martes, 27 de diciembre de 2016

La heroica hazaña de la alfabetización.




Mesa Redonda
Emitido en directo el 22 dic. 2016

El arma principal de Cuba es su memoria histórica

“El arma principal de Cuba es su memoria histórica”, aseguró una estudiante universitaria de Relaciones Internacionales en un interesante y conmovedor conversatorio que sostuvieron futuros jóvenes diplomáticos de la nación caribeña con dos grandes hombres agradecidos, el Héroe antiterrorista Gerardo Hernández, y su gran amigo el afamado actor norteamericano Danny Glover.
Esa frase, entre tantas estremecedoras escuchadas en el decano archipiélago antillano tras la desaparición física de su líder histórico, Fidel Castro, retumbó en un auditorio informal en el que los interlocutores coincidieron en que el eterno Comandante en Jefe permanecía allí, entre ellos.
La emocionada estudiante, como todos los presentes en el encuentro escenificado en el Instituto de Relaciones Internacionales (ISRI) de la bautizada Isla de la Dignidad, afirmó: Fidel está aquí y fue quien nos enseñó que la memoria histórica ha sido y será el arma fundamental de nuestro pueblo en su largo batallar por su independencia y soberanía.
Por su parte, el destacado cineasta estadounidense manifestó en su dialogar estar comprometido con la Cuba de Fidel y del presidente Raúl Castro, y que todo lo que ha encontrado en sus visitas a la mayor de las Antillas ha sido agradecimientos y más gratitudes.
Aseguró que los jóvenes del país caribeño ocupan hoy un lugar prominente en el mundo, y por esa razón viajó a La Habana en esta ocasión para escuchar e intercambiar con las nuevas generaciones.
El incansable luchador norteamericano por la liberación de Los Cinco Héroes cubanos, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, condenados injustamente a largas penas de cárcel en Estados Unidos, recordó que Fidel prometió que volverían y lo cumplió.
Rememoró, con inmensa alegría en su rostro, cuando el ahora vicerrector del ISRI lo llamó por teléfono desde La Habana, hace poco más de dos años, el 17 de diciembre de 2014, y le dijo: hermano estoy en casa, soy libre.
A su vez, Gerardo resaltó la sincera amistad y entrañable solidaridad hacia Cuba demostradas por Glover, quien lo visitó en 11 ocasiones cuando permanecía preso en Estados Unidos.
El actor norteamericano pudo constatar, como muchos visitantes que por estos días de tristeza han convivido con el pueblo cubano, que su juventud está presta a hacer realidad el inmenso legado dejado por Fidel, y defender la invicta Revolución del 1 de enero de 1959 que él lideró y a la cual le entregó toda su vida.
Precisamente fueron los más jóvenes quienes, acompañados por sus abuelos y padres, se convirtieron en los principales protagonistas del multitudinario e impresionante tributo que los habitantes de la nación caribeña le rindieron a su Comandante en Jefe, luego de su partida física el pasado 25 de noviembre.
Demostraron así al mundo que las nuevas generaciones de cubanos están armadas de ideas y de la memoria histórica necesarias para enfrentar cualquier “turbulencia” que se pretenda generar en lo adelante contra su Revolución victoriosa, la cual en pocos días cumplirá su 58 aniversario.

Patricio Montesinos

viernes, 23 de diciembre de 2016

A 20 años de la muerte de Carl Sagan




Su obra como divulgador científico constituyó un aporte revolucionario. Se opuso a la guerra de Vietnam y desafió al oscurantismo religioso frente a millones de televidentes.

“En algún lugar algo increíble está esperando ser descubierto”. CS

El 20 de diciembre del año 1996 se extinguía la vida de uno de los más populares divulgadores científicos del siglo XX.
Proveniente de una familia obrera del barrio de Brooklyn, Carl Sagan adquirió de niño los elementos necesarios para desarrollar las aptitudes que más tarde lo involucrarían de lleno en el mundo de la ciencia. En sus palabras: “Mis padres no eran científicos. No sabían casi nada de ciencia. Pero al iniciarme simultáneamente al escepticismo y a hacerme preguntas, me enseñaron los dos modos de pensamiento que conviven precariamente y que son fundamentales para el método científico”. Más tarde sus estudios lo llevaron por el camino de la astronomía, la astrofísica y la cosmología, llegando a ejercer la docencia universitaria y la investigación académica.
Entre sus principales logros científicos se encuentran sus observaciones sobre las altas temperaturas superficiales del planeta Venus, la existencia de océanos de compuestos líquidos en la superficie de Titán (una de las lunas de Saturno) y la potencialidad de Europa (una de las lunas de Júpiter) para albergar vida debido a la existencia de océanos de agua subterráneos.
También reconoció el calentamiento global producido por el ser humano como un peligro para nuestra propia existencia.

“Cosmos: un viaje personal”

La elaboración de esta serie documental de 13 capítulos, emitida por primera vez en el año 1980, es sin ningún lugar a dudas el mayor aporte de Sagan como divulgador y lo que lo convirtió en parte de la iconografía científica mundial.
La serie fue emitida en 60 países y tuvo la virtud de hacer accesible a cientos de millones de personas las conclusiones del desarrollo científico y del conocimiento del universo que hasta ese momento sólo eran comprensibles para la comunidad académica. El formato documental, con una estética innovadora y dinámica, significó un salto para la pantalla chica, dotándola de un uso revolucionario con la difusión masiva de temas como el origen del universo, el cosmos, la evolución de la vida en nuestro planeta, la Teoría de la Relatividad de Einstein, el Tiempo, la gravedad, los agujeros negros, la materia, etc. El programa desafió el mito del creacionismo, cuestionó la existencia de Dios y desarmó el oscurantismo religioso con un método científico frente a millones de espectadores.
Si bien su actividad como divulgador no siempre fue bien vista por la comunidad científica, que consideraba que este tipo de emprendimientos limitaban la producción académica de un científico de su talla, otros siguieron sus pasos –como el reconocido físico teórico Stephen Hawking, quien publicó en 1988 su Historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros.
Sagan encaró otros emprendimientos como la publicación de Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio y Los dragones del Edén: Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana. También escribió novelas de ciencia ficción como Contacto y fue asesor del filme 2001: Una odisea del espacio, dirigido por Stanley Kubrick.

En busca de inteligencia extraterrestre

“Si estamos solos en el universo, seguro sería una terrible pérdida de espacio”. CS

Otra de las grandes pasiones de Carl Sagan fue la búsqueda de otras formas de vida inteligente en el universo. Colaborador del Proyecto Seti, que se enfocaba en esta pesquisa, el científico impulsó la incorporación de mensajes destinados a contactar con otras formas de vida inteligentes en las sondas que eran enviadas en misiones de exploración espacial.
Si bien Sagan era optimista en cuanto a la existencia de un gran número de civilizaciones extraterrestres, algo acorde con un conjunto de estimaciones científicas, la llamada “paradoja de Fermi” –que contrapone tales estimaciones con la ausencia de evidencia de dichas civilizaciones– lo llevó a pensar sobre la tendencia autodestructiva de las mismas. En línea con esto, se opuso a la carrera armamentística nuclear y renunció a cargos y privilegios en rechazo a la guerra de Vietnam.
Si bien no era un izquierdista, la influencia de su esposa Ann Druyan –que sí formaba parte de los grupos de “radicals” izquierdizantes de la intelectualidad neoyorquina– tuvo manifestaciones concretas, sobre todo en los libros que escribieron en conjunto. De hecho, Druyan cuenta que se conocieron “hablando sobre béisbol y sobre Trotski” y que así comenzó su historia de amor (Sagan le escribió esta dedicatoria una vez: “En la vastedad del espacio y en la inmensidad del tiempo, mi alegría es compartir un planeta y una época con Annie”).
Sagan varias veces mencionó a Trotski como adversario del estalinismo y el sistema burocrático imperante en la Unión Soviética. Es más, en los ochenta, cuando era invitado a ese país, ingresaba literatura trotskista de manera clandestina para que se difundiera entre sus pares científicos. Así lo cuenta: “A finales de la década de los ochenta y aun antes, Ann Druyan y yo introdujimos clandestinamente en la Unión Soviética ejemplares de la Historia de la Revolución Rusa, de Trotski para que nuestros colegas pudieran saber algo de sus propios orígenes políticos”.
La obra de Carl Sagan prevalece como un legado para la humanidad. Como Federico Engels, que escribía sus textos para que el trabajador medio y el campesino pudieran comprender la teoría marxista sobre el origen de las clases y el Estado y las tareas de los socialistas, Sagan abrió las puestas de la ciencia para millones de trabajadores. Su labor de divulgación es sin dudas un aporte revolucionario para quienes bregamos por una educación y un método científico, que libere a los explotados de la ideología de sus enemigos de clase.

Marcelo Mache

jueves, 22 de diciembre de 2016

Algo más sobre Fidel




Mi relación con Fidel Castro y mi interés por su Revolución ha sido larga y significativa. En la década de los años 60, como diplomática colombiana ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pude apreciar la dimensión de su figura en el ámbito internacional y el poder de sus palabras.
Sus contundentes discursos, acusaciones y denuncias contra Estados Unidos y sus críticas del mundo, hacen historia. Luego, desde 1977, durante cinco años al frente de la embajada de Colombia, y de la Oficina Regional de la UNESCO en La Habana, conozco por dentro la Revolución.
A Fidel lo veo por primera vez en septiembre de 1960, en Nueva York, con motivo de la XV Asamblea General de la ONU, donde están presentes, por vez primera, los principales líderes del bloque comunista.
La prensa neoyorquina recibe con dureza a Fidel, enemigo número uno de su pais, y asi tratan a su delegación. Se alojan en el Hotel Theresa, en Harlem, un escándalo, pero allí llegan líderes mundiales a saludarlo. Fotos van y vienen de Nikita Krushchov, Jawaharlal Nehru, Kwame Nkrumah y Malcolm X con Fidel.
El 26 de septiembre pronuncia un discurso memorable. El recinto y las tribunas del público y de la prensa están repletos. Tal aglomeración no es usual en la ONU, comentan los guardas. Fidel convoca al mundo. Habla cuatro horas y media y treinta veces lo interrumpen fervorosos aplausos.
Hace duras denuncias contra el imperialismo de Estados Unidos, condena la situación mundial donde reinan la desigualdad, el colonialismo, el neocolonialismo, el militarismo, los grandes monopolios, el fascismo; explica las medidas que toma para reversar la situación de explotación que existe en Cuba, y como con la reforma agraria “surge la primera dificultad verdadera” con Estados Unidos.
El pago que Estados Unidos exige por las tierras, propiedad de sus monopolios, pero necesarias para resolver el problema de 200.000 familias campesinas sin tierra, es inaceptable. Responde con agresión económica, 60 ataques de aviones piratas a sus centrales azucareros, con saldo de víctimas, y da el zarpazo mayor: la reducción substancial de cuota azucarera cubana, principal producto de exportación, base del desarrollo del archipiélago.
Fidel advierte a los delegados que esos problemas que ha tenido Cuba los tendrá cualquier país que trate de nacionalizar productos que le interesen o que intente una “justa” reforma agraria.
Condena las guerras: “!Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!”; lee la parte esencial de la Primera Declaración de la Habana (1960), otra denuncia contra la explotación y las agresiones del Imperio contra Cuba; y termina diciendo: “Esta es la línea del Gobierno revolucionario que algunos querían conocer”.
La Asamblea de la ONU en pleno, y de pies, lo ovaciona largamente. Los guardas dicen no haber visto antes nada semejante.
Su visión del mundo es internacionalista, de inmediato abre embajadas en África y en Asia, estrecha relaciones con sus mandatarios, da ayuda a los movimientos de liberación nacional, envía médicos, técnicos, educadores donde son necesarios, y recibe miles de becarios.
En 1975 envía tropas a Angola, la Operación Carlota, en la guerra contra Sudafrica, es una ayuda de gran envergadura que dura 16 años. Desde La Habana, Fidel dirige la batalla final en Cuito Cuanavale.
En 1977 envía tropas a Etiopia, en guerra contra Somalia, y la derrotan al año. Mas tarde, reconoce haber dado ayuda y armas a guerrillas latinoamericanas.
Su internacionalismo, de enorme magnitud y grandes logros para un pequeño país, le da a Cuba un lugar prominente en el concierto mundial. Y Fidel crece por su liderazgo, respetado y admirado por los logros en salud, educación, alfabetismo, y por su valor y dignidad para enfrentar la agresión constante de la superpotencia mundial. Hacer un recuento de lo que esta ha sido, abisma por su exceso.
Despues de 19 años, en octubre de 1979, Fidel vuelve a la ONU como presidente del Movimiento de los No Alineados, y lo reciben con una ovacion. El 12 presenta a la XXI Asamblea General los resultados de la VI Cumbre, celebrada días antes en La Habana. Habla dos horas.
Expone los principios que rigen al Movimiento ”contra el sistema injusto y desigual que hoy existe”; plantea la esencia de los problemas y conflictos que aquejan a los países del Tercer Mundo, propone medidas para hacer frente a la crisis económica mundial y enumera una serie de situaciones existentes en ese campo que deben terminar.
Concluye con su gran propuesta, que ha planteado un mes antes en esa Cumbre: los “ricos imperialistas” deben conceder al Tercer Mundo, por diez años, 300.000 millones de dólares, para que los países, carentes de medios, logren su desarrollo. Otra vez la Asamblea lo ovaciona de pies, largamente.
De los nueve mandatarios que mantienen el bloqueo económico y una política de hostilidad hacia Cuba, el mas tenaz es Ronald Reagan (1981-1989). El militarismo y la agresión están en auge; prende “sus guerras” anticomunistas en Centroamerica, invade a Grenada despues del asesinato de Maurice Bishop, aliado de Cuba. Los cubanos que están construyendo el aeropuerto internacional, luchan contra las fuerzas invasoras, y mueren 24.
En el homenaje que les rinden en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Fidel destaca su resistencia y heroísmo, y denuncia la manipulación y las mentiras de Reagan para presentar esa invasión, “sorpresiva y traicionera”, como un triunfo. Estados Unidos veta la resolución de condena del Consejo Seguridad, pero la Asamblea General, por amplia mayoría, adopta otra con un texto semejante. Fidel pronuncia palabras de homenaje a sus muertos y concluye con la expresión usual: “Patria o Muerte, Venceremos”.
Por los avances para lograr una sociedad igualitaria, situación inexistente en el resto del continente, y su resistencia frente al Imperio, Cuba es ejemplo y referente para otros procesos.
Mandatarios de la región, apoyados por sus pueblos, inician en el año 2000 el proceso de cambio y de integración, con exclusión de Estados Unidos. Hugo Chávez, presidente de Venezuela, y Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, son sus grandes impulsores.
Por quebrantos de salud Fidel entrega el poder a su hermano Raúl, en febrero del 2008, pero sigue presente en su columna en el diario Granma, “Reflexiones del Compañero Fidel”.
Cuando viene el anuncio histórico del restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, en julio del 2015, Fidel por seis semanas guarda un enigmático silencio. Luego, en una carta a una federación de estudiantes, dice: “No confío en la política de Estados Unidos, ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos”.
Desde el triunfo de la Revolución hasta su muerte, el 25 de noviembre del 2016, han desfilado por La Habana gobernantes y personalidades de todos los continentes, de distintas tendencia políticas e ideológicas, a presentar sus respetos a Fidel.
Los anticastristas cubanos, y personajes de derecha, con ruidoso regocijo celebran en Miami “la muerte del dictador”. Mientras que en Cuba, el pueblo entero doblado de dolor, lo despide. Adiós a Fidel. Mandatarios y personalidades de todas partes van a Santiago de Cuba, donde reposaran sus cenizas, a despedirlo. Y en Nueva York, la Asamblea General de la ONU, guarda un minuto de silencio en su memoria. Se ha ido un líder único e irreemplazable, eso lo saben todos.

Clara Nieto. Escritora y diplomática, exembajadora de Colombia ante la ONU y autora del libro “Obama y la nueva izquierda latinoamericana”.

martes, 20 de diciembre de 2016

Hasta Siempre, Comandante!




Es medianoche y la noticia me sorprende. Interrumpen la programación de la Televisión Cubana para dar a conocer una alocución de Raúl Castro al pueblo de Cuba.
Querido pueblo de Cuba:
Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo, que hoy 25 de noviembre del 2016, a las 10:29 horas de la noche, falleció el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.
En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados.
En las primeras horas de mañana sábado 26, la Comisión Organizadora de los funerales brindará a nuestro pueblo una información detallada sobre la organización del homenaje póstumo que se le tributará al fundador de la Revolución Cubana.
¡Hasta la victoria siempre!
Estoy sola, me ha impactado y sorprendido la triste verdad. Consternada aviso a mis dos hijos, es una obligación, es como compartir la muerte de un familiar, de alguien a quien siempre tendremos vivo en nuestros corazones. Es Fidel. Es nuestro Comandante en Jefe.
Amigos cercanos de otras latitudes que nos visitan en estos días, y que están a nuestro lado, también se entristecen, están al tanto, nos tienden la mano y manifiestan sus condolencias. Nos piden conservar la prensa que detalla el homenaje.

Su grandeza lo hace querido y respetado por todos.

Fidel es uno de los hombres más grandes que ha dado la humanidad.
Recuerdo ahora sus discursos, su paso firme, la caricia a un niño, la permanente vigilancia por la Patria, el amor a su pueblo.
Fui testigo de muchos acontecimientos históricos; unos victoriosos y otros tristes, pero todos siempre guiados por él.
Presente siempre al lado de su pueblo. Nunca desatendió ningún problema de sus compatriotas, nunca le fue ajeno un reclamo, una opinión por muy insignificante que pareciera.
No dejaba de conmoverme una y otra vez con sus consignas, con sus frases "…cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla! ”, así aclamaba emocionado en la despedida de nuestros hermanos muertos en el Sabotaje de Cubana de Aviación, o cuando dijo: "... la inocencia de esos patriotas es total. Solo les digo una cosa, Volverán”, y volvieron nuestros Cinco Héroes, o con su presencia en cada una de las tribunas en la lucha por el Regreso del niño Elián González.
Su humildad y su amor al prójimo lo hicieron inmenso. Fiel a sus principios, a los valores patrióticos. Defensor de las causas justas y de los pobres.
Hoy siento un dolor profundo, pero también un inmenso orgullo de haberme formado y haber crecido con su guía, con su ejemplo.
Hoy más que nunca me siento feliz de ser cubana. Y honrada de honrarte Fidel.
Hasta Siempre, Comandante!

Carmen Ibañez

De regreso con Fidel hasta el fin de todos los tiempos




En esas nueve lunas, la última roja, Cuba fue la imagen de una conjunción entre “lo real maravilloso y esa inesperada alteración de la realidad, una revelación privilegiada, una iluminación inhabitual, una fe creadora de cuanto necesitamos para vivir en libertad; una búsqueda, una tarea de otras dimensiones de la realidad, sueño y ejecución, ocurrencia y presencia", una definición de Alejo Carpentier que ocupa el lugar de mi falta de palabras que rechazan ser apenas parte de una crónica, que no desean ser reducidas a retazos de una noticia. Murió Fidel, un hombre de carne y hueso que hizo realidad las utopías negadas por siglos a millones de seres humanos.
Fui a esa tierra revolucionaria que es Santiago de Cuba. Un lugar donde todas las generaciones convergen en un mar inmenso de agradecimiento al Comandante. Allí y también en La Habana los jóvenes estudiantes saben que Fidel pensó en ellos antes que nacieran. Vio el futuro apenas bajó de las sierras y recorrió el camino de la gloria.
Casualidad o no, aquel 25 de noviembre Fidel volvió a su barco revolucionario como lo había hecho hace más de medio siglo atrás y transformó el mar en tierra y la volvió a transitar con el mismo polvo de sus huesos. “Fidel es Cuba. Cuba es Fidel. Fidel soy yo” era el grito que rompía el paradójico silencio devenido en un estallido de dolor.
Y atravesó los cuerpos de cada cubano y se quedó en ellos esperando como un niño ser acunado en las ideas que hoy nos deja para defenderlas hasta el final.
Fueron nueve lunas, un embarazo que volvió a parir el sentimiento revolucionario de Fidel y Martí en millones de cubanos. No creo en la magia, pero sí en esa conjunción de la que nos habla Carpentier, cuando lo real maravilloso, es tan real que impacta inicialmente como metáfora, pero deviene en pura realidad concreta, tangible. Fidel existe como existe el perseverante deseo de autonomía e independencia del pueblo cubano.
Ese sincretismo cultural que navega como el Granma buscando convertir el deseo, la promesa en realidad. Allí están todas las creencias que vienen de lejos, de épocas de esclavitud y de dolor, de velas que protegen, de inciensos que buscan ahora mezclarse con las cenizas de Fidel, de otras que lo resucitan en sus ideas, de aquellos que sin dogmatismos hicieron práctica de un marxismo particularmente cubano. De todos aquellos que convergen en esta gesta heroica que se llama revolución.
Dicen que es época de Cocuyos, de esos bichitos que en la noche iluminan los campos y los ojos. Ojalá que esa luz que vio Fidel en su infancia en Birán se esparza en cada rincón de esta tierra llevando el mensaje de un hombre que existió para hacernos más felices.

***

Mi más profundo agradecimiento por haberme permitido compartir fraternalmente el saludo final al Comandante Fidel Castro Ruz a todos los compañeros de la Unión de Periodistas de Cuba en La Habana, Camagüey y Santiago. Mi abrazo fraternal por la solidaridad recibida a todas las compañeras y compañeros del Hotel El Costillar del Rocinante.

Lidia Fagale

Con permiso de Fidel

Aún en medio de la tristeza que embarga al pueblo cubano por la partida física de Fidel Castro, vale la pena hacer una reflexión, claro, con permiso del líder histórico que construyó en la mayor de las Antillas la más grande Revolución de la Patria Grande.
Tuve la oportunidad de estar presente en la tierra de Fidel, que es también la mía, por esos días en que el Comandante en Jefe, como le siguen y seguirán llamando sus compatriotas y todos los agradecidos de este mundo, regresó a las montañas del oriente de Cuba, y en su larga y conmovedora cabalgata fue despedido y arropado por millones de hombres, mujeres, ancianos, niños, niñas y jóvenes.
Fue verdaderamente impresionante el mar de personas, negras, blancas y mestizas, que entre sollozos, vítores, halagos, fotografías y banderas dijeron adiós a un gigante revolucionario de esta y la pasada centurias, y que no solo es de la nación caribeña, sino de todos los seres humanos dignos de Nuestra América y del planeta tierra.
Pero hubo algo que particularmente estremeció y hasta sorprendió a no pocos, y fue la reacción espontánea de las nuevas generaciones de cubanos que por sus edades no tuvieron la oportunidad de ser testigos de las incontables gestas libradas por Fidel, aunque las conocen muy bien a través de sus padres y abuelos.
“Los Pinos Nuevos” de la Isla -parafraseando a Martí- salieron espontáneamente a las calles, con sus propias y frescas consignas e iniciativas, tomaron carreteras y plazas, y derramaron lágrimas como sus progenitores, al paso de Fidel en su trayecto victorioso hacia su nuevo cuartel general, una modesta roca junto a donde reposa el Héroe Nacional José Martí, protegida por la combativa e histórica Sierra Maestra.
Parecía que el invicto Comandante de Comandantes les estuviera mostrando a sus hijos el camino a transitar hacia futuros triunfos de la Revolución de la mayor de las Antillas que comandó desde el 1 de enero de 1959.
A su vez, la reacción de “los Pinos Nuevos” de Cuba fue como una promesa hecha a Fidel de que su abnegado pueblo continuará su legado y defenderá la soberanía y la independencia que heredaron gracias a la lucha de la llamada Generación del Centenario y de los héroes de las guerras libertarias contra el colonialismo.
Constituyó, al mismo tiempo, una respuesta contundente a escasos adversarios, descolocados o ilusos, que apostaron siempre frustradamente a que con la desaparición física de su líder, la Revolución en el decano archipiélago caribeño temblaría y se iría a bolina.
Los cubanos, y muy especialmente los jóvenes, repiten hoy más que nunca que “todos son Fidel”, que su eterno Comandante en Jefe se ha multiplicado en millones, y que desde la eternidad será mucho más peligroso para los enemigos de su Patria porque el ejemplo, las ideas y convicciones que dejó ya se transformaron en banderas y escudos inquebrantables.

Patricio Montesinos

domingo, 18 de diciembre de 2016

Fidel Castro y la educación en Cuba




El virus del deseo de saber

Pedagogía de la solidaridad

Aminata O. Yalcouyé nació en Malí. Tiene veinticuatro años. Cuando era joven, cada día cargaba agua sobre su cabeza desde el pozo y estudiaba por las noches. Quería ser doctora. Comenzó la carrera en su país pero tuvo que dejarla al primer año porque su familia no tenía dinero. Ahora vive en Cuba y estudia medicina sin tener que pagar un peso. Los cubanos le dieron una beca.
Aminata estudia en la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam). Cada día ora. Ella es musulmana. Los primeros dos años en la universidad los vivió en una residencia estudiantil en la que compartió cuarto con Sena, una joven cristiana nacida en Benin, con Paola, una chica venezolana católica, y con Julia, una alumna mexicana atea.
A Aminata le fascina la anatomía. Los exámenes la ponen nerviosa. Cada noche estudia obsesivamente, siempre detrás de su mosquitero, de cuclillas frente a su computadora. A Julia, su compañera de cuarto, le contó cómo en su país los médicos del hospital mandaban a los pacientes con el chamán, porque hay enfermedades que corresponden al doctor y males cuya curación es responsabilidad del brujo. Le platicó la manera en que la vieja del pueblo de su padre intentó envenenarla con la sopa, que su abuela le quitó de las manos justo antes de que se la llevase a la boca. Compartió c on ella que su hermana Cadí era cuasiadivina, y la acostumbró a inspeccionar siempre el lugar del cual salía para evitar dejar cabellos, porque temía que fuesen utilizados por las brujas, a veces disfrazadas de gatos.
Las historias de Aminata solían ir acompañadas de hache ké, un platillo del oeste africano. Una noche, le confesó a Julia lo inconfesable: su nombre escondido detrás del punto de la O de Aminata O . Yalcouyé es un nombre secreto, que nadie conoce, pues si se llegase a escuchar en el fondo del canal que desemboca en el mar, la belleza estructural del sonido rompería en pedazos. El agua cristalina desgarraría la palabra y nos convertiríamos todos en los mismos sonidos. Aminata tiene un nombre escondido detrás del punto en la o . y, aunque eso no se lo cuenta a nadie, esa noche se lo dijo a su amiga-hermana mexicana. Esa convivencia y esos secretos compartidos entre los estudiantes del elam , como el de Aminata y Julia, han tejido fraternidades trasnacionales. La solidaridad internacional que los cubanos han forjado a lo largo de décadas con África, el Caribe y América Latina, de la que la Escuela es apenas un eslabón más, ha revolucionado la enseñanza y la práctica de la medicina.
En la Elam se mira la medicina con lentes diferentes a las de las escuelas tradicionales donde priva la lógica de la ganancia. También la enseñanza. Las clases a las que Julia asistió durante sus dos primeros años cubanos, se hablaba mucho de los países de los que provenían los estudiantes.
Había allí alumnos de Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana, Mongolia, Tanzania, Palestina, El Salvador, Jamaica, República Dominicana, México, Guatemala y San Vicente. Contaban anécdotas y hacían análisis. Conversaban sobre el medio ambiente, los servicios de salud, la situación política, los movimientos sociales, los índices de desarrollo humano y su relación con la sanidad y el proceso de salud-enfermedad.
La elam , la escuela donde estudian Aminata y Julia, es una de las criaturas educativas de Fidel Castro. Se fundó en 1999. Forma parte del Programa Integral de Salud que se desarrolla desde octubre de 1998 para atender los desastres naturales causados por los huracanes Mitch y George , que afectaron a países centroamericanos y caribeños. En ella se entrecruzan dos grandes cruzadas de la Revolución cubana: la pedagógica y la sanitaria.
En esta escuela, ubicada en las antiguas instalaciones de la Academia Naval Granma, cedidas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se han formado durante los últimos diecisiete años más de 25 mil médicos. Sus estudiantes provienen de 122 países latinoamericanos, caribeños, de Estados Unidos, África, Asia y Oceanía. Pertenecen a más de cien grupos étnicos y decenas de religiones. Su objetivo es formar gratuitamente como médicos a jóvenes de otras naciones. En su mayoría, los alumnos son parte de familias de bajos recursos y de lugares apartados.
A los estudiantes no se les pide nada que no sea cumplir con sus obligaciones como alumnos. Nada, excepto una sola cosa. Cuenta Julia: “Nuestros maestros nos decían: lo único que les pedimos es que cuando vuelvan a sus países no le cobren lo mismo al pobre que al rico.”

Una potencia educativa

Cuba es hoy, a pesar del bloqueo estadunidense, una potencia educativa. “La educación cubana es un ejemplo para el mundo”, declaró a la Agencia Cubana de Noticias el representante de la unesco, Miguel Jorge Llivina Lavigne, en el Congreso Internacional Universidad 2014.
La Isla tiene un Índice de Desarrollo de la Educación para Todos muy elevado, incluso si se compara con los países desarrollados. El índice considera la calidad, la primera infancia, la primaria, los jóvenes, la alfabetización de los adultos y la paridad entre los sexos. La enseñanza en Cuba es gratuita y es responsabilidad del Estado impartirla. Es obligatoria hasta el nivel de Preparatoria.
Las cifras hablan. En 2015, esta institución educativa recon oció que Cuba fue el único país que cumplió los objetivos establecidos por el Foro Mundial de Edu cación de Dakar en el año 2000. Es uno de los v einticuatro países que han alcanzado una tasa bruta de escolarización en la enseñanza preescolar superior al ochenta por ciento y la han mantenido, siendo el único país latinoamericano en integrar este listado, (https://goo.gl/CkzkUk).
En el sistema de enseñanza primaria universal, la isla ya alcanzaba en 1999 un porcentaje de noventa y siete por ciento o superior. Lo mantiene hasta la fecha. Con respecto a la transición de la enseñanza primaria a la enseñanza secundaria, en 2011 las cifras cubanas llegaron al noventa y nueve por ciento.
Sorprendentemente, el número de los alumnos cubanos por docente en la enseñanza primaria es de 10 por cada maestro. La media internacional es de 40. A pesar de sus enormes carencias y de la tendencia mundial a reducir cada vez más el gasto público en educación, Cuba tiene el primer lugar entre los países con ingresos bajos que más gastan en educación. Destinó al sector en 2012 el trece por ciento del Producto Nacional Bruto.
Esta hazaña no es producto de la casualidad sino de la convicción y el trabajo. En septiembre de 1961, el comandante Castro señaló sin ambigüedad alguna la misión de la transformación en marcha. “Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución –dijo– es preparar hombres y mujeres. Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es enseñar y educar. La tarea más importante de una revolución, y sin la cual no hay revolución, es la de hacer que el pueblo estudie.”
La historia viene de atrás. Ya desde 1953, en su célebre alegato de autodefensa “La Historia me absolverá”, Fidel Castro había puesto la cuestión educativa como uno de los asuntos que inspiraron su lucha por un mundo mejor. En ese año, el 23.6 por ciento de la población cubana no sabía leer ni escribir y más de la mitad de los niños entre seis y catorce años no estaban matriculados.
Los revolucionarios echaron a andar esta labor pedagógica sin esperar el triunfo. En plena guerra de guerrillas, con destacamentos de hombres armados en continuo movimiento e inclemencias del tiempo, se dedicaron a instruir a sus combatientes y a sus bases de apoyo. Al triunfo de la Revolución en 1959, crearon 10 mil nuevas aulas e impulsaron una reforma integral a la enseñanza.
En 1960, en un célebre discurso ante la Asamblea General de la onu , Fidel Castro se comprometió a terminar con el analfabetismo en un año. Miles de educadores voluntarios se trasladaron a los rincones más alejados de la Isla para combatir la ignorancia. En apenas doce meses, más de 700 mil personas aprendieron a leer y escribir.
Los resultados de este proyecto han sido contundentes. Como lo ha señalado Olga Fernández Ríos, en “1975 la educación primaria en Cuba se había multiplicado en casi tres veces a la existente en 1958, mientras que la educación media lo hacía en más de seis veces, a la vez que la enseñanza universitaria se multiplicó de forma tal que si en 1959 en Cuba había dieciséis alumnos universitarios ya en 1975 había más de 83 mil”.
Para Teodoro Palomino, un antiguo dirigente magisterial que hizo un doctorado en Ciencias Pedagógicas en la Isla entre 1997 y 1999 ha participado en muchos intercambios profesionales con el mundo docente cubano, en pleno período especial, y ha investi gado la experiencia educativa de ese país a profundi dad, una de las grandes fortalezas de este proyecto es el papel que se les da a los docentes. “No son privilegiados –dice–. Pero gozan de un reconocimiento social muy grande. Se les respeta enormemente.”

Las claves del éxito

¿Cómo funciona la educación cubana? Julia, la joven mexicana estudiante de la ELAM, cuenta su experiencia: “En mi memoria quedan mis compañeros dando repasos hasta las tres de la mañana en las aulas que las tías –así llamábamos a todas las trabajadoras de la escuela– nos prestaban. Veía a estudiantes dando clases a otros estudiantes a todas horas, de todas las maneras posibles. En las aulas, en los cuartos, en las literas, en las canchas de futbol, en los pasillos. Vi gente compartir computadoras, cuadernos, lápices, libros, información. Lo que se tenía, lo tenían todos. No se trataba de aprobar el año y graduarse, se trataba de que todos aprobásemos el año y nos graduásemos juntos. Cuando uno terminaba de comprender un tema y repasarlo, no se iba a dormir, se quedaba ayudando al de junto y hasta entonces llegaba la hora de dormir.
“Desde primer año comenzamos a asistir a los policlínicos y a los consultorios. Aprendimos a atender a la población y a elaborar el Análisis de la Situación de Salud, comprendiendo el proceso salud-enfermedad como un proceso biopsicosocial, entrevistando a gente en sus casas, ganándonos la confianza de la población, recorriendo calles, montándonos en bicitaxis para llegar hasta el último rincón para no dejar una sola casa sin visitar. En la mayoría de esas casas nos recibieron con sonrisas y hasta con cafés. Aprendimos los procederes básicos de enfermería con personal de salud que tuvo la paciencia necesaria con nuestro nulo conoci miento de la idiosincracia cubana e incluso con quienes acababan de aprender español.
“Al terminar el segundo año salimos de la sede central de la elam para seguir nuestros estudios en otras sed es, muchas de ellas en provincia. Las puertas de casi todos los hospitales del país se nos abrieron de manera cálida para hacernos sentir como médicos. Des de el primer día se nos asignó una cama y comenzamos a trabajar. Mi primera paciente se convirtió en mi amiga y cada vez que me cruzo con ella o con su hija por las calles de Cienfuegos me reclama el hecho de que nunca fui a visitarla a su casa a comer aquel cerdo asado que me prometía siempre. El paciente de la cama que tuve asignada en terapia intensiva me regaló un bolígrafo cuando dejé el mío olvidado en casa.
“Los doctores nos explicaron cómo determinar la conducta médica tanto en Cuba como en nuestros paí ses, dependiendo de las posibilidades económicas y de recursos que tuviésemos a la mano. En ocasiones no había en la farmacia los medicamentos necesarios y tratar a los pacientes en consulta resultaba difícil, pero pocas veces predominaba la quietud o el silencio. Se recurría a la medicina natural, a explicar la situación al paciente y ante todo, a tranquilizarlo. Se intentaba dar solución siempre al problema aunque fuese inventando, como se dice en buen cubano al hecho de resolver un problema de manera creativa. “ Poco a poco nos fuimos acostumbrando. Caí en cuenta de lo mucho que me había acostumbrado un día en que me senté a redactar un plan preventivo en caso de derrumbe para una comunidad en la cual iba a trabajar en México el verano siguiente. La información que logré obtener en internet mostraba que para el municipio entero existían nueve médicos y siete clínicas, y ninguno se encontraba cerca de la comunidad. No entendí cómo eso era posible, me quedé fría.”
Sin ser los únicos, la gran mayoría de los rasgos de la enseñanza en el elam que describe la estudiante mexicana son parte del proyecto educativo cubano. La forma en la que los jóvenes aprenden, la orientación general de sus estudios, es la misma con la que se instruyen los cubanos. En ellos está la llave de su éxito. Según Teodoro Palomino, una de las claves que explican los enormes avances en la enseñanza en la Isla, tienen que ver con su política educativa única. El sistema está integrado desde los círculos infantiles hasta el postgrado. Hay verdadera planeación. Los docentes están en un proceso de formación permanente, y disfrutan de asesoría contínua sobre técnicas y metodologías. Se forman con conocimientos científicos probados por su aplicabilidad más que en la investigación y comprobación de teorías. Se parte de que la pedagogía es una ciencia, no una disciplina.
En 1992, Fidel Castro resumió la ideas-fuerza del proyecto educativo de la Cuba socialista. “Una de las cosas que tiene que lograr la escuela –dijo en el Palacio de las Convenciones– es enseñar a estudiar, a ser au to didacta, porque la inmensa mayoría de los conocimientos no los va a adquirir en la escuela; en la escuela va a adquirir las bases, en la escuela tiene que aprender a estudiar, tiene que aprender a investigar; en la escuela tienen que introducirle el virus del deseo y la necesidad de saber”. Ese virus del deseo y la necesidad de saber han hecho de Cuba el país mejor y más educado de América Latina, y un ejemplo para todo el mundo.

Luis Hernández Navarro
La Jornada

El destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano




Ahora que Fidel Castro Ruz ha muerto, diez años más tarde de lo que los detractores de la revolución cubana hubieran deseado, las preguntas siguen siendo las mismas: ¿Qué pasará en Cuba? ¿Se derrumbará la revolución al estilo de la Unión Soviética en 1991?
La burguesía cubana radicada en Miami y los sectores más duros de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos todavía albergan la esperanza que algún día no tan lejano, la Habana vuelva a ser lo que fue en el pasado antes de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959: El centro de operaciones de Charly “Lucky” Luciano, Santo Trafficante Sr., Meyer Lansky y otros mafiosos de poca monta, y el antro de la prostitución.
Obcecados en derrotar a la revolución cubana lo han intentado todo. Absolutamente todo. Empezando por el bloqueo comercial, político y diplomático, pasando por la invasión militar en Bahía de Cochinos hasta conjurar y atentar contra la vida de ciudadanos cubanos con actos terroristas y culminar con los planes de la CIA para asesinar al Comandante en Jefe.
¿Qué ha dejado de hacer la burguesía cubana y el gobierno de los Estados Unidos para derrotar a la revolución cubana?
Nada. Pero ni a las malas ni a las buenas lo han logrado. No obstante, la amenaza es permanente.
«No se puede confiar en el imperialismo, pero, ni tantico así», exclamó categórico Ernesto Guevara en 1961 y mucha razón tenía el Che. No se puede confiar en nada y nadie. Ni en los cantos de sirenas neoliberales ni en las Circes socialdemócratas que prometen el vellocino de oro a cambio de olvidar la epopeya del Pico Turquino, que es el símbolo del esfuerzo y la perseverancia de un pueblo por alcanzar su verdadera independencia. Es el símbolo de la revolución.
Eso lo sabía Fidel y los que lucharon con él. Hay que estar siempre alerta, pues el enemigo brutal no duerme. Por esa razón, el jefe de la revolución cubana fue claro y explícito el 17 de noviembre del 2005 en su mensaje a los estudiantes universitarios de la Habana, cuando apeló a la audiencia ahí presente a reflexionar dialécticamente acerca de las siguientes hipótesis: “¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Podía añadirles una pregunta de inmediato. ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? (Exclamaciones de: “¡No!”) ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad?”.
Efectivamente, las revoluciones pueden derrumbarse. Incluso la cubana.

Cuba no es la Unión Soviética

En ese mismo discurso Fidel hace un repaso histórico del desarrollo de las ideas de Carlos Marx, Federico Engels y Lenin vistos desde la perspectiva dialéctica del desarrollo de la sociedad. Con sentido crítico comenta Fidel en su discurso que: “Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx”.
También habló Fidel de los errores cometidos en la construcción del socialismo, los propios y los ajenos. Explícitamente se refirió a los cometidos por los revolucionarios bolcheviques, sin mencionar nombres, pues, al fin y al cabo, a buen entendedor pocas palabras bastan. Pero el avezado lector sabe a quién se refiere.
La afirmación que Cuba no es la Unión Soviética no es antojadiza ni voluntarista. La historia político-económica, social y multicultural de la Unión Soviética es muy diferente a la de Cuba y, por consiguiente, las características particulares de la revolución fidelista – guerra de guerrillas y toma del poder – son únicas y no pueden compararse con los de la revolución de octubre y su posterior desarrollo. Más allá de lo común – ideología, partido único, propiedad social a través del estado de los medios de producción y la aspiración por construir el socialismo – Cuba no es la Unión Soviética. Cuba es Fidel y además, una isla.
El fracaso del proyecto histórico “revolución socialista bolchevique” o, dicho en otras palabras, el triunfo de la contrarrevolución burguesa internacional en la Unión Soviética, no se debió solamente a la incapacidad política de las máximas autoridades o al “reformismo” de Mijaíl Gorbachov, sino esencialmente a la acumulación de errores político-económicos e ideológicos al interior del partido comunista soviético a partir de la muerte de Lenin en 1924. Errores tácticos y estratégicos que no se supieron corregir a tiempo.
Por otra parte, el derrumbe del “modelo soviético de desarrollo al socialismo”, demostró que la teoría marxista, y la leninista acerca del Estado y la Revolución no pueden aplicarse mecánicamente como si se tratara de un recetario de cocina. Tanto la teoría como la experiencia de las revoluciones socialistas son simplemente una guía para la acción revolucionaria, pero no la fórmula mágica para resolver los problemas que genera la lucha de clases a nivel nacional e internacional. Por lo tanto, la aplicación dialéctica de la teoría revolucionaria en los momentos concretos de desarrollo de la lucha de clases no tiene nada que ver con revisionismo político-ideológico, sino más bien con el verdadero quehacer político revolucionario.

¿Cómo evitar un posible derrumbe?

Una de las formas para evitar la involución o reversión de la revolución –así lo postuló Fidel– es la corrección a tiempo de errores en el trabajo de partido y en la administración del estado, la rectificación de tendencias económicas que conducen a modelos de desarrollo capitalistas y la puesta en marcha de medidas adecuadas para evitar la corrupción, el despilfarro, el subterfugio, la mentira, los privilegios y la malversación de los bienes públicos.
Pero, además, Fidel añade en su discurso un elemento esencial en la construcción del socialismo: La ética revolucionaria. Muchos de los abusos de poder, la corrupción y los privilegios derivan de la ausencia de ética revolucionaria y falta de conciencia de clase. Aunque también apostilla que no son solamente problemas derivados de la falta de ética revolucionaria de funcionarios de gobierno y miembros del partido, sino que también son causa y efecto de un problema económico todavía no resuelto. Fidel está consciente que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene que corresponderse con un desarrollo económico integral del modo de producción socialista. Pero Fidel también deja claro en su discurso lo que él no quiere para Cuba: Un desarrollo capitalista de las relaciones de producción.
Es precisamente en este punto neurálgico sobre el cual dependen y dependerán todos los acuerdos y tratados comerciales bilaterales con los Estados Unidos y la Unión Europea. Parafraseando a Rosa Luxemburg podría decirse que el dilema de la sociedad cubana en el futuro mediato será elegir entre avanzar hacia la meta socialista o regresar a la barbarie capitalista. Esta será la encrucijada en los próximos años en Cuba: Socialismo o renunciar a la herencia de Fidel y el Che (El legado de Fidel y el Che). En Cuba la suerte todavía no está echada.
En todo caso, sea cual fuera la opción –revolución o involución– que el pueblo elija, lo que sí quedó bien claro en el discurso del 17 de noviembre del 2005 es que el único sujeto histórico que puede hacer sucumbir la revolución cubana es el pueblo cubano. Es decir, que el destino de la revolución solo está en manos del pueblo cubano y de nadie más.

Roberto Herrera

Fidel y Raúl en Cinco Palmas: un reencuentro con eterna vigencia

Aquel 18 de diciembre de 1956 y en los días posteriores en que llegaron nuevos combatientes, más otros que encontrándose cerca se reincorporaron a la pequeña guerrilla que se internó en la Sierra Maestra el 25 de diciembre, se reafirmaba la continuidad histórica de la Revolución Cubana

La mañana del 18 de diciembre de 1956 había comenzado tranquila para Fidel Castro Ruz, quien desde el día 16 permanecía en la finca El Salvador junto a Faustino Pérez Hernández y Universo Sánchez Álvarez. Los tres expedicionarios habían llegado a la zona de Vicana Arriba en las estribaciones de la Sierra Maestra, luego de sortear el acoso enemigo tras el descalabro de Alegría de Pío, realizar largas caminatas y enfrentar la escasez de agua y alimentos.
Poco a poco, en la finca de Ramón Mongo Pérez, hermano de Crescencio Pérez, se fueron reagrupando varios de los expedicionarios del Granma, auxiliados por colaboradores vinculados al Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Guillermo Gar­­cía y Crescencio Pérez formaban parte de los campesinos que organizara Celia Sánchez Manduley para apoyar el desembarco del Granma. Ambos, desempeñaron un papel decisivo en la protección de los combatientes y en la recogida de armas dispersas.
Alrededor de las 10:00 de la mañana del 18 de diciembre, Primitivo Pérez, un trabajador de la finca, le trajo a Fidel una cartera de piel que contenía la licencia de conducción mexicana de Raúl.
«¡Mi hermano! Dice Fidel con alegría cuando ve el documento. ¿Dónde está? Y luego inquiere de inmediato, sin esperar la respuesta a la pregunta anterior: ¿Anda armado?» [1]
Primitivo le explica que esa mañana Hermes Cardero, un vecino, ha traído la cartera para entregársela a Mongo. El campesino le explicó que el documento se lo dio un hombre que esa madrugada había llegado a su casa, y que se identificó como Raúl Castro.
Ante la duda de que fuera una artimaña del enemigo para detectar a Fidel, el líder revolucionario diseñó una estrategia infalible. Le dio a Primitivo los nombres y los apodos de los extranjeros que vinieron en el Granma y lo dijo que si al preguntar por ellos coincidía la información, tendríamos la certeza de que eran Raúl y sus compañeros.
Horas más tarde regresó Primitivo con la noticia que efectivamente su hermano Raúl estaba muy cerca y que lo acompañaban otros cuatro combatientes —Efigenio Ameijeiras Delgado, Ciro Redondo García, René Rodríguez Cruz y Armando Rodríguez Moya—, todos portando sus armas. Fidel decidió esperar la no­che para el trascendental encuentro.
«Al fin, a la medianoche, sienten acercarse a unos hombres. Bajo las palmas nuevas del cañaveral de Mongo Pérez, los dos hermanos se estrechan en un emocionado abrazo, y se produce el diálogo histórico:
—¿Cuántos fusiles traes? —pregunta Fidel a Raúl.
—Cinco.
—¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!»[2]
Esta histórica frase, cuyo significado ha trascendido en el tiempo como máxima expresión del optimismo, acompaña a todo revolucionario cubano, como premisa insoslayable del pensamiento de Fidel, quien nos enseñó a nunca rendirse aun ante las más adversas condiciones, a convertir los reveses en victoria y a mantener la fe en el triunfo. Así fue en el Moncada, en el Presidio, en el exilio, en la lucha en la Sierra y en la defensa de la Revolución triunfante el Primero de Enero de 1959; así fue cuando con el derrumbe del campo socialista muchos pensaron que la Revolución Cubana fenecería y así será aunque físicamente ya no está, porque el reencuentro en Cinco Palmas hace 60 años, es un símbolo revolucionario, es la clarinada que nos demostró como dijo Raúl el pasado 3 de diciembre que sí se pudo, sí se puede y sí se podrá.
Hace 60 años, Raúl Castro relató cómo se produjo aquel encuentro en un pequeño cañaveral, con cinco palmas. En las páginas de su diario de combatiente, puede leerse:
«Por fin, a la luz de la luna, aparecieron algunos campesinos y como a las 9:00 p.m. enfilamos precedidos por ellos cuatro. No caminamos mucho cuando se detuvo la vanguardia y emitió unos cuantos silbidos que contestaron a varios metros.
«Llegamos, y a la orilla de un cañaveral nos esperaban tres compañeros, Alex [Fidel], Fausto [Faustino] y Universo. Abra­zos, interrogaciones y todas las cosas características de casos como estos. A Alex le alegró mucho que tuviéramos las ar­mas».[3]
En aquel momento no hacían falta más palabras. Ahora, hace pocos días el propio Raúl, protagonista excepcional de aquel reencuentro, nos dijo:
«La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios.
«Esas palabras que expresé hace más de dos décadas sobre quien, tras el desastre del primer combate en Alegría de Pío, […] nunca perdió la fe en la victoria, y 13 días después, ya en las montañas de la Sierra Maestra, un 18 de diciembre […] al reunir siete fusiles y un puñado de combatientes, exclamó: “¡Ahora sí ganamos la guerra!”.
«Ese es el Fidel invicto que nos convoca con su ejemplo y con la demostración de que ¡Sí se pudo, sí se puede y sí se podrá! O sea, repito que demostró que sí se pudo, sí se puede y se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo, ¡Garantizar la independencia y la soberanía de la patria!». [4]
Aquel 18 de diciembre de 1956 y en los días posteriores en que llegaron nuevos combatientes, más otros que encontrándose cerca se reincorporaron a la pequeña guerrilla que se internó en la Sierra Maestra el 25 de diciembre, se reafirmaba la continuidad histórica de la Revolución Cubana, iniciada en La De­ma­jagua y mantenida hoy por nuestro pueblo.

Jorge Luis Aneiros Alonso | nacionales@granma.cu
Subdirector general de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

[1] Pedro Álvarez Tabío: Diario de la Guerra I, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2010, p. 113.
[2] Pedro Álvarez Tabío: Diario de la Guerra I, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2010, p. 115.
[3] Ibídem, p. 118.
[4] Discurso pronunciado en el acto político en homenaje póstumo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, en la Plaza Mayor General Antonio Maceo Grajales, de Santiago de Cuba, el 3 de diciembre del 2016.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Un legado de Fidel para el mundo: teoría y práctica




Desde sus estudios secundarios en los años 1950, Fidel Castro empezó a familiarizarse con los escritos y las actividades de José Martí, entre otros cubanos del siglo XIX que lucharon por la justicia social y la independencia de España. Fidel leyó los 28 volúmenes de la obra de Martí. También estudió los trabajos y las actividades prácticas de Marx, Engels y Lenin. Analizó y profesaba un gran respeto por la revolución bolchevique. En el primer período de sus admirables estudios autodidácticos, vivió y fue activo políticamente, no solamente en Cuba sino también en otros países latinoamericanos, como en República Dominicana. Las tradiciones e ideas revolucionarias de la región influyeron también en su manera de pensar. Éstas absorbieron su pensamiento y su espíritu político como revolucionario de una rápida evolución, listo a entregar su vida por la causa de los más vulnerables. Su sed por familiarizarse con las diferentes tendencias del pensamiento y la acción política cubana e internacional lo acompañó toda su vida.
Entre muchos otros aspectos, el legado de Fidel reside en su singular capacidad para unir la teoría y la práctica. Y lo hizo, teniendo en cuenta su longevidad política sin precedentes históricos, como ningún otro revolucionario del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. Gabriel García Márquez, icono del pensamiento latinoamericano, quien lo conoció muy bien personalmente, escribió que Fidel es “el antidogmático por excelencia” (“A Personal Portrait of Fidel Castro.” In Fidel Castro, Fidel: My Early Years, Ocean Press, Melbourne, 1998, página 17). Vale la pena detenernos a reflexionar acerca de la evaluación del alcance del antidogmatismo de Fidel.
El Che Guevara vivió y luchó con Fidel Castro en el centro de la Sierra Maestra, y luego del triunfo de 1959. Estando en Bolivia, el 26 julio de 1967, aniversario del ataque a Moncada, el Che escribió en su diario boliviano acerca del “significado del 26 julio, como una rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios” (Ernesto Che Guevara, The Bolivian Diary of Ernesto Che Guevara, Pathfinder Press, Montreal, 1994, página 239). Sí, usted leyó correctamente: “dogmas revolucionarios”. Fidel y el movimiento que lideró fueron forzados a irse contra la corriente dominante de la izquierda en aquel momento en Cuba, abriendo para ello el camino de la lucha armada por medio del ataque a dos cuarteles de Batista, entre ellos el de Moncada. De esta manera, esta rebelión fue también una revuelta contra esta izquierda, incapaz de entender ese momento histórico. Desde el punto de vista de una parte de la izquierda, Moncada no fue “políticamente correcto”. Parte de la izquierda, tanto en Cuba como a nivel internacional, difamaron a Fidel Castro como el protagonista de un “golpe pequeñoburgués” por esta vanguardista rebelión contra el Moncada. Supuestamente, ésta acción fue considerada como no justificada por los seguidores de los “manuales” marxistas, vistos por ellos como dogmas fijos en el tiempo y el espacio, antes que como una guía para la acción. Fidel dio un giro al pensamiento y a la práctica revolucionarios. Las estrategias y condiciones de los bolcheviques no fueron las mismas que existían en Cuba en los años 1950, que llevaron al triunfo de la revolución en 1959. La situación actual de Cuba tampoco es la misma que en 1959. Tan sólo una revolución como la cubana, depurada del dogmatismo, puede navegar en un mundo en cambio permanente.
En los años 1950, Fidel logró que la tendencia recalcitrante de la izquierda cubana se uniera a la causa. Lo hizo a través de las acciones del Movimiento 26 de julio, dentro de un espíritu de autosacrificio y del nuevo pensamiento político. Éste último, expresado en su discurso “La historia me absolverá”, constituyó su defensa ante el juicio seguido a su captura, después de la derrota de Moncada. Todos estos factores combinados sacudieron profundamente a Cuba, algo que tan sólo podía producir un pensador independiente, junto con sus colaboradores.
Lo demás es historia. ¡Pero no! ¿Cuántas veces luchó Fidel Castro contra la corriente y sacó a Cuba del callejón sin salida del desastre? Tan sólo una ilustración: en 1991, Fidel rechazó las reformas de Mijaíl Gorbachov y la capitulación ante Estados Unidos. De hecho, previó la caída de la URSS dos años antes de que ésta sucediera. ¿Dónde este requisito de resistencia y rebelión de vida y muerte, es expresado explícitamente en cualquiera de los trabajos de Marx, Lenin o José Martí? Aún si todas estas figuras políticas transpiran los principios, las ideas y la devoción del autosacrificio por la causa del pueblo que son aplicados a tales desafíos impredecibles. No obstante, aún con esta herencia del siglo XX y comienzos del siglo XXI, durante los amenazantes y turbulentos tiempos desconocidos entre finales de 1980 y 1991, los mismos revolucionarios cubanos debieron crear el camino a seguir. Estados Unidos esperaba la oportunidad, lamiendo sus heridas, con la idea de que Cuba cayera. ¿Dónde podría estar Cuba ahora si no hubiese roto relaciones en aquella época para de nuevo permanecer fiel a su tradición antidogmática, permitiendo así guiarse por nuevas ideas y orientaciones?
De esta manera, el legado de Fidel reside en su capacidad para unir la teoría y la práctica —o la práctica y la teoría, a través del análisis de las “condiciones concretas”. Es cierto que este “análisis” presupone un punto de vista teórico. Sin embargo, esta perspectiva, aplicada a la noción de “condiciones concretas”, significó observar el mundo concreto y comprender las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías del pueblo cubano en un momento determinado. Esta capacidad para unir, intrínseca y consistentemente, la teoría y la práctica, contribuyó a la formación de un revolucionario como Fidel.
Algunos podrían decir que al tratar este liderazgo ejemplar de Fidel acerca de la teoría y la práctica, se podría caer en la individualización de Fidel y así en la personalización de la Revolución cubana en detrimento del papel jugado por el pueblo y sus más cercanos colaboradores. Sin embargo, nada puede estar más lejos de la verdad. ¿En qué otra fuente, si no es en el pueblo, tiene éxito este análisis concreto y estas condiciones concretas? Las condiciones concretas corresponden al pueblo y a su continuo movimiento. La teoría y la práctica son inseparables cuando se trata de Fidel.
Adicionalmente a esta lección de método, manifestaciones concretas tales como sus pronunciamientos acerca de una miríada de temas domésticos e internacionales, hacen parte de su legado. En 2001, por ejemplo, dijo: “revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Esto dio a los cubanos una orientación práctica en la actividad política cotidiana. En 2005, cuando hacía frente a problemas domésticos, dijo: “Este país puede autodestruirse. Esta revolución puede autodestruirse, pero ellos [los poderes extranjeros] nunca podrán destruirnos; podremos destruirnos a nosotros mismos, y esto sería culpa nuestra”. En el complejo contexto del tema de las relaciones Cuba-Estados Unidos, desde el 17 de diciembre de 2014 Fidel expresó sus opiniones en varias ocasiones. Éstas no son solamente pertinentes sino necesarias para guiar las políticas cubanas actuales y futuras, así como para despertar la conciencia en la gente progresista del mundo entero con relación a estas polémicas preocupaciones internacionales.
No se puede sobrestimar el papel del individuo en la historia, pero sería engañoso subestimarlo. Charles Darwin, por ejemplo, fue un naturalista que postuló las teorías de la evolución y de la selección natural. Darwin rompió el molde estudiando los trabajos de otros científicos a quienes había consultado y, más importante aún, resultó ser el análisis de la naturaleza que hizo por su propia cuenta. De forma similar, Marx siguió este camino para hacer sus propios descubrimientos en el pensamiento social y político. Aun cuando no estoy comparando a Fidel con Darwin o Marx —pues él mismo condenaría una comparación tan injustificada, el principio del papel que juega la determinación individual en la apertura de nuevos caminos hasta ahora inexplorados, estableciendo vínculos entre el pensamiento y las condiciones, se aplica a Fidel. Es un arquetipo sobresaliente del siglo XX y hasta bien entrado el siglo XXI, ya que su pensamiento y su ejemplo serán aplicables por lo menos durante varias décadas más en este siglo.
Fidel fue una figura política que pensó por sí mismo. Sin embargo, su enfoque se basó ante todo en principios revolucionarios. Fue un antidogmático por excelencia, en quién la teoría y la práctica del movimiento de los más vulnerables de Cuba se entrelazaban hasta tal punto que se habían indistinguibles por sí solas. Él triunfó en su camino más allá que nadie más desde 1940 hasta el 11 octubre de 2016, última ocasión en que sus palabras fueron publicadas. Sin embargo, Fidel tuvo la última palabra el 25 noviembre de 2016 cuando Cuba —un pequeño país del tercer mundo, bloqueado, que tan sólo 56 años atrás rompió las ataduras de 500 años de colonialismo e imperialismo— fue el centro del mundo, sin dejar a nadie, amigos o enemigos, indiferente frente a este gigante de la teoría y la práctica. En la larga vida y obra de Fidel Castro, nunca se presentó una brecha entre la teoría y la práctica: éstas fueron una sola. Este legado, aplicable universalmente, hace ahora parte del camino a seguir por los sectores progresistas de la humanidad, por la gente vinculada a las fuerzas de izquierda y por los revolucionarios.

Arnold August, periodista y conferencista canadiense, el autor de los libros Democracy in Cuba and the 1997–98 Elections y Cuba y sus vecinos: Democracia en movimiento @Arnold_August FaceBook

miércoles, 14 de diciembre de 2016

El encuentro, dos décadas después




Este 14 de diciembre se cumplen 22 años de la primera visita a Cuba de Hugo Chávez

Fidel junto a Chávez en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Foto: Ahmed Velázquez
Este 14 de diciembre se cumplen 22 años de la primera visita a Cuba de Hugo Chávez y su encuentro con el líder de la Revolución Fidel Castro, el cual trascendió la mera amistad entre dos hombres para transformar de golpe la fisonomía de todo un continente.
«Cuando me asomo a la puerta del avión lo veo a él, a Fidel, al Caballo, allá parado esperándome en la puerta de la escalerilla. Fidel entendió rápido lo que había ocurrido y en­tendió rápido lo que estaba aquí comenzando a ocurrir», contó el líder bolivariano, quien llamó al instante en que conoció a Fidel co­mo «El encuentro».
«Yo no merezco este honor, aspiro a merecerlo algún día en los meses y en los años por venir», dijo Chávez ese día de 1994 sorprendido aún porque, después de todo, él era el militar «golpista», el «rechazado» en América Latina y el Caribe.
El venezolano aceptó la invitación del historiador Eusebio Leal y vino con los sueños cual Libertador de la nueva etapa que ya se gestaba. En­contró en Fidel la motivación para impulsar el proyecto de los próceres independentistas y cambiar de esa forma la fisonomía de la América Nuestra.
Del otro lado, un Fidel previsor y adelantado a su tiempo, percibió en el joven revolucionario sus dotes de excelente orador, hombre comprometido con sus raíces, sus ideas, pero sobre todo su pasión por la His­toria y por Bolívar.
Con su verbo encendido Chávez deslumbró al au­ditorio que se congregó en el Aula Magna de la Universidad de La Habana horas más tarde. En ese histórico recinto confesó que era la primera vez que venía físicamente, «porque en sueños, a Cuba ha­bía venido muchas veces».
Chávez conmovió cuando calificó a la Isla como a un «bastión de la dignidad latinoamericana». El «hereje» prometió volver y hacer la Revolución en su Venezuela natal, y así lo hizo. Cuatro años después, Chávez ga­nó las elecciones e impulsó un proceso de transformaciones en la sociedad, la economía, la política y la cultura de su país que se mantiene en la actualidad: la Revolución Bo­livariana.
En todo ese proceso, la visión compartida con Fidel de que un mundo mejor era posible se tradujo en proyectos de solidaridad con otras naciones, como es el caso de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amé­rica-Tratado de Comercio de los Pue­blos (ALBA-TCP), con 12 años de existencia.
En el 2004, siendo presidente de Ve­ne­zue­la, Chávez visitó Cuba nuevamente. En esa ocasión el líder de la Revolución cubana ex­presó: «Prometiste volver un día con propósitos y sueños realizados. Volviste y volviste gigante, ya no solo como líder del proceso revolucionario victorioso de tu pueblo, sino también co­mo una personalidad internacional relevante, querida, admirada y respetada por muchos millones de personas en el mundo, y de modo especial por nuestro pueblo».
Para conmemorar el encuentro histórico y de la creación del ALBA-TCP, se celebrará este miércoles en el Palacio de Con­ven­ciones de La Habana un acto de solidaridad con Venezuela.

Granma

lunes, 12 de diciembre de 2016

La herejía revolucionaria




Lecciones de la revolución cubana

“En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en íconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para ‘consolar’ y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola”. LENIN (El Estado y la Revolución, capítulo I).

Una de las lecciones que nos dejó Fidel fue su herejía a toda prueba, tanto en la teoría como en la práctica. Su ejemplo de más de medio siglo de lucha y pedagogía revolucionaria, es una invitación a pensar con cabeza propia, a descubrir las vías de la revolución antimperialista y a actuar como se piensa. Todo esto reviste sin duda un carácter herético. Una revolución es acto de herejía porque despedaza dogmas y manuales. Los grandes revolucionarios del siglo XX, Lenin, Mao Zedong y Fidel Castro fueron estigmatizados como herejes y aventureros. Sus peores enemigos fueron los sacerdotes de la ortodoxia amenazada por bolcheviques, maoistas o fidelistas.
Sucedió con Lenin, artífice de la primera revolución proletaria. Una verdadera proeza en un país atrasado como la Rusia de 1917. En respuesta al desafío bolchevique, la burguesía internacional organizó una invasión con 14 ejércitos. Pero también a Lenin lo calificaron de “aventurero” y “apóstata” del marxismo los seniles administradores de la ortodoxia doctrinaria. Veinte años después, el fenómeno se repitió con Mao Zedong, el líder de la revolución china. El maoísmo se fundamentaba en el marxismo-leninismo pero en las condiciones de China, y planteaba hacer la revolución con los campesinos. Mao rompió con la dirección del partido comunista, dócil instrumento de Stalin. El dictador soviético apoyaba al Kuomintang, un movimiento nacionalista dirigido por Chiang Kai-shek. Cuando el partido comunista fue aniquilado a traición por el Kuomintang, Mao y sus seguidores emprendieron la larga marcha que culminó, en 1949, con la victoria de la primera revolución socialista de campesinos en un país inmenso pero atrasado y pobre.
Lo mismo -no podía ser de otro modo- ocurrió con Fidel. No solo fue atacado y calumniado por las clases opresoras de todo el mundo. También fue criticado con virulencia desde la “izquierda” que lo consideró un aventurero cuyas metas eran inalcanzables. Abogado y ex dirigente estudiantil, Fidel tenía 26 años cuando se separó del Partido Ortodoxo y se dio a la tarea de organizar un movimiento clandestino para derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista. El 26 de julio de 1953 -al frente de 131 combatientes-, Fidel asaltó el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. La derrota costó las vidas de muchos prisioneros asesinados por la soldadesca batistiana. Fidel libró con vida gracias a un oficial honorable. La acción, que pretendía insurreccionar al pueblo, no encontró apoyo en las organizaciones políticas. Más bien la reprobaron por “aventurera”. Lo mismo hicieron numerosos partidos comunistas en el mundo. En Chile un columnista del diario El Siglo sugirió que el asalto lo había organizado la CIA. Pero el heroísmo de los combatientes del Moncada dio origen al Movimiento 26 de Julio, que menos de seis años después consumó la victoria revolucionaria.
La historia me absolverá se convirtió en la piedra angular de la conciencia revolucionaria del pueblo. Fidel no solo fue comandante en jefe del Ejército Rebelde que derrotó al ejército de Batista. A la vez fue mentor ideológico del M-26-7 y educador político del pueblo. El rojinegro guerrillero se convirtió en bandera de millones. Sin embargo el liderazgo de Fidel y del M-26-7 se vieron disputados por otras organizaciones. Las críticas del Partido Socialista Popular, comunista, subrayaban que los dirigentes del M-26-7 eran elementos radicalizados de la pequeña burguesía. A su vez, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo -de origen estudiantil- montó una guerrilla en el Escambray. Sin embargo, en 1958 el PSP modificó su línea e incorporó algunos cuadros al Ejército Rebelde, reconociendo la conducción del Comandante Fidel Castro. La decisión del PSP liberó también a sus dirigentes sociales para apoyar a las milicias urbanas del M-26-7. La corrupta Central de Trabajadores de Cuba, controlada por el mafioso de origen catalán Eusebio Mujal, permaneció leal a Batista. En julio de 1961, tres años después del triunfo de la revolución, se dio un primer paso hacia la unidad de los revolucionarios. Se crearon las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), con el M-26-7, PSP y Directorio Revolucionario, que respetó -de los dientes para afuera- el liderazgo de Fidel. Sin embargo, el secretario de organización de las ORI, Aníbal Escalante, viejo cuadro del PSP, tramó una maniobra para desplazar a Fidel, acusándolo de “anti sovietismo”.
Fidel venía criticando el sectarismo del PSP que intentaba copar la estructura orgánica de las ORI. En marzo de 1962 se fundó el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y en octubre de 1965 el Partido Comunista de Cuba (PCC). No obstante estos avances hacia la decantación ideológico-política de la conducción revolucionaria, la oposición interna a Fidel se mantenía invocando los principios más puros del marxismo-leninismo y el ejemplo de la URSS. Esa tendencia consiguió hacer la vida insoportable a los cubanos en el oscuro periodo conocido como “el sectarismo”. Muchos revolucionarios fueron expulsados del partido. A otros se les impidió acceder a cargos de mayor responsabilidad. Se intentó reproducir en Cuba una burocracia partidaria al estilo de las “democracias populares” europeas. Se calificaba a Fidel de aventurerismo por su política de confrontación con el imperialismo y por su apoyo a la lucha revolucionaria en otros países. Se argumentaba que esto llevaría al aislamiento de Cuba del campo socialista. La crisis de los misiles que crispó las relaciones con la URSS, avivó las críticas de la ortodoxia marxista. En 1966 Raúl Castro denunció las maniobras de la “microfracción”, responsable del sectarismo. El grupo lo componían antiguos militantes del PSP que impugnaban las herejías ideológicas de Fidel. La “microfracción” había hecho contactos con dirigentes de los partidos comunistas de la URSS y Checoslovaquia. En septiembre de ese año, Fidel criticó los convenios financieros de la URSS con los gobiernos de Chile y Brasil, que a su juicio ayudaban a las oligarquías latinoamericanas. El diputado Orlando Millas, miembro de la comisión política del PC chileno, respondió a Fidel, lo que originó una dura réplica del lider cubano.
Cuba es la primera revolución socialista en América Latina. Si se miraba esa experiencia con el catalejo del reformismo parecía una aventura. Desafiar por más de medio siglo el bloqueo del imperio ubicado a tiro de cañón de esta pequeña isla (su tamaño es similar a la Región de Tarapacá), parecía una meta imposible. Pero Fidel y el pueblo cubano demostraron que sí se podía convertir a esa nación, cohesionada por una ideología revolucionaria, en una potencia mundial del internacionalismo. Numerosos países de América Latina, Africa y Asia recibieron -y reciben- la ayuda cubana en médicos y otros profesionales. Miles de soldados cubanos aseguraron la independencia de Angola y Namibia y dieron un golpe de muerte al régimen del apartheid en Sudáfrica.
La oposición del reformismo se basaba en que Cuba impulsaba la vía armada como forma principal de lucha por la independencia de América Latina. Todas las otras formas, incluyendo la electoral, debían contribuir a fortalecer la vía fundamental. En enero de 1966 se constituyó en La Habana la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que hizo suyos esos principios. En agosto del año siguiente tuvo lugar la conferencia de la Tricontinental, para articular la solidaridad con la lucha armada. OLAS y Tricontinental fueron creaciones políticas de Fidel. Esas experiencias dejan en claro que Fidel y el Che compartían la misma visión estratégica sobre la lucha en América Latina, lo cual desmiente la trajinada hipótesis de que se había producido una ruptura entre ambos.
Un mes antes de su caída en Bolivia, el Che anotaba en su Diario de Campaña: “Un diario de Budapest critica al Che Guevara, figura patética, y, al parecer, irresponsable y saluda la actitud marxista del partido chileno que toma actitudes positivas frente a la práctica. Cómo me gustaría llegar al poder nada más que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas”.(*)
Los tiempos han cambiado y las circunstancias también. Pero la consigna “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, sigue vigente. El desafío es el mismo que enfrentó Fidel en los años 50: descubrir el camino correcto y volcar todas las fuerzas a esa tarea aunque alborote las polillas del sectarismo. El prestigio de la revolución cubana y de su líder, Fidel Castro, creció en América Latina en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado. Muchas experiencias nacieron bajo su influencia. El fidelismo y su símil, el guevarismo, se convirtieron en corrientes innovadoras del pensamiento revolucionario. Punto Final, por ejemplo, es tributario político de la revolución cubana. Ella fue el factor ideológico que cohesionó al grupo fundador de la revista. Proveníamos de los partidos comunista, socialista y mirista, de sectores cristianos e independientes, y éramos muy críticos de la Izquierda tradicional y del reformismo. La confianza de Fidel -que siempre respetó nuestra independencia, tal como hizo con todos los que recibieron la solidaridad cubana-, permitió a PF acometer su propia herejía. Por eso lloramos la muerte de Fidel como la de un hermano, sabio y siempre abierto a las nuevas ideas.

¡Gracias Fidel!

Manuel Cabieses D.
Punto Final

(*) Ver Diario del Che, en PF Nº 59.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La Negra Carlota: protagonista del movimiento antiesclavista en Cuba




En 1843 Carlota dirigió el levantamiento de esclavos del ingenio azucarero Triunvirato, rebelión que se extendió a otros ingenios, cafetales y fincas con enérgica participación de las mujeres.

Carlota fue quien dirigió el levantamiento de esclavos del ingenio azucarero Triunvirato en la provincia de Matanzas (Cuba) el 5 de noviembre de 1843. Una rebelión que logró extenderse de Matanzas hacia los ingenios Acana, Concepción, San Lorenzo y San Miguel, y a numerosos cafetales y fincas ganaderas.
Los tambores, parlantes de los rebeldes, fueron el método de comunicarse entre los esclavos que eran llamados para las batallas, entre ellos Evaristo y Fermina del ingenio Acana, quienes se dedicaron a hacer campañas para poner fin a la opresión que sufrían. Al oír el sonido de los tambores, los propietarios de esclavos lo confundían con el de los ritos religiosos.
Además de Fermina, otras mujeres criollas participaron con energía en el movimiento antiesclavista, al igual que sus compañeros. En primera línea estaba Carlota, una mujer de dotes militares y audacia extraordinaria, de origen lucumí/yoruba. Junto a ella se involucraron en la rebelión Eduardo, fula; Carmita y Juliana, criollas; Filomena, gangá, del ingenio Acana, y Lucía, lucumí, del ingenio Concepción. Todos en la provincia de Matanzas (Cuba).
La rebelión que encabezaron Carlota y un grupo de esclavos rebeldes tuvo repercusión internacional. A pocos días de iniciada la rebelión, apareció en el puerto de La Habana una corbeta de la marina de guerra de los Estados Unidos, portador de "un oficio" del Encargado de Negocios de España en Washington en el cual "participaba" al Capitán General O’Donnell de que podía contar con la ayuda del Gobierno de los Estados Unidos para aplastar la rebelión de los ’’afrocubanos’’.
Carlota, Fermina y Mariana, junto a mujeres de la región como Soledad en Guadalupe y Rebeca en Curacao, son las madres de nuestros pueblos en el Caribe.

India Valente

lunes, 5 de diciembre de 2016

Fidel Castro: Un líder políticamente incorrecto




Ha sido tan inocultable la impresionante reacción de dolor y compromiso del pueblo cubano ante la muerte de Fidel que algunos medios de comunicación se han consagrado a interpretarla y devaluarla para luego vender la idea de un país minado por la incertidumbre y el desánimo, “sin referentes”. El diagnóstico y detrás la profecía que desean autocumplida: “Cuba está tan detenida en el tiempo que cualquier cambio que venga, tendrá que ser brusco para ser efectivo.”
Hasta en la psicología se han buscado explicaciones. Se ha dicho -y escrito- que la forma en que han raccionado los cubanos no es racional, que obedece a un “síndrome de Estocolmo”, se ha sugerido mendazmente que el luto es obligado porque “si alguien bebe alcohol o escucha música en el auto o en la casa, le clavan una multa equivalente a 50 dólares”, y se ha concentrado la imagen del dolor provocado por la partida del Comandante en “muchos ancianos y ancianas” como si no fueran los jóvenes los que iniciaron la consigna “Yo soy Fidel” y la gritaron atronadoramente en el homenaje de la Plaza de la Revolución.
Considerando a cubanas y cubanos como a sí mismos, los reporteros enviados a La Habana para cubrir el funeral de Fidel buscan en razones materiales – alusiones a ollas arroceras y refrigeradores- lo que para ellos es invisible. Si urgaran un poco en la historia de Cuba para saber a quién han venerado los cubanos comprenderían la verdad. Se enterarían entonces de Antonio Maceo que con un puñado de hombres y tras una guerra desvastadora no aceptó una paz sin independencia y abolición de la esclavitud, de José Martí que más que ofrecer a los obreros emigrados les fue a pedir -y obtuvo de ellos- un día de salario al mes para armar a los libertadores de Cuba, de Antonio Guiteras que cuando los embajadores de Estados Unidos mandaban en América Latina tuvo el valor de expulsar a uno de su oficina, o de Jesús Menéndez quien impuso a los monopolios norteamericanos un acuerdo único en la historia en beneficio de los trabajadores azucareros. Lógico, ninguno de esos referentes fue transmitido a través de los medios de comunicación ni se construyó a través de bienpagados columnistas del dólar.
Tal vez en la cabeza de los cubanos que dan emocionado adiós a su líder no hay un recuerdo de algo material sino victorias que lograron junto a Fidel como el regreso de los Cinco prisioneros antiterroristas condenados injustamente en Estados Unidos o la devolución del niño Elián González, a quienes en contra del sentido común el Comandante aseguró traerían de vuelta.
Es que mirándose en un espejo, buscando el clientelismo, la politiquería y la demagogia al uso en sociedades que quieren servir de ejemplo a Cuba no se van a encontrar con el Fidel que admira el pueblo cubano.
Los últimos pronunciamientos del Comandante fueron, como siempre, políticamente incorrectos. “No confío en la política de los Estados Unidos” dijo en enero de 2015; “hermano Obama”, llamó irónicamente al presidente de Estados Unidos al desnudar las intenciones de su visita a Cuba y decirle con un gesto digno de Maceo “no necesitamos que el imperio nos regale nada”, y en su último discurso ratificó su condición de comunista. No fue ambiguo ni equidistante, siempre tomó partido, fue radical, “extremista” dirían algunos, como Martí, Maceo, Guiteras, y Menéndez, y por eso está junto a ellos en el corazón de los cubanos, porque logró lo que llevó a aquellos a entregar su vida.
¿Qué agradecen entonces los cubanos cuando despiden al Comandante? Digámoslo no con las palabras de un revolucionario sino con las de un desafecto que, en un acto de honestidad que le costó terminar una entrevista en una radio de ultraderecha española, dijo lo que cualquiera que ha rendido tributo al Comandante por estos días sabe muy bien: “Cuando llegó Fidel triunfó y convirtió un país de mamboleta, de prostitutas, de tahúres y de americanos y lo convirtió en una de las naciones más importantes del mundo.”

Iroel Sánchez
CubAhora

Internacionalismo, una obra a la medida de Fidel




Operación Tributo: Fidel Castro y José Eduardo Dos Santos, rindieron la última guardia de honor.

Fue en diciembre de 1975, en el informe al Primer Congreso del Partido donde se expusieron las razones históricas, éticas y humanistas que llevaron a Cu­ba a prestar su ayuda solidaria a otros pueblos hermanos

Hasta 1975 Angola no pasaba de ser para muchos cubanos un país remoto desde donde llegaba en imágenes esporádicas la doble cara de una cruda realidad: por un lado, la belleza inigualable de una tierra pródiga en recursos naturales y, por otro, las penurias de un pueblo sumido en la más extrema pobreza.
Exquisito manjar para las potencias capitalistas, sentía en las entrañas la expoliación de sus riquezas, iniciada siglos atrás cuando mi­les de esclavos fueron enviados a trabajar, y a morir, en los cañaverales de una isla que forjó su nacionalidad con la sangre, el sudor, la va­lentía y la espiritualidad de aquellos hombres y mujeres.
Toda una generación nacida con la Re­volución fue educada en el más puro sentimiento de solidaridad hacia otros pueblos, máxime cuando de muchos de ellos se había recibido el apoyo moral y material para sobrevivir a los embates de un imperio que jamás ha aceptado a Cuba como nación libre e independiente.
En aquel entonces, no todos tenían conciencia cabal de lo que había hecho este pe­que­ño país en la ayuda directa a los movimientos guerrilleros que como pólvora se ex­pandían por el llamado Tercer Mundo, para li­brarse del yugo colonial y de las nuevas formas de dominación impuestas por el imperialismo.
Los detalles de la presencia cubana en Ar­gelia, Congo, Bolivia y Guinea Bissau consti­tuyeron un secreto celosamente guardado, no solo por las autoridades sino por los cientos de combatientes que participaron en aquellas jor­nadas gloriosas, cuando resplandeció con luz propia el ejemplo de Ernesto Che Gue­vara.
Fue, precisamente, en diciembre de 1975, en el informe al Primer Congreso del Partido presentado por su primer secretario Fidel Cas­tro Ruz, donde se expusieron las razones históricas, éticas y humanistas que llevaron a Cu­ba a prestar su ayuda solidaria a otros pueblos hermanos.
Se refería, en específico, al hecho más re­ciente: la decisiva participación de los com­batientes internacionalistas cubanos, junto a los patriotas del Movimiento Popular para la Li­beración de Angola (MPLA) en los acontecimientos que impidieron fuera escamoteada la proclamación de la independencia de ese país.
Un extenso reportaje escrito por el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, bajo el título de Operación Carlota, narraba en esa época los detalles y las peripecias del traslado, por vía aérea y marítima, del contingente militar que acudió en auxilio de la naciente república.
«Me voy de maniobras para Camagüey…», fue uno de los tantos pretextos usados por los oficiales y soldados al despedirse de los seres que­ridos, convencidos de que ya, a esas alturas, el socorrido engaño poco efecto surtiría, pues el secreto era patrimonio exclusivo de to­do el pueblo cubano.
A quienes sí sorprendió fue a los estrategas del Pentágono y a los altos cargos de la Agen­cia Central de Inteligencia, quienes con su ha­bitual prepotencia jamás imaginaron que una isla del Caribe, pudiera asumir tan colosal empresa a miles de kilómetros de sus costas y, lo que es mejor, llevarla a feliz término.
Apenas sin recuperarse de la larga travesía, los combatientes internacionalistas ocuparon trincheras codo con codo con los soldados an­golanos y se llenaron de gloria en Quifan­gon­do, Cabinda, Ebo y en una elevación que por el heroísmo de los hombres que la defendieron recibió el nombre de Primer Congreso del Partido.
Luego vendrían los golpes demoledores en los frentes Norte y Sur, las noticias de los mercenarios capturados, los partes de las masacres perpetradas por el enemigo en su retirada de ciudades y poblados, la desbandada final de las tropas sudafricanas y la firma de un acuerdo que pronto los racistas se encargaron de violar.
Las proezas de aquellos combatientes en­gendraron un profundo sentimiento de orgullo en el seno del pueblo cubano, que comenzó a hacer suya cada victoria de los patriotas angolanos en su lucha por la definitiva independencia ante los no ocultos intereses geopolíticos del régimen del apartheid.
Una generación de jóvenes cubanos creció en ese ejemplo, enriquecido en los años ochen­ta del siglo pasado con las páginas de heroísmo escritas por los defensores de Sumbe y Can­gamba, quienes en condiciones totalmente adversas supieron poner en alto el nombre de Cuba.
Los internacionalistas cubanos pusieron en riesgo sus vidas por conquistar la libertd de otros pueblos. Foto: Ricardo López Sánchez
Así ocurrió a partir del segundo semestre de 1987, cuando el nombre de un diminuto enclave en la parte suroriental de Angola, relativamente cerca de la línea estratégica que cu­brían las tropas cubanas, comenzó a acaparar la atención de los principales medios de prensa del mundo: Cuito Cuanavale.
Ante la compleja situación creada para las fuerzas patrióticas en esa zona apartada de la geografía angolana, una vez más se hizo presente el apoyo de la isla caribeña, cuyas autoridades, el 15 de noviembre de 1987, acordaron enfrentar el reto y dar una respuesta contundente a la altura de las circunstancias.
Con ese propósito, mientras se resistían unos tras otros los ataques de los racistas su­dafricanos en Cuito Cuanavale, arribaron a An­­­gola decenas de unidades enviadas desde Cu­ba en la Operación XXXI Aniversario de las FAR, para conformar a partir de entonces un frente común junto a los angolanos y na­mibios.
El refuerzo, que elevó a más de 50 000 la cifra de efectivos cubanos en el teatro de operaciones con un incremento sustancial en el número de medios blindados y antiaéreos, cons­tituyó una fuerza realmente impactante si a ello se suma la elevada moral combativa de sus integrantes.
Tal disuasivo militar, a la larga, cumplió su cometido, cuando en Pretoria se percataron de que no era juego lo que les venía encima. Nada pudo impedir el avance del contingente internacionalista por el flanco suroccidental has­ta expulsar a los invasores del territorio an­golano.
No se equivocó el Comandante en Jefe, como principal estratega de la contienda: «La idea, sentenció, era frenarlos en Cuito Cua­na­vale y golpearlos por el suroeste», en lugares sensibles, verdaderamente estratégicos, cual implacable derechazo de Teófilo Stevenson, el mítico multicampeón olímpico de boxeo.
Desde el aire, los valerosos pilotos cubanos cerraron con broche de oro tan brillante epopeya, cuya eficacia quedó inscripta para la posteridad en una de las paredes del complejo hidroeléctrico de Calueque, a solo 15 kilómetros de la frontera con Namibia: MIG-23 nos partieron el corazón.
Al adversario no le quedó otra alternativa que reconocer a regañadientes la derrota y sentarse definitivamente en la mesa de negociaciones, muchas veces interrumpidas o dilatadas por su arrogancia y prepotencia, hasta que el 22 de diciembre de 1988 se firmaron los acuerdos entre Cuba, Angola y Sudáfrica.
Ese día, en la sede de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, se establecía el 1ro. de abril de 1989 como fecha de inicio de la aplicación de la Resolución 435/78 para la independencia de Namibia, decisión que marcaría un cambio radical en el curso de la historia del cono sur africano.
Logrado este paso, los gobiernos de Angola y de Cuba acordaron, en el mismo lugar, el calendario en etapas para el repliegue de las tropas cubanas hacia los paralelos 15 y 13, y el regreso gradual a la patria del contingente in­ternacionalista, definido hasta el 1ro. de julio de 1991.
Cinco semanas antes de tal fecha, en la no­che del 25 de mayo, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz recibía en el aeropuerto José Martí, de Ciudad de La Habana, a los últimos combatientes cubanos que permanecían en Angola, encabezados por el general de brigada Samuel Rodiles Planas.
Días más tarde, el parte de Raúl a Fidel es­tremeció a todos los reunidos en la ceremonia oficial de bienvenida en el mausoleo de El Ca­cahual. «La Operación Carlota ha concluido», dijo con voz grave y segura en medio de la so­lemnidad reinante, como para que lo escuchara el mundo entero y más allá si era posible.
En cinco palabras resumía toda una colosal hazaña que se prolongó durante 15 años y siete meses, y donde Cuba se erigió como símbolo de solidaridad militante, lealtad a los principios, seriedad ante los compromisos y dignidad sin claudicaciones frente a los enemigos de siempre.
El entonces Ministro de las FAR no dudó un segundo en mencionar al artífice de tan colosal victoria: «La gloria y el mérito supremo pertenecen al pueblo cubano, protagonista verdadero de esa epopeya que corresponderá a la historia aquilatar en su más profunda y perdurable trascendencia».
Las cifras hablan por sí solas: más de 380 000 soldados y oficiales montaron guardia o pe­learon junto a los pueblos de África, a los que se unen otros 70 000 que ejercieron como colaboradores civiles en diferentes ramas de la producción y de los servicios. De ellos, 2 077 ofrendaron sus vidas a la causa de la libertad.
Los combatientes regresaron solo con sus muertos y con el agradecimiento de millones de personas dignas de este mundo, en especial de los pueblos de África. Nada ni nadie podrá borrar jamás sus proezas en lo que constituyó, al decir del intelectual Piero Gleijeses, un no­ble y justo final para una historia digna de orgullo.

Miguel Febles Hernández | febles@granma.cu

Palabras del General de Ejercito Raúl Castro Ruz en #TributoaFidel Santiago de Cuba


sábado, 3 de diciembre de 2016

Cuba (y Fidel y el Che) en América Latina




Sesenta años de influencia

Ningún proceso político marcó la región latinoamericana con huella tan profunda como la revolución cubana. Ni las revoluciones indias de Túpac Amaru y Túpac Katari, ni la revolución negra en Haití. Ni siquiera la potente revolución mexicana de Villa y Zapata o la casi desconocida revolución boliviana de 1952. Lo sucedido en Cuba electrizó al continente. Consiguió imantar la vida política en dos poderosos polos que, en resumidas cuentas, se decían anti y pro imperialismo.
Quien revise la prensa de la época, como el semanario Marcha –donde escribían Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti y que estuvo dirigido por Eduardo Galeano–, podrá detectar la polarización que se registró entre sus lectores. Pero, sobre todo, el apasionamiento en la defensa de la revolución, pilotada por jóvenes que esgrimían argumentos sencillos y contundentes, que hablaban sin vueltas y lanzaban invectivas al imperio que pocos se habían atrevido a pronunciar antes.
La influencia del Che y de Fidel en América Latina tuvo la fuerza de un maremoto entre los más jóvenes, que descubrían que se podía hacer política de otro modo, sin dobleces ni retóricas va­cías; que se podía decir pan al pan y vino al vino, algo que las élites de la época habían olvidado en el tan largo como inútil ejercicio del poder.
Hacia comienzos de la década de 1960, la región había girado hacia la izquierda, primero en el terreno de la cultura, poco después en la política. De modo que había un clima favorable para aceptar la realidad de una Cuba revolucionaria, que enseñaba que el camino de la acción directa era más fecundo que las decepcionantes liturgias electorales que replicaban una y otra vez los partidos comunistas. La revolución cubana interpeló las estáticas estrategias comunistas, razón de más para entusiasmar a una juventud estudiantil ávida de acciones callejeras desafiantes para las oligarquías.
La revolución cubana fue llama que pretendió incendiar el continente. Del 3 al 14 de enero de 1966 se reunió la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina en La Habana, conocida como Tricontinental, que albergó fuerzas revolucionarias de 82 países. La proclama de la conferencia mostraba un tono optimista: “La situación mundial favorece el desarrollo de la lucha revolucionaria y antiimperialista de los pueblos oprimidos”.
Defendía la lucha armada como el principal método para derrotar al imperialismo. Eran los años de la guerra en Vietnam, pero también de las luchas armadas en Venezuela, Guatemala, Perú, Colombia; y, en África, del despliegue de las guerras anticoloniales en Guinea, Mozambique, Angola y Congo. Estaban frescas aún las victorias en Argelia y en Dien Bien Phu ante el colonialismo francés. La Conferencia de Bandung (1955) que alumbró el movimiento de paí­­ses no alineados, del cual Cuba fue participante, mostraba un mundo en rápida transformación.
En 1967 se fundó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en un encuentro en La Habana, que albergó a casi toda la izquierda de la región. Fidel clausuró el encuentro marcando distancias con los partidos comunistas: “Nadie se haga ilusiones de que conquistará el poder pacíficamente en ningún país de este continente, nadie se haga ilusiones; y el que pretenda decirles a las masas semejante cosa las estará engañando miserablemente”.
En su crítica a los comunistas ortodoxos fue más lejos: “Hay veces que los documentos políticos llamados marxistas dan la impresión de que se va a un archivo y se pide un modelo; modelo 14, modelo 13, modelo 12, todos iguales, con la misma palabrería, que lógicamente es un lenguaje incapaz de expresar situaciones reales. Y muchas veces los documentos están divorciados de la vida. Y a mucha gente le dicen que es esto el marxismo... ¿Y en qué se diferencia de un catecismo, y en qué se diferencia de una letanía y de un rosario?”.
En los años siguientes a la crea­ción de la OLAS se produjo un viraje profundo, en la isla y en toda la región. En octubre de ese año murió en combate el Che en Bolivia y se palparon los límites del movimiento armado. En 1968 se produjo la masacre de Tlatelolco en México. La anunciada cosecha de los diez millones de toneladas de caña de azúcar se saldó con un fracaso que llevó a la dirección cubana a acercarse a las posiciones “realistas” de la URSS. A principios de los 70 la potencia del movimiento revolucionario, tanto en el campo como en las ciudades, mostraba fragilidades y derrotas. En 1970 Salvador Allende ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente marxista en llegar al gobierno por la vía electoral.

El realismo

El realismo enterró los sueños de asaltar el poder. Sin embargo, la revolución cubana se mantuvo en el imaginario latinoamericano como una referencia ineludible, pese a los errores y los fracasos, a la restricción de las libertades y a no haber alcanzado nunca el desarrollo económico de otros países de la región.
Encuentro tres razones principales para que este fervor por Cuba (por Fidel y el Che) se haya mantenido en el tiempo.
Una: el apoyo irrestricto de la dirección cubana a las izquierdas latinoamericanas que, en el acierto o en el error, buscaban la revolución. Fue en ese periodo cuando la estrella cubana comenzó a brillar en el firmamento rebelde de la juventud latinoamericana y se fraguó el compromiso cubano con América Latina. La muerte del Che confirmaba esta vocación desde una ética del sacrificio y del ascetismo.
Dos: Fidel y los demás dirigentes cubanos cometieron errores, y algunos horrores, pero nunca se corrompieron, nunca vivieron como burgueses.
Tres: Cuba es solidaria como nunca nadie lo ha sido con los latinoamericanos. Los miles de médicos que trabajan en Haití, donde Cuba no espera cosechar nada para ella, o las decenas de miles de pobres operados gratuitamente de la vista por oculistas cubanos, están ahí como testimonio de una revolución que no los defraudó. Solidaridad que no pide nada a cambio.

Raúl Zibechi, analista y responsable de Internacional en el semanario uruguayo ‘Brecha’