutiva lo ignora. 
 Sin embargo, se sabe que Cuba, por su ubicación geográfica, está insertada en una de las rutas internacionales más activas del narcotráfico, que conecta las zonas de producción en Sudamérica con el principal mercado consumidor en Estados Unidos, dijo recientemente a la prensa el primer coronel Yvey Daniel Carballo Pérez, jefe del Estado Mayor de la Dirección de Tropas Guardafronteras del Minint.
 Entonces, ¿es Cuba –libre, independiente, soberana, democrática, de justicia social y solidaridad humana– una amenaza para la Seguridad Nacional de EE. UU. o para el desarrollo de sus intereses hegemónicos, expansionistas y de sostenimiento de la grave crisis sanitaria generada por el fentanilo puertas adentro?
 El pueblo cubano, de estirpe martiana, conoce las entrañas del monstruo y sabe descifrar sus mentiras. No se dejará engañar. Ha soportado casi 70 años de bloqueo genocida y ha sabido resistir de forma estoica, sin renunciar a sus principios, todas las agresiones del imperio. Esta vez no será diferente.

 Laura Mercedes Giráldez 
Granma, 
 enero 30, 2026